Por Daniel Frescó, autor del libro Enfermo de fútbol (Emecé, 2015).

"Enfermo de fútbol" nació en el año 2012 cuando me encontraba escribiendo la biografía oficial de Sergio Kun Agüero. Por esa tarea tenía entonces la "obligación" de ver un partido de la Champions League que disputaría el Manchester City frente al Real Madrid. Estaba muy cómodo en mi sillón esperando que la pelota empezara a rodar y escuchando la música sagrada de la Champions cuando no pude dejar de pensar que en otra circunstancia eso me hubiera sido imposible. Claro, eran las cuatro de la tarde de un martes, momento en que la mayoría de las personas se encuentra en su trabajo y sin esa posibilidad que a mí sí se me estaba presentando.
Recordé los malabares que yo mismo debía hacer para ver partidos que un futbolero de alma no quiere dejar de mirar. Y también la frustración que sentía cuando no podía lograrlo. Algo que no me pasaba solo a mí sino a la mayoría de los que tenemos al fútbol como una pasión incomparable. Fue en ese momento que comencé a darle forma a una novela que reflejara lo que vivimos cotidianamente los amantes del fútbol.
En 2015, tres años después de aquel día, terminé de escribir el libro que editó Planeta bajo el sello Emecé, cuyo protagonista es Jesús José Miranda, un contador público del barrio de Caballito de 50 años que trabaja en una empresa de seguros del microcentro porteño. Casado con Emilse desde hace 20 años y con dos hijos veinteañeros, transita su vida buscando conciliar sus compromisos familiares y laborales con lo que más lo apasiona: el fútbol. De esta manera, va organizando sus días, artimañas mediante, en función de los partidos disponibles para ver. Esa realidad lo obligaba a una muy selecta y esforzada tarea a la hora de elegirlos y no a pocas maniobras para evitar los enojos de Emilse.
Ella solo aceptaba que pudiera ver sólo los que jugaba Independiente equipo del que Miranda era hincha-como quien esto escribe que no pudo dejar su corazón de lado-, pero que no le alcanzaba para saciar su hambre de ver fútbol y más fútbol.
Sin contar, además, las salidas veloces de la oficina para intentar, al menos, llegar a mirar alguna vez el final de los partidos que se jugaban en Europa.
La "enfermedad" de Miranda comienza a incrementarse en paralelo con la enorme oferta de fútbol televisado en vivo, inimaginable en otros tiempos, producto de un siglo XXI donde el satélite, el streaming y el HD permite ver partidos sin parar casi las 24 horas del día, los siete días de la semana, desde cualquier lugar del planeta y con una calidad asombrosa.
Y más aun en este lado del hemisferio donde la diferencia horaria provoca que muchos de los mejores partidos de las mejores ligas del mundo puedan verse sucesivamente, uno detrás del otro. Miranda cede a la tentación y comienza a dar rienda suelta a su pasión.
Los partidos de fútbol local, de la A, del Nacional B, del Metropolitano, de la C, las ligas de España, Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, Portugal, Holanda y hasta de Estados Unidos y el extremo oriente; de la Copa Libertadores, la Sudamericana, la Champions o la Europa League, son consumidos en vivo por Jota Jota con los consiguientes y graves inconvenientes que se le generan.
"Tenés que elegir. Es el fútbol o yo", le dice Emilse cuando los efectos de su "enfermedad" agudizan la crisis matrimonial. Ante la respuesta al ultimátum la esposa lo deja.
El conflicto se desata también en su trabajo luego de varios incumplimientos debido al fútbol y tras una llamada a su jefe en la que José le avisa que no irá a la oficina porque tiene que ver en vivo un Barcelona-Real Madrid (¡Messi vs. Ronaldo, cómo resistirse a eso!) tras lo cual es despedido.
Esta situación, que lo termina dejando al borde de la bancarrota, deriva luego, cuando su caso toma estado público, en que se convierta en una celebridad por la solidaridad que recibe de todos los amantes del fútbol que lo ven como alguien que hace lo que todos quisieran hacer y no pueden.
Se trata de una historia desopilante en la que el protagonista, a la vez héroe y antihéroe, refleja en un espejo deformante a millones de fanáticos que sufren y gozan del deporte más popular de todos los tiempos.
De alguna manera, todos somos Miranda.
A través de esta ficción, el mundo tiene el primer caso de un "enfermo de fútbol". Y es de la Argentina. No podía ser de otra manera en el país que dio al fútbol y a la historia, a Alfredo Di Stéfano, Diego Maradona, Lionel Messi y con el permiso de todos, a Ricardo Enrique Bochini, sin lugar a dudas.
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