La Cigarrería Suarez quedaba en el centro de Chivilcoy, en la calle Rivadavia. Yo trabajaba allí desde el 81. Don Ubaldo me dio trabajo y con eso banqué el Profesorado y ahora juntaba ahorros para armar una familia. Hasta allí llegó en una motito Suzuky, casi una bicicleta. Era una calurosa tarde de 1989. Era Florencio.

"Empecemos a construir un proyecto político de largo plazo. No basta con gobernar la ciudad. Tenemos que prepararnos. Te necesitamos en la municipalidad, te necesito", me dijo. Casi un mes y medio después me incorporé como Director Municipal del Gobierno peronista de Chivilcoy. Él, Florencio, concluía la carrera de Ciencias Económicas en la UBA y, militando junto a Carlos Dellepiane, se fue convirtiendo en el hombre que luego fue: el dirigente político más importante que Chivilcoy le entregó a la Argentina.

Nos habíamos conocido antes, mucho antes. Nuestras familias tienen orígenes parecidos. Abuelos inmigrantes, padres de clase media, laburantes. Vecinos del barrio de la Varela, la plaza Florencio Varela. Pero a élle pusieron Florencio por Escardó. Promesa de madre. Hijo de "Togo" y de Gladys, hermano de Luis, Pablo, Sergio, Adriana y juan Andrés. ¡Familión! Como tenemos la misma edad, nos veíamos en Babako´s o Demetrio, que eran boliches de los 80. O en el Club La Pampa, frente a la plaza. El mismo donde aún tomamos un café cada tanto.

Él fue militante del peronismo –creo–desde que nació. Y yo,de la Acción Católica también desde que tengo memoria. Pero ganó él. El retorno de la democracia en el 83 me acercó al peronismo. Y allí estaba Florencio.

También lo encontraba atendiendo el negocio de un amigo o vendiendo helados los fines de semana. Y siempre se hacía tiempo para encarar un paredón con una pintada, o divertirse en una cancha de básquet del Club San Lorenzo. "Me ponen seguro", decía. Obvio, era el más alto.

Pero lo que recuerdo como si fuera hoy es que llegaba un poco tarde a las reuniones de la JP, o a las largas discusiones partidarias en tiempos de la renovación, en tiempos de Antonio Cafiero. No lo supe hasta que lo vi con mis propios ojos. Florencio dedicaba, cada fin de semana, largas horas a visitar compañeros y vecinos. Empezaba con los más viejos, los que estaban enfermos o necesitaban algo. En la semana, entre clases de economía, gestionaba ante el gobierno la ayuda que ellos, los que había estado escuchando, necesitaban.

"No comprendo a los que hablan de política sin hacer anclaje en la gestión", decía. Y nos lo repetía a cuantos peleábamos por un espacio nuevo en el peronismo de Chivilcoy y de la cuarta sección electoral."No se puede hablar de política sin atender las necesidades de los que menos tienen". "Eso no es política", concluía. Pero estoy seguro que esa forma de ver la política no sólo tenía que ver con la política. Era una forma de ver la vida. No concebía -no concibe- la vida sin política, y nunca entendió la política sin la gestión. Sin la posibilidad de que la acción mejorara la vida de aquellos que escuchaba cada fin de semana. Por esa razón fue electo Presidente del Concejo Deliberante de Chivilcoy en el 93. Y por eso decenas de miles lo convirtieron dos veces en diputado provincial.

La crisis del 2001 lo puso en el Gabinete de Felipe Solá justamente para eso, para que el gigante y burocrático Estado Provincial se movilizara para mejorar la vida de los bonaerenses. En definitiva, para modernizarlo. Y lo hizo. También como Jefe de Gabinete de Ministros de la Provincia y como Ministro de Gobierno, cargos que lo mostraron como lo que es y lo que sería más adelante: un hombre de acción que busca transformar la realidad.

Sí, claro, también es un hombre que respira, sale a correr, sufre, ama, se divierte. Andrea lo enamoró. Y Gino y Antonia pueden con él y lo podrán para siempre. También lo apasionan los fierros y las motos. Cuando le preguntan se ríe diciendo: "tengo todos los defectos: ¡Peronista, de Boca y del Ford!" Y de Varela y San Lorenzo de Chivilcoy. Y jamás renuncia a prender el fuego y tirar algo en la parrilla cada domingo.

Somos amigos, claro. Muy amigos. Pero el Florencio que más frecuento y frecuenté fue siempre el de la política. Un tipo con una fuerza de voluntad que pocas veces vi, con un deber ser que conmueve y una puntualidad que abruma. Ese Florencio se transformó allá por 2004 en el nexo insustituible entre el Gobierno Nacional y el Provincial. "¿Por qué creés que Néstor hablaba con Florencio en el 2005?" me preguntaba un viejo dirigente. Y enseguida se respondía solo: "Porque Florencio es el único con autonomía y que puede encarar algo nuevo. "Néstor lo quería a su lado". Es verdad. Florencio fue quien se plantó desde la Provincia de Buenos Aires y puso en línea al peronismo bonaerense con Cristina, enfrentando a Duhalde y a Chiche.

