De Vido y la decadencia de un país

¿Qué tienen que ver los votos con la comisión de delitos múltiples, probados largamente y que, de paso, sirvieron para destruir el país?

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El episodio del contador Víctor Manzanares resulta francamente dantesco. Si acaso existe una profesión en donde, en principio, el sujeto en cuestión podría hacer la "gran Olmedo" (cuando, disfrazado de pai brasileño y con cara de asombrado, le decía a Portales, el padre de la "nena", quien lo acusaba de cuanta estafa había bajo las estrellas: "¿Eu?").

Bien podría decir Manzanares: "¿Eu?" o en la versión nuestra: "¿Yo?", porque resulta claro que el contador, quien seguramente está comprometido por fraguar cosas para los Kirchner, no actuaba de motu propio ni decidía ilegalidades como las que aparecen en el documento que terminó por llevarlo a la cárcel sin tener una indicación precisa de sus mandantes.

Manzanares es el mismo sujeto que, en 2008, presentó la única prueba que Norberto Oyarbide admitió para sobreseer al matrimonio Kirchner de su juicio por enriquecimiento ilícito. Manzanares, a su vez, para confeccionarla, recibió el asesoramiento directo de agentes de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), que aseguraba que el escrito no tuviera errores. En esa oportunidad, el plazo de apelación venció sin que el fiscal Eduardo Taiano apelara porque, justo cuando debía hacerlo, se dio la casualidad de que secuestraron a su hijo.

La detención de Fernández no puede demorar un minuto más. Es hora de que acabe la hipocresía de visitar tambos después de haberlos fundido a todos (a razón de uno por día de promedio desde 2003 hasta 2015).

Otro tanto debería decirse de Julio de Vido, cuya diputación y, mucho más, su presidencia de la comisión de energía de la Cámara de Diputados es sólo explicable por las excentricidades de las que a veces hace gala nuestro país. Que la Argentina haya perdido todo su stock energético y que haya pasado de ser un país independiente energéticamente a un país dependiente es responsabilidad a De Vido. Se nota que el país quiso completar su chiste haciéndolo presidente de la comisión cuya materia el ex ministro destruyó.

Otro tanto cabe para Ricardo Alfonsín y Carla Carrizo que, al pretender "ir por más" pidiendo el desafuero, en realidad consiguen restar número a la posibilidad de que De Vido sea expulsado, decisión que, por supuesto, acarrearía el desafuero que a ellos tanto parece preocuparles. Las basuras de la Argentina salen a la superficie cuando se toca a los peces gordos.

Otro razonamiento cabe para la llamada "moral de los votos" que amenaza con exculpar a Cristina y a todos sus secuaces bajo el argumento de que aún conservan un "importante caudal electoral". "¿Y a mí qué me importa?", diría yo, casi como distraído. ¿Qué tienen que ver los votos con la comisión de delitos múltiples, probados largamente y que, de paso, sirvieron para destruir el país?

Lo único que falta es que "una buena elección" de la ex Presidente funcione como una especie de sobreseimiento definitivo a sus múltiples estafas. Solamente un país idiosincráticamente delincuente puede razonar de ese modo. Y solamente en un país idiosincráticamente delincuente Cristina Kirchner pudo haber sido presidente alguna vez o aspirar a los fueros de una banca ahora.

Esa, en definitiva, debería ser nuestra pregunta de fondo: "¿Qué clase de gente somos?". Quizás respondiendo ese interrogante hallemos las respuestas a otras muchas preguntas y a otras muchas dudas que, a simple vista, nos parecen de otro planeta. No, no, no son de ningún planeta extraño; son de acá, son de nosotros, somos nosotros. Nos va como somos.