
El prófugo llama a un familiar y se activan las alertas. La conversación se escucha en toda la oficina, a través de los parlantes de una computadora. Los llamados se suceden. El prófugo está en el norte del país y no sabe que lo están escuchando en vivo y en directo. Una empleada informa las últimas novedades al juzgado que ordenó "pinchar" el teléfono. De repente hay tensión, pero es una falsa alarma: la Policía estuvo a sólo cinco metros de atraparlo. El prófugo tiene suerte y lograr escaparse. Son las 13 horas del jueves. Estamos en el edificio donde se realizan las escuchas judiciales, en pleno corazón del barrio de Belgrano.
La Dirección de Captación de Comunicaciones, ahora bajo la órbita de la Corte Suprema, está abierta las 24 horas. Pero cerca de las 8 de la mañana comienzan a llenarse las oficinas.
El proceso arranca en el quinto piso, en la Oficina de Cargas y Precargas, donde llegan los pedidos de escuchas de todo el país. El primero, este jueves, es de Rosario. Minutos después ingresa otro de Lomas de Zamora. Las máquinas de fax (sí, todavía se utiliza ese mecanismo) no descansan. En promedio se reciben unos 250 oficios diarios. "Los viernes, el ritmo es más intenso y casi siempre superan los 300", cuenta un empleado.

Hay dos máquinas de fax, una para los oficios de los juzgados porteños y otra para los juzgados del interior. El primer paso es digitalizar el oficio y cargar los datos en un formulario estandarizado.
La mayoría de los oficios piden interceptar una o varias líneas (casi nunca dice el nombre del titular) y los mensaje de texto. También se puede solicitar información asociada de una línea, como llamadas entrantes y salientes, o las antenas utilizadas en cada comunicación. "Las conversaciones de Whatapp están encriptadas y no hay tecnología en el país para poder espiarlas", aclara nuestro guía en toda la recorrida.
Los oficios son validados en otra oficina contigua, también en el quinto piso. Un grupo más reducido de empleados chequea que los datos sean correctos, especialmente el número de teléfono.
Los pedidos suelen ser por 15 o 30 días corridos. En la actualidad, el Código Procesal Penal (CPP) no estipula ningún plazo, aunque un proyecto de reforma habla de un mes como máximo, con la posibilidad de prorrogarlo. En las causas de drogas, las escuchas suelen extenderse en el tiempo. En la actualidad todavía hay escuchas que se vienen prorrogando desde 2010.
No es un tema menor. La prolongación, casi indefinida, de las escuchas era uno de los agujeros negros del sistema cuando estaba en manos de la ex SIDE. El sistema sufrió una transformación en 2015: el gobierno de Cristina Kirchner modificó la Ley de Inteligencia Nacional y le entregó a la Procuración General la oficina encargada de las escuchas.
El último traspaso se dio apenas asumió la presidencia de Mauricio Macri. Desde entonces, las escuchas quedaron bajo la órbita de la Corte Suprema. El cambio de mando no fue fácil. Las nuevas autoridades decidieron cambiar todo el personal: se fueron unas 200 personas, entre agentes de la ex SIDE y empleados de la Procuración. Y fueron reemplazados por empleados del Poder Judicial, la mayoría con experiencia en los tribunales federales, abogados y estudiantes de Derecho.

