El reciente informe de la UCA sobre los niveles de pobreza en nuestro país da cuenta de un aumento que alcanza la cifra del 32,9 por ciento. Este número representa a 13 millones de argentinos, uno de cada tres. El último año hubo un aumento de 1,5 millones de nuevos pobres, según los datos del informe.

Que la situación es dramática no hace falta decirlo. Que es inaceptable e inmoral para un país con nuestro potencial, también. Sin embargo, y a pesar de la gravedad del asunto, no todas son pálidas. Entre las señales que podemos mencionar que vislumbran un horizonte de esperanza se encuentran:

Primero, a diferencia de lo que ocurrió durante los 12 años de kirchnerismo, hoy tenemos un Gobierno que no miente en forma sistemática y artera sobre las cifras de pobreza e indigencia. Gracias a esto se generó consenso en la sociedad sobre la gravedad del asunto. Un gran primer paso, dado que ningún problema se resuelve si antes no se acepta con franqueza su dimensión. Esto incluye hasta el fanático kirchnerista que se hizo el distraído durante tantos años y llegó a creer y defender la afirmación de Aníbal Fernández acerca de que en Argentina hay menos pobres que en Alemania. Al menos en este punto se cerró la grieta.

Segundo, abandonar el Estado de mentira nos puso frente a una realidad cruda que nos duele e interpela. Sin embargo, la evasión populista con base en el autoengaño que nos lleva a encontrar tranquilidad en un relato mentiroso ya no se encuentra fácilmente a mano. Nos queda, entonces, hacernos cargo de la situación. Tenemos la oportunidad de convertirnos en una sociedad adulta que aborde la pobreza en forma seria y objetiva. Esto implicará un trabajo en conjunto con todos los actores involucrados, única forma de encarar adecuadamente un problema de tipo complejo y multidimensional.

Tercero, la inflación es la principal enemiga del bolsillo de los pobres. A diferencia del kirchnerismo, que la fomentó irresponsablemente, el actual Gobierno la está atacando en forma efectiva. Es una lucha difícil, en la que habrá avances y retrocesos como el 2,5% del mes actual. Sin embargo, la tendencia es francamente decreciente (al año pasado fue del 40%, algo impensable para este año). Por lo tanto, es razonable esperar índices menores hasta que se normalice la situación.

Cuarto, el uso y la extorsión de los pobres dejó de ser un objetivo funcional a los intereses del Gobierno nacional. El kirchnerismo hizo del clientelismo político una política de Estado. La cadena nacional dejó de ser utilizada para amenazar veladamente a los receptores de ayuda social. Además, el Gobierno actual está llevando a cabo políticas para desarticular la red de punteros políticos perfeccionada hasta la obscenidad por el Gobierno anterior. El programa El Estado en Tu Barrio es un claro ejemplo de esto. A pesar de algunas deficiencias, busca llegar al beneficiario sin intermediaros y nombres propios. Es el Estado el que brinda el servicio, no Cristina Kirchner ni ningún otro político oportunista. El clientelismo político, del que poco se habla porque resulta funcional a políticos inmorales, explica en gran parte la pobreza estructural de nuestro país. Puesto que pervierte la ayuda social destinada a los beneficiarios de programas sociales considerados "inempleables" por el mercado. Además, humilla y se apropia de la libertad política de los pobres, insumo esencial para su desarrollo humano.

Quinto, la economía comienza, de a poco, a dar síntomas de recuperación. Esta situación ocurre a pesar del contexto internacional adverso (la bonanza que desaprovechó el Gobierno anterior ya no existe) y el accionar de fuerzas políticas desestabilizadoras que buscan minar la gobernabilidad. La violencia pública y verbal del kirchnerismo, sumado a la intransigencia gremial y piquetera en un año electoral no es casual. El resultado de este accionar irresponsable e intencional retrasa la llegada de inversiones. Será el pueblo en las próximas elecciones quien podrá debilitar el poder de estas facciones que suscriben a la idea de "cuanto peor mejor", en detrimento del bienestar de la nación.

Sexto, la contracara de la pobreza es la corrupción. La Justicia, aunque lenta, está dando pasos importantes y aleccionadores para con los políticos corruptos. El kirchnerismo fue el gobierno más corrupto de la historia democrática y por lo tanto gran responsable de la pobreza e indigencia. Es importante para el presente y el futuro de nuestro país que la Justicia actúe en forma firme y contundente en casos de corrupción, más allá del color político partidario, incluso haciendo devolver lo robado.

El problema de la pobreza es de tipo estructural. Creer que es posible resolverlo en un año o dos habla de la postura adolescente que debemos superar si queremos extirparlo de raíz. Sin dudas, estamos transitando un camino arduo y el Gobierno debe dar muestras concretas de que está a la altura de las circunstancias. En el mientras tanto, hay millones de argentinos que sufren por su situación penosa. La solidaridad entre hermanos debería florecer más que nunca entre nosotros. Resolver semejante drama no es cosa de un gobierno sino que requiere de todos tirando para el mismo lado.

 

El autor es doctor en Ciencias Políticas (USAL). Secretario general del Movimiento Social por la República, espacio político presidido por el dirigente social Héctor "Toty" Flores.