Florencia Randazzo junto a Aníbal Pittelli
Florencia Randazzo junto a Aníbal Pittelli

Florencio veía el futuro, ve el futuro, pienso, como nadie lo ve. No sé si lo ve para sí mismo, pero seguro que lo ve para los demás. Y para la Argentina. Por eso no dudó un instante en incorporarse en 2007 al Gabinete Nacional como Ministro del Interior. "¿Qué va a hacer ahora?", "¿no se da cuenta de que es un ministerio devaluado?", se preguntaban algunos dirigentes, porque ya no estaba a su cargo la Seguridad, que había sido transferida a un nuevo ministerio.

En esos tiempos yo era Subsecretario de Interior, y desde allí fui testigo de que no alcanzaban las horas, los días, los meses, para que todo su equipo pudiera dar respuesta a las demandas de Florencio. Aquella idea de "no hay mejor política que la buena gestión" estaba otra vez en marcha.Y transformó, lo hizo realidad. Lo que parecía imposible, él lo hizo posible: el nuevo DNI, el nuevo pasaporte, la Agencia Nacional de Seguridad Vial, la reforma política y la ley de las PASO, y también las medidas que se tomaron para garantizar igualdad de género.

"Ustedes se sobreestiman, si apenas hicieron un nuevo DNI", me dijo un día un intendente en la antesala del despacho de Florencio. "¿Por qué no se lo decís a él?", le contesté. Cuando lo oyó, Florencio respiró hondo, le cebó un mate y casi con ternura contestó: "Vos creés que el DNI es un plástico que ahora se obtiene en 5 días. ¿Sabés lo que antes significaba esperar un año para hacer un trámite de AUH, o para tramitar una pensión? ¿Sabés lo que significaba tener que arreglar a un comisario para que te entreguen el pasaporte para poder viajar? El nuevo DNI es mucho más que eso. Es la garantía del derecho a la identidad. Y, además, hubo que afectar muchos intereses para poder crearlo. Romper el contrato con Siemens, por ejemplo".

Florencio pasaba horas, días, con Marcio, Julieta, Érica, Mora, Eva, Nacho, Juan, Mariano y tantos otros pensando, corrigiendo, perfeccionando cada medida que se tomaba para mejorar la vida de los argentinos. Pero faltaba algo más. Apenas seis meses después de la tragedia de Once, Florencio se hizo cargo de los trenes. Yo ya no estaba allí. Era Intendente de Chivilcoy.

Nos veíamos semanalmente para hablar de una ciudad que, gracias a Florencio, habíamos transformado. Chivilcoy había recuperado su nombre: "La Perla del Oeste". Pero él no me preguntaba mucho de la gestión, sino por Carlitos Gatica, por Rosita Viola, por la salud de Hugo Roberto, o por las obras en la sede de su querido San Lorenzo. Y respondía siempre con un "sí" a cada necesidad que teníamos.

"¿Y los trenes?", le pregunté por esos días. "En un año tendremos todos los vagones nuevos del Sarmiento y en dos años todos los del Mitre, Belgrano Sur y Roca", me contestó. "Y preparate para recibir al nuevo tren 0km que va a ir a Chivilcoy". El mismo que va a Santa Rosa, La Pampa. Admito que le creí, pero sólo porque lo conozco bien. Pocos le creían.

¿Era posible que pudiera incorporar trenes nuevos en toda el área metropolitana, cambiar todas las vías, abrir ramales, volver a Rosario y a Mar del Plata, renovar todo el Belgrano Cargas? ¿O hacer estaciones nuevas, pasos a nivel, electrificar el Roca, mejorar los RRHH, dar la pelea con la patria contratista y con la resistencia sindical? Además, implementar la SUBE y transparentar subsidios. ¿Podría hacer en tres años lo que no se hizo en 50? ¿Y todo a la vez?

Sí. Pudo.

"Y si puedo mejorar el transporte público y sacarlo adelante, estoy para jugar cualquier partido", dijo desde Mar del Plata, en noviembre del 2014. Sabía íntimamente que el proyecto político nacido en 2003 debía continuar. "Es falso decir que el candidato es el proyecto. Por el contrario, no hay proyecto sin candidato", bramaba cuando se le preguntaba, intuyendo tal vez la tormenta que se avecinaba. "Soy candidato a Presidente o me voy a mi casa", dijo. "No voy a ser candidato a Gobernador". "Yo tengo palabra. No me lo pidan". Y se lo pidieron. Y cumplió.

No aceptó ser Gobernador y se fue a su casa. Cumplió con su palabra, fue fiel a sus convicciones. ¿Algo raro en la política? Puede ser. Para muchos de nosotros fue doloroso, confieso. Pero liberador. No estaremos jamás obligados a explicar por qué alguien dice una cosa y hace otra.

Ese Florencio es el Florencio de hoy. El Florencio del Interior. El peronista desde la cuna. El que sufre con el dolor y la necesidad del otro. El que se animó a decir que sí cuando debía, el que tuvo coraje y convicción para decir que no. El Florencio que gestiona, y lo hace mejor que nadie. El que se rebela contra la injusticia. El que se rebela contra la insensibilidad de este Gobierno. El que no miró nunca una encuesta para lanzarse a una carrera que recién empieza.

El mismo Florencio que conocí hace más de 35 años, que vendía helados y pintaba paredes. El que hizo un nuevo DNI y transformó los trenes. El que pide perdón, el que aprende de sus errores.

El Florencio que va a cumplir. Porque siempre cumplió.

El autor es dirigente peronista. Ex intendente de Chivilcoy