En defensa de las PASO

Patricio Giusto

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Tras el reciente cierre de listas para las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), varios dirigentes de peso salieron a criticar esta herramienta electoral. Hubo renovadas críticas desde casi todos los bandos y cierto es que, lamentablemente, habrá muy pocas primarias relevantes en estas elecciones legislativas. Una de las voces que más resonó fue la del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien directamente dijo que las PASO "no tienen sentido".

En las antípodas de Rodríguez Larreta, considero que este sistema ha contribuido a apuntalar nuestro frágil sistema de partidos políticos, "instituciones fundamentales del sistema democrático", según establece el artículo 38 de la Constitución Nacional. Por ello, las PASO merecen ser analizadas y ponderadas independientemente del oportunismo, la conveniencia o el humor de los políticos de turno.

Desde su introducción, en 2009, las PASO rigen para todos los cargos del orden nacional y obligan a todos los ciudadanos y los partidos políticos a resolver las candidaturas en una única fecha; imponen un piso de 1,5% de los votos para competir en las elecciones generales. La mitad de las provincias ya adhirió a este sistema que, según sea el caso, se aplica de manera desdoblada o unificada con la elección nacional. Además, las provincias establecen reglamentaciones específicas para su funcionamiento en las categorías de cargos provinciales y municipales.

Pese a que la mayoría de los partidos sigue definiendo candidaturas únicas de manera arbitraria, las PASO han sido provechosas para muchas fuerzas políticas que evitaron fracturarse y pudieron concretar alianzas. Cabe recordar que en 2015 las PASO fueron fundamentales para que Cambiemos definiera su candidato presidencial entre tres vertientes y, sobre todo, pudiera resolver las numerosas internas entre PRO y UCR en muchos distritos. Inclusive, Rodríguez Larreta pudo resolver su propia interna en la Ciudad con la actual vicepresidente Gabriela Michetti. Pero esta vez no quiso utilizarla para resolver su nueva interna con Martín Lousteau y, de repente, las PASO perdieron sentido y utilidad.

Por otra parte, el piso de 1,5% permitió la desaparición de miles de sellos partidarios insignificantes. Esto ha simplificado la oferta electoral, a la vez que contribuyó a disminuir notablemente la atomización partidaria y la burocracia electoral, lo que le genera un importante ahorro al Estado. Y hasta las fuerzas de izquierda, que tanto habían renegado de este sistema cuando fue implementado, terminaron usando las PASO, en 2015, para definir candidatos presidenciales y legislativos.

Asimismo, las PASO han sido un buen antídoto contra la escandalosa proliferación de encuestas "truchas" u "operadas", que se difunden para condicionar las posturas del electorado de cara a la elección. Muchos consultores se han enriquecido con este negocio, en complicidad con los medios y los políticos, ávidos de consumir diariamente esos datos. Pese a sus recurrentes papelones, cada dos años estos consultores insólitamente reaparecen, cual gurúes sagrados en materia de opinión pública. Y, por supuesto, con tarifas actualizadas para los números que venden.

Quizás el aspecto negativo de las PASO es el hastío que provoca en el electorado, cada vez más divorciado de la política, el hecho de tener que concurrir a votar varias veces en el mismo año. Esto es debido a los innecesarios desdoblamientos de comicios provinciales y locales que se dan en muchos distritos, algo que fácilmente podría resolverse. De hecho, la Ciudad ya lo resolvió unificando. En tanto, algunas provincias como La Pampa tienen PASO no obligatorias para los votantes, lo que podría ser en última instancia una alternativa en este sentido.

No obstante, la queja de tener que ir a votar varias veces suena cuanto menos injusta y caprichosa. Siempre es mejor tener democracia y la posibilidad de votar periódicamente que no tenerla, como nos pasó tantas veces en nuestra historia.

En conclusión, estoy a favor de seguir fortaleciendo y mejorando este sistema de PASO, por el bien de la democracia y sus instituciones fundamentales, que son los partidos políticos. Poco me importa el bien de los políticos de turno y sus conveniencias personales. Nunca la Argentina podrá volver a tener una democracia sólida y estable sin partidos sólidos y estables. Su peor antítesis es, sin dudas, el hiperpersonalismo que tan perniciosamente se ha ido arraigado en nuestra cultura política y que debemos combatir y desterrar.

El autor es politólogo y docente universitario (UCA). Magíster en Políticas Públicas (Flacso). Director de la consultora Diagnóstico Político.