"Sensor para una sociedad insulinodependiente". Así se llama el proyecto ganador del concurso organizado por Samsung junto a Socialab -que estimula y acompaña a alumnos de escuelas secundarias a buscar soluciones a problemas de su comunidad-. Quizás el más sobresaliente de todas las ediciones y que además logró arribar a un importante hallazgo científico.

María Belén Lascialandare y Valentina Avetta -quien sufre de diabetes tipo I- trabajaron con el apoyo de su profesora de filosofía, Adriana Bianconi, de la escuela Normal en Lenguas Vivas "Rafael Obligado" Media Nº12 en la solución ganadora por Argentina y Uruguay.

-¿En qué consiste esta solución?

Valentina Avetta: el proyecto consiste en el diseño de un sensor que detecta la pérdida de la cadena de frío de la insulina. El mismo se basa en un compuesto termocrómico, es decir que cambia de color con la modificación de la temperatura. El sensor se elabora por medio de procesos nanotecnológicos, con cristales líquidos colestéricos en ciertas proporciones para lograr un cambio de color a los 30ºC, temperatura a la que la insulina y otros medicamentos pierden la cadena de frío. Estos cristales cambian de color de manera reversible naturalmente, por lo que para lograr su irreversibilidad necesitamos microencapsularlos. Se requiere que el sensor presente esta característica irreversible, ya que la insulina una vez que pierde la cadena de frío no vuelve a recuperar su principio activo. Con el sensor se pretende acabar con la incertidumbre sobre la pérdida de la cadena de frío de la insulina, y así evitar posibles problemas en la salud debido a hiperglucemias pronunciadas.

“Logramos hacer una síntesis de una micro cápsula por lo que leímos en diversos papers”

-¿Cómo nació el proyecto?

V.A: Hay aproximadamente 25 millones de vidas en el mundo que dependen de la insulina, y notamos que, en nuestra comunidad, las personas que padecen diabetes crecen exponencialmente. En los días de mucho calor, donde la temperatura supera los 30ªC, la insulina y otros medicamentos pierden su principio activo sin que el paciente lo note, poniendo en riesgo su vida. Hoy, a pesar de toda la tecnología que nos rodea no existe una solución a esta problemática ni tampoco un compuesto químico con estas características y utilidad, hasta que esta idea innovadora se desarrolle.

-¿Cómo influyeron tu experiencia y necesidades como insulinodependiente?

V.A: Me pasó, varias veces, que la insulina perdía la cadena de frío sin que yo me diera cuenta. Entonces, pasaba varios días con la glucemia muy elevada y no entendía bien por qué. Iba al médico y él me preguntaba qué había hecho mal. Pero lo cierto es que había seguido la dieta, me había puesto la insulina, había hecho ejercicio, todo bien y, sin embargo, yo andaba mal. Finalmente, nos dimos cuenta de que era que la insulina había perdido la cadena de frío. Tenía que estar muy atenta los días de calor o pensarlo dos veces si quería salir a algún lado al que tuviera que llevar mi dosis de insulina. Entonces pensé: '¿Por qué no hacer un sensor que me indique si la insulina ya no está bien para poder desecharla?' A su vez, también tiraba insulinas que, tal vez, estaban en buen estado. Todo esto podría evitarse con un sensor que indique, a ciencia cierta, qué había pasado con la cadena de frío.

“Venimos de participar en muchos concursos y ferias de ciencias. Nunca habíamos ganado, pero eso no nos desanimó”

-¿A partir de allí notaron que el problema de Valentina se trasladaba a otras personas que padecen esta enfermedad?

María Belén Lascialandare: Sí, hicimos encuentros con un grupo de personas con diabetes y el 60% dijo que alguna vez había tenido problemas por la pérdida de la cadena de frío de la insulina.  De ellos, el 40% había tardado más de dos semanas en darse cuenta de esta problemática, lo que puede conllevar problemas de salud como un coma diabético e incluso a la muerte. Con el sensor tratamos de evitar todas esas cosas negativas. A su vez, el 100% contestó que le parecía súper interesante que se cree una solución de este tipo.

