Todos los presidentes tienen la oportunidad de entrar en la historia por la puerta grande, de trascender y superar las angustias del momento en que asumieron. Con Macri ya muchos hablamos en pasado, y va quedando claro que ingresó al espacio de la duda.

El error está a la vista: es la economía ocupando el lugar de la política. Tenemos tres escuelas, la liberal, la marxista y la nacional; esta última es compartida por peronistas, radicales y muchos otros. Lo malo es que el poder del dinero es liberal, en el sentido de improductivo, y que no incorpora en su concepción a los sectores nacionales, ni siquiera al agro. Perón murió, y después de 18 años de exilio, todavía la pobreza no superaba el 5%, esa es la memoria convertida en votos por Menem y Kirchner para destruir la herencia forjada en sus gobiernos.

Desde siempre la Aduana intermediaria derrotó al interior generador de riquezas. Así, el negocio se impuso al esfuerzo; esto con Menem llegó al paroxismo y con los Kirchner se modificó apenas, pero lejos de retornar al país del trabajo y la integración. Néstor heredó una economía de manos de un grupo que nos sacó del estallido. Ese fue el gran acierto de Duhalde: salimos del liberalismo de Menem y retornamos a la realidad. Eran Lavagna, Pignanelli, Sarguini, De Mendiguren, un equipo que nos rescató de la desesperación y nos devolvió la paz.

El debate central no es a favor o en contra del peronismo, sigue siendo entre Nación o Colonia, donde muchos peronistas participan del colonialismo y no son tantos los que siguen reivindicando la concepción nacional. Para algunos liberales es todo numérico; ellos generaron la deuda con la dictadura y la decadencia con el menemismo. Los Kirchner fueron tan anti-peronistas como Menem, eso sí, menos vende patrias.

Macri podía haber recuperado la democracia acompañado de los radicales, y luego convocar a los economistas nacionales, peronistas y gente de libre pertenencia pero conocedores de que la política es el  espacio donde lo colectivo está muy por encima de los negocios y de los grupos, del Debe y el Haber. Venimos en caída libre, esto de ordenar el caos es absurdo. El sistema capitalista en nuestra realidad está paralitico, todo lo que da ganancias esta privatizado y nadie le pone limite a su codicia y el resto lo tiene que subsidiar el Estado para consolidar la miseria de esa apropiación y saqueo de la riqueza colectiva.

Por eso se pelean con el peronismo y los 70, porque en los 90 nacen los grandes grupos que hoy son avisadores en los programas  y con eso no se juega. En los 70 fue la tragedia que la dictadura acompaña con un banco en cada esquina y en las quiebras nacionaliza la deuda privada. Robaron ellos y pagamos todos. Y en los 90 es la democracia la que destruye a la sociedad, entregando todo lo rentable y hasta inventando absurdos como los peajes que no hacen rutas pero saquean a los viajeros. Casi todos los servicios -hoy  privados- los creó el Estado y lo vaciaron los supuestos inversores, con el cuento de la libre competencia convirtieron lo robado en intocable monopolio. Ya no sabemos si se trata de negocios o de mafias, difícil de discernir.

Antes de que asumiera, le sugerí al actual Presidente que llevara a su Gobierno alguno de los economistas que nos devolvieron a la lógica productiva, a esos que no representan grupos concentradores ni los negocios de ganancias sin límite. No lo hizo  y ahora transita una frustración sin rumbo ni sentido, esperando una reactivación que sabemos no ira más allá de los anuncios. La dialéctica entre aquello que el Gobierno anuncia y lo que la sociedad sufre genera un clima explosivo, una promesa que en lugar de esperanza produce la reacción propia de todo engaño incomprensible.

Necesitamos ser liberales en lo político para superar el autoritarismo de los Kirchner  y nacionales en lo económico, para poder encontrarle una salida a las miserias de Menem. El peronismo arrastra las dos traiciones, pero también hay otros que  comparten con los radicales y otros sectores la madurez de un pensamiento económico nacional y generador de riquezas  y en consecuencia de trabajo.

Macri podía haber sido el hombre de la historia, el responsable del encuentro entre lo mejor de los liberales y los estatistas, el gestor de una síntesis definitiva. Ese objetivo es la base de un proyecto nacional. Con ese salto cualitativo desaparecían los sueños anti democráticos y autoritarios, no se necesitaba mucho más. Pero hasta ahora expresa la idea de que los pobres paguen más para que los ricos lo sean más. Debe ponerle un límite a las ganancias de los grandes grupos, impedir la concentración que destruye trabajo y estructura social  y  ayudar a la industria que tenemos. El cuento de los inversores es falso, debemos salvar las inversiones que desde la dictadura para acá agonizan sembrando miseria y desempleo antes de imaginar que en esta decadencia y sin consumo vendrán las nuevas.

Hablé varias veces con el Presidente, siempre le pedí que diera este paso y él imaginaba que yo debía ingresar al PRO. Alguien tiene que convocar a generar políticas de Estado, limitar las ganancias de los grandes y alentar el esfuerzo de las pequeñas y medianas empresas. Ese es el único camino posible.

¿Recién ahora nos ponemos a mirar el desarrollo de los índices de pobreza? En ese patético declive está la clave que algunos "gorilas" buscan en Perón. Pero que quede una cosa clara: la miseria no es una herencia de sus gobiernos -aun cuando buena parte de ella se haya generado en su nombre.