¿Un freno a la conurbanización del peronismo?

Eduardo Mondino

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El peronismo y la provincia de Buenos Aires tienen un vínculo de nacimiento. En su primer cordón se produjo el movimiento de trabajadores que gestó su origen el 17 de octubre de 1945. Sin embargo, Juan D. Perón convertiría aquel hecho localizado allí en un gran movimiento nacional, con una visión y un proyecto de país.

Hace algunos días, compartiendo una charla con Miguel Á. Pichetto, usó una expresión que provocó mi reflexión sobre del actual momento político: "la conurbanización del peronismo". Durante muchos años la provincia y el peronismo bonaerense tuvieron un liderazgo claro y pleno.

Eduardo Duhalde, con sus aciertos y sus errores, gobernó y condujo la provincia más grande y compleja de la Argentina dentro de términos previsibles, enmarcada en una política nacional, también con sus crisis y sus estallidos, a los que ningún sector de nuestro país fue ajeno. Ese proceso tendrá subjetivamente valoraciones diferentes. Pero desde el 2003 en adelante los gobernadores de provincia fueron especialistas en esquivar e ignorar la realidad.

Ninguno intentó conducir, modificar, prevenir ni proyectar a la provincia en un marco de desarrollo que impidiera llegar a este momento casi explosivo de hoy. Cada uno de ellos fue sólo dócil y prolijo obediente del gobierno nacional de turno y, a su vez, usó la gobernación para su proyección personal, con lo cual la política quedó en manos de los denominados "barones del Conurbano". Allí se gestó la conurbanización de la provincia y del peronismo, con las peores prácticas de la política y una ostensible penetración del narcotráfico.

El usufructo de ese poder por parte de sus "jefes distritales" contribuyó a construir todos los males de hoy: marginalidad, pobreza, droga, juego clandestino, trata de personas, inseguridad, delitos de toda índole y con fuerzas de seguridad corrompidas, es decir, fueron autores y cómplices de una catástrofe social sin precedentes.

Por eso, hoy la provincia de Buenos Aires mira y registra con altísima consideración y expectativa a María Eugenia Vidal, por sus méritos personales y porque después de muchos años visualizan un nuevo liderazgo. Con un estilo firme, de fuertes convicciones, transparente en su accionar y fundamentalmente ocupada en las complejas y múltiples temáticas que debe resolver en su provincia.

Su equipo de gobierno está nutrido de pluralidad política, pero con una visión común y eso lo fortalece. Sabe hacia dónde va, aun con la enorme cantidad de dificultades que debe afrontar y, a su vez, está integrada y comprometida, con las particularidades de su provincia, al modelo nacional.

Por ello creo que este proceso le está dando a la provincia y a los bonaerenses un liderazgo con estilo propio, moderno, de este tiempo político, lo que les devuelve una esperanza de salir del pantano en el cual estaban sumidos.

En los últimos días hemos asistido al acto desembozado y vergonzoso de profundizar esa conurbanización nefasta. Eso fue la puesta en escena de una ex presidente de la nación intentando desafiar ese nuevo liderazgo bonaerense, tratando de ocultar su responsabilidad personal y política de 12 años de degradación del país y especialmente de la provincia de Buenos Aires.

Por ello las elecciones de este año serán claves para empezar a cumplir el objetivo de dejar atrás la decadencia. Si esto se logra, estaremos ante un profundo cambio en la política argentina y tal vez en el mediano o largo plazo el peronismo sea nuevamente un movimiento con una visión nacional, con métodos, acciones e ideas propias de las democracias modernas.

La decisión estará en voto de los hombres y las mujeres de la provincia de Buenos Aires.

El autor es ex defensor del pueblo de la nación (M.C.).