Hay individuos a quienes el silencio los protegería de su ignorancia. Quien no sabe de algo debería dejarlo en manos de quien sabe. Ese es un principio ético de los intelectuales libres de prebendas, pactos, ideologismos (que no es lo mismo que ideologías). Pero no es fácil callar el narcisismo perverso.
Hace más de 15 años y profundizado en la última década, el abolicionismo penal, así llamado con la intención de barrer el fuero penal y su función específica, que, como su nombre lo indica, es penar al que delinque, incrusta pensamientos de la psiquiatría, de la psicología, del psicoanálisis y del cognitivismo para sostener el andamiaje de un vaciado de formación o instalar la formación hegemónica en la Facualtad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
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Con el éxito de todas las tramas perversas, se ha diseminado en la Justicia y en conocidos abogados (no por eso buenos abogados), ya inoculados con estas ideas; los conversadores de la (in)Justicia (i)Legítima dejaron todo preparado, sin ignorancia, para que una banda organizada de profanos políticos se quisiera quedar con el bienestar en nuestra querida patria.
Poniendo blanco sobre negro, aclaremos algunos términos de manera breve para comprensión general. No voy a hablar de los trastornos sexuales ni de las víctimas de género en particular. Voy a pensar en las víctimas permanentes de cualquier orden y género.
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La psicopatía es un trastorno de la personalidad incluido bajo el llamado trastorno antisocial de la personalidad del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV).
En la actualidad, tanto la clasificación diagnóstica y estadística de los trastornos mentales (DSM-IV-TR) (Asociación de Psiquiatría Americana, 2002) como la clasificación internacional de enfermedades (CIE-10) (Organización Mundial de la Salud) ofrecen criterios para el trastorno antisocial de la personalidad, en el caso del DSM-IV-TR y para el trastorno disocial de la personalidad, en caso de la CIE-10. Lo común de estas clasificaciones de entidades nacionales e internacionales es que todas adscriben un término en común para la psicopatía que es el concepto de asocial-disocial.
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Es común no discriminar "psicópata", "perverso", "criminal", "delincuente". Lamentablemente, disciplinas como el derecho, ejercido por magistrados que obedecen al "minimalismo abolicionista", deja en manos de Su Señoría la subjetiva interpretación de informes psicoforenses que terminan en el cesto y las víctimas, multiplicándose.
Intentaré esclarecer términos.
El delincuente es el que transgrede la ley establecida en una cultura particular. Pero su "fuera de ley" tiene códigos y normas que impone el grupo en el que se mueve. Ejemplo: "Soy chorro, no asesino", "Mato pero no violo".
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El psicópata es la figura de la psiquiatría en la que se incluyen delincuentes y perversos. Los dos rasgos que caracterizan al psicópata son la impulsividad y la antisociabilidad. Y ya entonces pasamos de la clínica a la prisión, donde se viene a dar sentido a la ausencia de culpa.
El perverso es aquel individuo que tiene una serie de fantasías conscientes para su goce sexual concreto y privado, o sublimado y público. Imagina escenas que trata de repetir y hasta esperaría lograrlo. Siempre es obsceno, intenta dañar, humillar y destruir al otro. Hace padecer lo que sufrió pasivamente en etapas anteriores de su vida. Fue víctima y se transforma en victimario. Deshumaniza al otro y es su objeto.
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Suelen ser transgresores de cualquier orden y, en su afán de ser vistos, son extravagantes con sus disciplinas, con sus reglas éticas y estéticas, no importa el daño que se propague, son utilitarios para satisfacer su goce. Muchos artistas, literatos, teóricos de disciplinas diversas, líderes políticos lo fueron y causaron grandes daños.
Si es una personalidad psicótica con comportamientos perversos, no tiene fantasías previas, directo pasa al acto, no le importa la escena y es el único caso donde es considerado enfermo y no criminal en un procedimiento judicial.
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El canalla o "señor todo el mundo", con palabras de Jacques Lacan, instituye la única versión posible de la realidad y se presenta él mismo como la realidad. El canalla es la ley para su enajenado discurso, como Adolf Hitler, Castro, Kim Jong-Un, Nicolás Maduro y tantos adueñados del poder que conocemos de cerca o de lejos.
El canalla necesita delincuentes cómplices de su poder en banda y siempre hay algún perverso elegante de discurso dialéctico dispuesto a lavar cabezas y crear masas adeptas. Aunque eso conlleve a minimizar responsabilidades de psicópatas criminales que, en libertad, hacen de la sociedad su menú de víctimas.
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Como la calle no es una clínica, los abogados no son psicólogos, los psicólogos deben diferenciar delito de enfermedad y no se puede confundir reinserción con riesgo social, sería necesario entender de qué se trata.
La diferencia necesaria de estas definiciones es para ver de qué manera se teje una trama macabra que cobra víctimas permanentes, nosotros, y nos encierra en nuestro inseguro universo de lo diario, peligroso pero impune y allí debemos vivir, si no nos matan antes o a nuestros seres queridos.
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Abolir la pena en el derecho penal es quitarle representatividad al orden ético necesario para vivir en sociedad. Pero eso tiene la intencionalidad de arrinconar a los buenos y servirse de los malos para condensar poder en unos pocos malos que son líderes de masas, no de personas y pensamientos, hoy por hoy muy de moda como en otras épocas, predicadores del miedo, exhibicionistas de la fuerza bélica, gozosos del poder y del dinero; abrazadores de cajas de seguridad y tantos otros disfraces de la misma personalidad peligrosa.
El orden universal y el doméstico fueron alcanzados por estos idearios en contra de la vida. Es necesario, en nuestra sociedad, darle a la vida el valor que tiene y entender que quien la ha banalizado con el mentiroso discurso perverso es porque no le importa lo que el psicópata hace y repite, le importa proseguir con su perversión.
Ante la frase: "No todos los violadores son reincidentes ni psicópatas sexuales", la respuesta es sí, todos los violadores son reincidentes y psicópatas sexuales.
La perversión, por no considerarlo de esta manera, falló a favor de Axel López porque la felatio a la que se sometió a una niña de 8 años fue practicada con la luz apagada.
La autora es miembro de Usina de Justicia.
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