(Télam)
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Llegó al bar del Hotel de Russie transpirado y con una sonrisa divertida. Pidió en italiano una gaseosa y contó su primera tarde en Roma, adonde llegó para su audiencia privada con Francisco y la misa de canonización del cura Brochero. "Me llevó lejos, Tíber arriba. Anda muy bien en bicicleta, y no se cansa", describió Mauricio Macri. En la mesa estaba el ministro Oscar Aguad y este enviado especial, mientras los turistas de las otras mesas combatían al calor y la humedad tomando agua mineral, champagne y jugo de naranja.

–¿Quién anda también en bicicleta por Roma?–, preguntó Infobae.
–El cardenal Poli. Un ciclista de verdad.

Hace casi ocho meses, esta anécdota hubiera sido imposible. Había mucho frío en la relación política que unía Santa Marta con la quinta de Olivos, y el cardenal y el presidente jamás habrían acordado un giro por las márgenes del río que aún ve pasar la historia de Occidente.

Macri y Poli viajaban en el mismo avión. Macri fue a saludarlo y ahí acordaron salir en bicicleta. Cero marketing, cero cálculo político. Cambio de clima, cambio de paradigma. Un cardenal y un presidente, en la tarde romana, hablando de la vida y subiendo la cuesta del Tiber. Ni Sica, ni Fellini, hubieran pensado una escena así para describir cómo funcionan ciertas relaciones personales y políticas en la Argentina.

-¿Cómo cree que será la audiencia con el Papa?
-Llegó con mis hijas y Juliana, ellas saludan y se van…Yo me quedo.

Y sí. ¿Pero cómo piensa encarar la reunión?
-La Sonrisa de Mandela.

-Perdón…
-Leyendo la Sonrisa de Mandela. Ese libro muestra cómo es posible relacionarse, aunque no se compartan todos los puntos de vista.

(NA)
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La Sonrisa de Mandela fue escrito por John Carlin, un periodista inglés educado en Oxford. Carlin describe la actitud de Mandela desde su liberación –11 de febrero de 1990—a su llegada a la Presidencia de Sudáfrica, el 10 de mayo de 1994. Macri rescata del libro cómo Mandela no pierde su condición de persona, pese a que tiene vocación de poder. Y cómo esa vocación de poder, no significa enterrar los conceptos de reconciliación y de convivencia. Mandela fue por décadas un preso político sojuzgado por la minoría blanca, que usaba el Apartheid para gobernar Sudáfrica y mantener el estado de esclavitud que oprimía a la mayoría negra.

Ese espíritu de convivencia y reconciliación, contenido en la Sonrisa de Mandela, también fue aplicado por Francisco para construir una nueva relación política e institucional con Macri. El Papa silenció a sus cruzados, dio señales de su buen humor antes de la audiencia privada y se preocupó de todos los detalles. El Vaticano estará a cargo de la cobertura del encuentro, la reunión tendrá escaso protocolo y la agenda es abierta. Macri y Francisco –coincidieron voceros de la comitiva oficial y la Santa Sede—tienen previsto hablar sobre la situación de la Argentina, la crisis de los refugiados, Brasil, Venezuela, el diálogo interreligioso y el cambio climático.

"Yo quiero hablar con él, contarle que estamos haciendo en el país. Esa es mi idea", aseguró Macri. Ya estaba oscureciendo, y se había terminado su segunda gaseosa con hielo y limón.
-¿En el Vaticano que dicen?
-La mejor. Espero no equivocarme (se ríe).

En ese momento, llegó Susana Malcorra. Ya se había conocido la decisión británica de realizar ejercicios militares –con lanzamientos de misiles—en las Islas Malvinas y la Canciller se puso a trabajar al lado nuestro. El Presidente ya no sonreía, y su mirada había cambiado, bajo las sombra de la noche en ciernes. Asume que no alcanzará con la Sonrisa de Mandela para recuperar las Islas Malvinas. En el Foreign Office se recita de memoria a Ricardo III, una obra de William Shakespeare que repudia la convivencia y venera la traición.

(Télam)
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