Pese a los cambios implementados en los procesos, el edificio todavía muestra un enorme deterioro. Hay alfombras con más de una década, paredes tomadas por la humedad y baldosas flojas.
Según cuenta en su libro sobre la historia de la SIDE el periodista Gerardo Young, las escuchas se trasladaron al edificio de Avenida de los Incas -donde ya había funcionado la Central Nacional Inteligencia- en 1992, cuando la Secretaria de Inteligencia estaba a cargo de Hugo Anzorreguy. Eran los tiempos de la denominada "OJOTA".
Volvamos al procedimiento de las escuchas. Una vez validado el oficio, se manda una orden a la empresa telefónica correspondiente para que habilite la conexión, en la jerga se lo conoce como "enrute". El jueves, cuando Infobae recorrió el edificio, se estaban escuchando unas 4800 líneas (200 son fijas y el resto celulares). La cifra impacta, pero es apenas un tercio de la capacidad máxima del sistema.
El corazón del edificio está en el tercer piso, donde funcionan las máquinas captadoras (se denominan así porque captan la señal y la transforman en un archivo wav). Se lo conoce como "data center" o "centro de cómputos". Para un desconocido, son torres negras, llenas de máquinas y cables de todos colores. Las pocas personas autorizadas a ingresar a esa sala vidriada deben poner su huella digital.

Miles de conversaciones se graban todos los días. Y a la medianoche arranca el proceso de copiado en CDs. Cada máquina puede cargar hasta 100 CDs. Actualmente hay diez en funcionamiento, por lo que se graban unos 1000 CDs por día.
Los CDs son un insumo básico de este edificio. En el pasillo de la oficina donde están las grabadores, hay decenas de cajas de repuesto. "Fuimos probando distintas marcas y todas funcionaron. No es lo que nos dijeron cuando llegamos", dice un empleado con una sonrisa cómplice. Cada CD puede almacenar unas 12 horas de grabaciones. Otra cuenta rápida: son 12 mil horas de grabaciones diarias.

A la mañana, cada CD se guarda en un sobre blanco con los datos del expediente judicial. Luego se ordenan en una suerte de biblioteca. En cada estante, hay cajitas de cartón con los nombres de las jurisdicciones y las fuerzas de seguridad que intervienen. Es un proceso manual, casi artesanal.

La etapa final consiste en escucharlos y transcribirlos. De eso se encargan las fuerzas de seguridad. El edificio cuenta con 27 boxes en la planta baja. Es como un enorme locutorio, dividido en varias salas. Los efectivos ingresan por una entrada especial, dejan su arma y se identifican para retirar los CDs.

Si optan por realizar la escucha dentro del edificio, ingresan a una cabina diminuta, donde cuentan con una computadora y auriculares. Nada más que eso. En las horas pico, suelen cruzarse efectivos de distintas fuerzas en el pasillo. Por momentos parece la sala de espera de un hospital.

Las escuchas también pueden hacerse de manera directa (on line). La oficina que se encarga de esa modalidad funciona en el 4 piso. A la vista parece una oficina más, pero no lo es. En cuatro máquinas se pueden escuchar 40 líneas de manera directa.
El jueves al mediodía, cuando este cronista recorría el cuarto piso, no había secuestros en curso. El clima era más distendido de loa habitual. "Cuando hay secuestros trabajamos más horas y a otro ritmo", admite uno de los empleados judiciales. Al lado, otra empleada trabaja en la búsqueda de un prófugo por una causa de drogas. "Estuvieron cerca de atraparlo", se lamenta.

La oficina de escuchas directas tiene un teléfono "rojo", en realidad es de color blanco, donde se reciben los pedidos urgentes, sin necesidad de un oficio. A partir de ese momento, empieza una carrera contrareloj para interceptar la línea lo antes posible. "Actualmente estamos en 27 minutos promedio desde que recibimos los pedidos. Seguimos bajando para bajar los tiempos, pero en un año bajamos más de 20 minutos el promedio", advierte uno de los directores del área.

La recorrida termina. Antes, un breve paso por el piso sexto, donde está el responsable de que todo esto funcione. "La Dirección asiste a jueces y fiscales de todo el país en delitos complejos y crimen organizado. Los principios de actuación son la transparencia y la confidencialidad, y su propósito es brindar un valor agregado a las investigaciones penales", dice Juan Rodriguez Ponte, a cargo de la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado. Su oficina tiene un amplio balcón con vista a la zona coqueta de Belgrano y una enorme parrilla. "Nunca la usamos", aclara el funcionario que viene de Comodoro Py.
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