Es paradójico lo que sucedió en la Argentina tras la dictadura. En los primeros años de la democracia, en los 80 y 90, el debate sobre la violencia política era mucho menos masivo que en tiempos recientes, pero mucho más honesto y profundo.
El eslogan de los últimos años –"Memoria, Verdad y Justicia"– esconde en realidad una impostura. La masificación del debate fue inversamente proporcional a la pluralidad. El paso del tiempo facilitó el olvido y la manipulación. Y, sobre todo, la imposición de una sola voz y de un solo relato. De un lado, sólo hubo víctimas. Del otro, sólo verdugos.
Un relato sectario y excluyente que no contribuye a restañar las heridas y promover el reencuentro de los argentinos. Como bien señaló el recientemente fallecido filósofo Tzevan Todorov, tras su visita a la Argentina, "cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo".
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A más de 30 años de normalidad institucional en el país, no hemos avanzado hacia una mayor comprensión de los hechos que llevaron al golpe de Estado de 1976, sino a una simplificación maniquea que es refugio y excusa para frenar el debate, condenar a priori todo revisionismo histórico y, sobre todo, eludir responsabilidades.
Convencidos tal vez de que los indecibles horrores cometidos por la dictadura justifican retroactivamente sus acciones, muchos protagonistas de aquella época guardan un conveniente silencio, cuando no se erigen en jueces de un proceso del cual fueron parte.
Que las Fuerzas Armadas hayan suspendido la Constitución conculcando la democracia no significa que desde el otro lado se la estuviese defendiendo. La valoración que hoy hace nuestra sociedad del sistema democrático y la convivencia plural no estaba en el imaginario de nadie, muchos menos de las organizaciones armadas, cuyos jefes supervivientes se escudan hoy en el exterminio de sus militantes para esquivar toda autocrítica. Del lado de enfrente hubo crímenes; de su lado solo "errores". Pero, ya lo dijo Talleyrand, en política, los errores son crímenes.
Como reflexionó una vez la hija de un militar asesinado por la guerrilla, "no hubo dos demonios, sino uno solo: la violencia".
En el mismo sentido, en los últimos tiempos, han empezado a surgir voces que contradicen la visión binaria del pasado.
El diálogo que promueve Infobae entre diferentes actores de aquella historia busca contribuir a esta incipiente ampliación del debate con nuevas voces y nuevas interpretaciones.
Si el recuerdo de la tragedia del 76 no contribuye a que los argentinos nos unamos en torno a valores compartidos que puedan cimentar una sociedad mejor, ¿para qué sirve la memoria?
Los ex militares Aldo Rico y José D'Angelo y los ex guerrilleros Eduardo Anguita (ERP) y Luis Labraña (Montoneros) son quienes este martes 21 de febrero se animarán al diálogo tras haber estado enfrentados en el pasado.
El debate, que será moderado por Luis Novaresio y Ceferino Reato, podrá verse en vivo desde las 22 horas por los canales de Infobae en Youtube, Facebook y Twitter.
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