Quiero recordar en este 1º de mayo, fecha histórica para los trabajadores y, por lo tanto, especialmente para el justicialismo, que dirigentes como José Manuel De La Sota, Miguel Ángel Pichetto, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Florencio Randazzo, Jorge Sarghini y Omar Perotti, entre otros, han expresado ideas muy claras respecto al futuro del peronismo, que marcan una orientación estratégica para el porvenir de la que sigue siendo la más formidable fuerza política de Argentina, por encima de las turbulencias de todo tipo que le cupo atravesar, incluido el inmenso retroceso que significaron los más de 12 años de régimen kirchnerista.
En primer lugar, y como punto de partida y columna vertebral del futuro peronismo, declararon todos ellos con énfasis que este debía ser democrático y que, por lo tanto, todo intento de resucitar un peronismo antirrepublicano, antifederalista o desconocedor de principios elementales del Estado de derecho, como la separación de poderes y la libertad de prensa, no tendrá cabida en el peronismo futuro.
El Partido Justicialista debe estar abierto a una libre discusión sobre las ideas que guiarían ese fenómeno renovador. Por eso se manifestaron contrarios a la formación de listas de unidad como resultado de acuerdos entre las cúpulas, y no de listas internas abiertas que pudieran competir en el ámbito de las PASO.
Con eso se profesa una idea-fuerza de enorme potencialidad renovadora: el peronismo, sin olvidar sus raíces históricas, debe de manera imperiosa proceder a un profundo análisis del rumbo estratégico que quiere para el país en las próximas décadas.
En general, todos estos dirigentes se mostraron firmes partidarios de una discusión abierta en el partido acerca de cuáles serían sus ideas renovadoras, cuáles son los escenarios mundiales en los que el país tendrá que actuar, cuál la organización institucional más apropiada para el gobierno de la nación, en qué hay que cambiar, qué aspectos hay que mantener con cambios y cuáles consolidar con mejoras, todos temas centrales para un fenómeno renovador de gran alcance.
La nueva dirigencia tendrá la obligación de conocer, entender y asimilar cómo funciona realmente el mundo, qué conceptos son los que se emplean en la mayoría de los países, incluso en los que se llaman comunistas, como China y Vietnam, en los que la dirigencia ya no discute en términos doctrinarios, de cerrada "pureza ideológica". Se habla un lenguaje mundial, incluso lo emplean Xi Jinping, el presidente de China, Vladimir Putin, el presidente de Rusia, Ángela Merkel, la canciller de Alemania, los dirigentes de Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, etcétera.
Hay un lenguaje universal y, si no se lo domina, se está fuera del mundo y, si se está fuera del mundo, se está en la órbita de las naciones que nunca podrán lograr el desarrollo de toda su potencialidad.
Por ejemplo, es imposible que se pueda gobernar con eficacia una nación en el siglo XXI si un partido político gana las elecciones de un modo totalmente legítimo pero sus principales dirigentes desconocen, o sólo lo saben de manera superficial, cuáles son las grandes tendencias que dominan en el mundo, qué diferencias existen entre ellas, cuál es la dinámica que las anima, y qué influencia tienen sobre el presente y el futuro del país. Es muy difícil que lo que sucede en Argentina impacte en el mundo, pero lo que sucede en el mundo con seguridad impactará en la Argentina, para lo cual se deberá estar preparado para enfrentar ese desafío.
La estrategia de desarrollo representa la columna vertebral del éxito o el fracaso de cualquier movimiento renovador, porque si las ideas que se imponen son simplemente las del pasado, con algunos retoques estilísticos de carácter cosmético, entonces habrá un fracaso rotundo en la conducción del Estado. Si, por el contrario, ha habido una real renovación de ideas en función de las realidades históricas del siglo XXI, entonces, más allá de frustraciones coyunturales que siempre pueden existir, el país tendrá un faro orientador de tipo estratégico del que ha venido careciendo bajo diferentes gobiernos, tanto de facto como constitucionales. Todo lo ha consumido el tiempo presente, no deja nada para crear las bases de un futuro sólido, profundo y creativo.
¿Cómo se logrará la tan ansiada estabilidad monetaria? ¿Cuáles serían los lineamientos de un sistema de integración de las finanzas del gobierno central y las provincias que supere el subjetivismo imperante en la distribución de los fondos y garantice reglas de plena objetividad? ¿Cómo financiar a largo plazo nuestras inmensas e imperiosas necesidades de infraestructura? ¿Qué reformas básicas necesita el sistema tributario? ¿Cómo modernizar la vetusta estructura educativa argentina? ¿Cómo modernizar el Estado? ¿Qué hacer en materia de seguridad pública? ¿Qué papel se reservará a las Fuerzas Armadas en un mundo plagado de amenazas externas como el actual?
En el plano internacional, ¿hacia dónde se dirigirá Argentina, país alejado geográficamente de los grandes centros del poder, sin conexión especial con ningún gran espacio económico mundial? Más allá de las declaraciones reiteradas sobre la integración regional, ¿cuáles son las prioridades del país en este ámbito de acción? ¿Cómo desarrollará la nación su potencialidad científica y tecnológica? ¿Superará el país alguna vez la dicotomía falsa entre desarrollo agropecuario y desarrollo industrial? ¿Cuáles serían las ideas directrices para un desarrollo de largo plazo de las llamadas economías regionales, su permanente integración a la dinámica de la economía nacional y las demandas de la economía mundial? ¿Cómo es que el agro, la industria, la construcción, los transportes y las pymes no han podido crear bancos especializados con un fuerte apoyo de sus miembros y el respaldo estatal? ¿Cuál sería el mejor ordenamiento municipal para el país? ¿Existe conciencia de que el financiamiento masivo de bajos aportes por parte de la gente es un instrumento esencial para concretar todo tipo de proyectos en las intendencias y las provincias?
Estos dirigentes que inicialmente he mencionado marcan el rumbo de fondo que debe presidir la renovación profunda del peronismo para que no se entienda esto como un simple cambio de figuras políticas, sino una renovación de ideas, de conocimientos, de formación como cuadros políticos. Desarrollar este concepto al máximo posible representaría una contribución de primer nivel no sólo al justicialismo, sino también al conjunto de la dirigencia política del país enfrascada en viejas contiendas, viejas ideas, viejas polémicas, todas superadas por el fluir del tiempo que no cesa de renovarse a sí mismo, porque, como decía el filósofo griego Heráclito: "No nos bañamos dos veces en un mismo río".
Seguir anclados en el pasado no augura nada bueno para el presente y mucho menos para un futuro que sea mejor que ese pasado.
@HeribertoDeibe
El autor es secretario de Políticas Sociales de la Fundación Consensus. Ex legislador municipal 2011-2015.
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