-Ya tenían el problema ¿Cómo prosiguieron para crear la solución?

V.A. : Ahí empezó la parte más difícil, pero a la vez la más divertida, porque comenzamos a buscar en internet qué podía haber que cambie de color e indique que la insulina estaba en mal estado porque había superado los treinta grados de temperatura. Vimos que el mercurio cambia de color, pero a los cien grados. También nos enredamos en cosas muy ambiguas. Seguimos investigando, muchos meses, hasta que dimos con "Los Delfines de San Bernardo" y "Las Virgencitas de Luján". Entonces pensamos; si eso cambia de color con la humedad y la temperatura, ¿existirán otros compuestos que cambian de color con la temperatura? ¿Cómo es esto? Ahí nos fuimos a Yahoo Respuestas a ver cómo funcionan los Defines de San Bernardo. Entramos al mundo de los compuestos cromoactivos que cambian de color según diferentes variables (humedad, temperatura, luz). Empezamos a investigar sobre termocromía, que es el cambio de color con la temperatura. Ahí nos llevamos otra desilusión más, porque cuando buscamos ampliar nuestros conocimientos sobre el tema, habríamos Wikipedia y salían dos renglones. Esa era toda la información que podíamos conseguir. Entonces continuamos investigando en Google Scholar, por ejemplo, donde teníamos artículos científicos. Pudimos estudiar desde allí. A medida que profundizábamos nos aparecían otros obstáculos porque necesitábamos que el cambio fuera a los 30 grados e irreversible, sino no nos servía. Ahí empezamos a mandar mails a instituciones y a laboratorios que producen estos compuestos y ninguno de ellos supo respondernos si existía algo con esa función específica. El principal fabricante de EEUU nos dijo que sólo existía irreversible, pero a partir de los 60 grados y que el que cambiaba a los 30 era reversible. '¿Y ahora qué hacemos?', pensamos. Seguimos y nos dimos con que no había en el mundo un compuesto con estas características. Entonces planteamos una hipótesis sobre cómo hacer para cambiar los compuestos termocrómicos.

“Hoy aprender es gratis, todo el mundo tiene internet, eso permite acceder a un montón de conocimiento sin importar en donde estés ni quién seas”

Mandamos muchos mails para poder especializarnos en esta metodología química. Sólo una persona pudo brindarnos su ayuda, por medio de correos electrónico: Guadalupe Ribero del CONICET de Mar del Plata. Ella nos dio material de estudio y logramos hacer una síntesis de una micro cápsula, nosotras mismas por lo que leímos en diversos papers. Hicimos una micro cápsula que es estable hasta los 30 grados y, cuando pasa esta temperatura, se rompen los cristales líquidos que son los compuestos termocrómicos que utilizamos y que interactúan con el medio de hidróxido de sodio transformando esta característica de reversible a irreversible y así se logra hacer este sensor.

V.A.: Logramos la microcápsula después de muchos experimentos, pero el problema es que nos faltas los cristales líquidos clorestéricos porque, a pesar de que enviamos mil mails a universidades y centros de investigación, no nos dan. Ahora buscamos alguien que los financie, no es tanta plata, pero para nosotras sí.

-¿Qué desean para el futuro?

V.A.: Seguir desarrollando esto. También poder contagiar a otros. No hace falta ir a una escuela técnica, nosotros somos de un bachillerato en ciencias naturales, no importa si sos mujer u hombre, no importa el nivel económico, no importa si no sabes porque los conocimientos se adquieren si te pones a leer y a buscar e investigar. Sólo importa ver un problema y tener la ambición y la determinación de solucionarlo. Muchos no decían: 'no vas a poder, no sabés, no tenés la literatura suficiente'. Nosotras venimos de participar en muchos concursos y ferias de ciencias con distintos proyectos. Nunca habíamos ganado, pero eso no nos desanimó a seguir adelante. Nuestra generación tiene la suerte de que hoy aprender es gratis, hoy todo el mundo tiene internet o puede conseguirlo, eso permite acceder a un montón de conocimiento, sin importante en donde estés ni quién seas.