Margarita Stolbizer, antítesis de la corrupción kirchnerista

La presentación del libro de la diputada nacional reunió a dirigentes de los partidos políticos más importantes -con la excepción del Frente para la Victoria- e ilusiona por su convocatoria a una política fundada en la ética

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Margarita Stolbizer y María Eugenia
Margarita Stolbizer y María Eugenia Vidal durante la presentación de “Yo acuso” (Nicolás Stulberg)

El local quedaba chico, era gente de todos los partidos, concurrían a un acto que no debatía ni cargos ni poder. Una convocatoria de apasionados por la política, por las ideas, esencialmente por la ética. El clima del encuentro llamaba la atención: sobrio, emotivo, con una actitud cercana a lo religioso. Imperaba el respeto: radicales, peronistas, socialistas, periodistas, jueces y fiscales, saludos y reencuentros.

Faltaban sillas, pero a nadie se le pasaba por la cabeza pelear por ellas. Nos fueron o fuimos acomodando lentamente. Un gobernador radical de Jujuy, un gobernador socialista de Santa Fe, la cabeza visible de la nueva oposición y hasta la gobernadora de Buenos Aires, que pasó a saludar. La excusa era que se presentaba un libro, aunque en el inconsciente flotaba el sueño de que ese encuentro fuera fundacional. Los conceptos, las presencias y los aplausos eran sentidos.

El título del libro ya decía todo: "Yo acuso". Y ella tenía derecho y valentía de sobra para hacerlo. Era acusar para fundar, muy lejos de esa Plaza donde tantos usaban la acusación para canalizar la frustración y el resentimiento. Esto era otra cosa. Más allá de los partidos y las candidaturas se reivindicaban la ética y la dignidad de los que adherían a las ideas sin usarlas de excusa para la ambición. Luis Majul leyó una carta de "Lilita" Carrió. Éramos parte de un esfuerzo colectivo para soldar las grietas, todas, las de las ambiciones y las del afecto con el cemento indestructible de la honestidad. Todo tan simple y tan complejo, tan difícil de lograr como imprescindible de ser forjado. En esa convocatoria a la ética y la pluralidad estaba vigente el único camino que nos permite salir de la crisis.

Me vino a la memoria un libro parecido, "Robo para la corona", pero aquel autor era falso, vimos luego que sólo esperaba el "cambio de corona" para volver al silencio de los que transitan la complicidad. Margarita es otra cosa, asume con humildad el difícil lugar de abanderada de la causa más obvia y más callada, la de la corrupción disfrazada de izquierda. No concurríamos a la presentación de su libro para reivindicar ideologías -la mayoría pertenecíamos al progresismo- pero había que recuperar, refundar algo anterior a toda supuesta pertenencia, necesitábamos reivindicar la dignidad, el respeto al que piensa distinto y los valores humanos que hacen posible y placentera la convivencia.

Margarita hablaba de su libro y todos sentíamos que ya lo habíamos leído, que era el compendio de esa heroica lucha que ella junto a unos pocos había encarado contra el peor de los males, el de la corrupción, que empobrecía en lo económico pero mucho más dañaba en la moral colectiva.

Si medimos la pobreza tenemos que asumir la infinita dimensión del atraso. Desde el último golpe militar, desde la misma vuelta de la democracia, ese flagelo crece y la dirigencia política se enriquece a la par de la caída atroz del conjunto de la sociedad. Podremos discutir quién es el culpable o el más responsable de todos, pero la pobreza y la decadencia colectiva son tan obvios que están fuera de discusión. Los ricos lo son mucho más, en la multitud de los marginales se pueden observar las consecuencias.

El Gobierno tiene aciertos y errores, pero la realidad se despliega más allá del propio Macri: en pocos días pudimos vivir dos hechos distintos y simétricos, la patética despedida del partido del odio y del resentimiento y el posible nacimiento de una pluralidad unida en la utopía de un mundo mejor. A los imberbes, hubo un día que el General los hecho de la Plaza; tuvieron su tiempo de revancha, lo malgastaron y terminaron asumiendo que les quedaba grande.

El humilde acto de presentación del libro de Margarita nos volvía a instalar en aquel abrazo que intentó sellar la unidad nacional y la salida definitiva y que no supimos comprender. No necesitamos ni revolucionarios que agredan ni liberales de mercado que nos endeuden. No existe un partido ni una minoría lúcida que nos saque de la crisis. Es entre todos. Pero antes que las mismas propuestas debemos recuperar la base esencial que es la ética como valor fundacional de la política. Esa es la llave que al condenar, cierra la puerta del pasado y al convocar, abre la propuesta de la salida.

Tengo muchas diferencias con el actual Gobierno, pero lo considero mi adversario en democracia y lo separo del anterior, que fue mi enemigo por su autoritarismo. Margarita escribió un libro que atrajo a demasiados por el valor de quien convocaba y en esa invitación estaba la página en blanco que nos desafiaba a escribir el mañana entre todos. Es posible y el plural garantiza que el resultado no termine en frustración.

"La patria es un dolor que no tiene remedio" supo decir el poeta. Se me ocurre que la madurez de la dirigencia política es un fruto que sólo surge cuando logramos superar la enfermedad de la soberbia. No hay minorías lúcidas ni salvadores individuales. Margarita nos convocó a la ética, esa es la base para forjar la propuesta colectiva. Es entre todos y es imprescindible intentarlo.