El Indio Solari siempre fue un intocable. Nunca rindió cuentas. ¿Por qué? El motivo es muy simple. Solari no solo es el rockero argentino que más convoca: es el único de todos los que están vivos que realmente importa, el único rockero capaz de provocar un debate cultural a gran escala. Cualquier cosa que el Indio diga sobre la política y el país mueve el amperímetro de la discusión pública, es noticia. Nadie en la escena musical argentina tiene esa capacidad.

Es entendible. Ninguna otra figura, en la Argentina o en todo el continente puede hacer que fans de todo el país y de países vecinos se congreguen en predios de ciudades pequeñas, pagando tickets a precios elevados, tickets que al fin y al cabo nadie corta o controla de acuerdo a testimonios, en conciertos con ingresos y salidas virtualmente sin señalización, todo entre el caos, sin ningún tipo de garantía o seguridad, luego de días de viajar a dedo o dormir a la intemperie. No importan los riesgos o las contradicciones. Es una regla que solo vale para el Indio, en toda su condición de intocable: cualquier otro artista tendría que tirar su instrumento a la basura o por lo menos enfrentar un escarnio significativo.

Términos como "misa ricotera" siguen generando plata treinta años después. La tragedia de Cromañón, alimentada por la cultura del aguante y del agite que creció al calor de los Redondos, le fue útil a las grandes empresas musicales para monopolizar espacios de mediana y gran envergadura, empresas que instalaron la lógica de grandes festivales mientras que espacios underground y centros culturales eran agresivamente clausurados, un proceso que duró varios años. En paralelo a todo ese proceso en donde el rock se volvió fuertemente corporativo, el Indio creció con sus propias reglas, convocando el doble, el triple o diez veces más que cualquier músico de rock de primera línea.

La prensa musical especializada tampoco iba a decirle nada a Solari. Criticarlo equivalía a pelearse con el máximo ídolo, pegarse un tiro editorial en el pie. Y Solari también puede ser feroz en sus réplicas, mordaz, capaz de adjetivos filosos. Los fans del ídolo, que son particularmente acríticos, suelen sumarse a todos sus dardos en las redes sociales. Que le digan a uno "mala leche" es lo de menos. 

El metal para blindar al Indio siempre sobró. O sea, ni Maradona zafó tanto de las críticas y los planteos. Nunca importó realmente el contraste entre sus famosas cartas -ya un chiste cultural generalizado, un meme viviente con sus bajadas de línea típicas de la burguesía progre más paternalista y arrogante- y su cercanía a políticos procesados por hacer cualquier cosa con la plata de los argentinos como Aníbal Fernández.

Sin embargo, la muerte es la línea que cambia todo. Cuando alguien se muere, todos se ponen serios. Pero esta vez no fue la Policía Federal Argentina, como con Walter Bulacio a la salida del show de los Redondos en Obras Sanitarias en abril de 1991, un menor muerto en una comisaría, cazado en una razzia.

Hoy, 26 años después, ya no hay a quién achacarle el problema, a "intereses oscuros" como dijo Solari mismo horas antes del show. Los dos cadáveres, los heridos y la joven en terapia intensiva tras el show de esta madrugada en el Predio 'La Colmena de Olavarría' tienen una larga cadena de responsabilidades, principalmente políticas, tanto a nivel municipal como de las fuerzas de seguridad. Pero esa cadena termina en un solo lugar: en el escenario, con Solari mismo.

¿Por qué el Indio es uno de los responsables de esta tragedia? Porque el Indio insistió en tratar a su público como ganado, porque no podía desconocer lo que genera su propio fenómeno ni con qué bueyes ara.

Solari no se puede hacer el distraído, no puede decir que otros piensan por él. Tiene un histórico manager, Julio Sáez, pero también tiene un control férreo sobre sus propios negocios. Comercialmente, no es ningún despistado. Todo está a su nombre.

Fans se trepan a camiones: difícil vuelta a casa (@CN24NOTICIAS)
Fans se trepan a camiones: difícil vuelta a casa (@CN24NOTICIAS)

De acuerdo a registros de propiedad intelectual, el Indio no solo es dueño en un 100 por ciento de su seudónimo artístico: también controla en su totalidad marcas como "Luzbelito" o "Momo Sampler", títulos de discos de los Redondos. La marca "Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota" sigue siendo suya en un 33 por ciento. La banda, por otra parte, no está disuelta, al menos en el Boletín Oficial: Solari todavía figura como director presidente de Erks, la sociedad anónima que comparte junto a su ex socio creativo Eduardo Federico Beilinson y su ex manager, Carmen Castro, "La Negra Poly". El último cambio en el directorio se realizó en 2012.

Así, en Olavarría, el Indio insistió con un modelo comercial de mínimo costo y máxima ganancia a cargo de Chacal Producciones, la empresa platense de los hermanos Peuscovich, un modelo que probó ser una bomba de tiempo que mandó gente al cementerio, que terminó en saqueos y disturbios, en chicos varados a miles de kilómetros de casa y con una pequeña ciudad en emergencia.  Todo lo excedió, no alcanzó nada. Y Solari no podía desconocer que venía un aluvión a verlo cantar: desde el jet privado en que llegó a Olavarría se podía ver perfectamente.

Fernando Soriano, el periodista de Infobae encargado de cubrir el show de anoche, acuñó un término bastante sagaz de cara a la multitud: "Feedlot humano". También, escuchó en repetidas ocasiones de boca de los fans un término triste: "Nos cuidamos a nosotros mismos". Solari, esta vez, no fue ni siquiera capaz de cuidar a su propio público, ni siquiera de ellos mismos. Echarle la culpa a los borrachos, a los pendencieros, no solo es tonto: es una bajeza.

El show del Estadio Único en La Plata de noviembre de 2005, el primero que dio tras el final de los Redondos, fue memorable a nivel organización. Estuve ahí. Lo disfruté muchísimo, Solari estaba en gran forma, el disco que presentaba, 'El Tesoro de los Inocentes', era bueno. También vi escenas amargas antes de entrar; la vuelta de las bengalas a casi un año de Cromañón, con chicos que se calzaban tubos de pirotecnia en las medias en los accesos al estadio y Solari que no decía nada al ver los fuegos desde el escenario. Esa vez, salvo un par de grescas, no hubo nada que lamentar.

Entonces, ¿por qué no hacer tres, cuatro, cinco estadios platenses? ¿Por qué no hacer más shows para garantizar la paz en vez de velatorios, dividir en vez de concentrar? Quizá la respuesta está en la edad de Solari mismo, 68 años, tres más que Charly García, o en su enfermedad.

Quizá la respuesta esté en que tributar impuestos es un problema. En abril de 2014, según el sitio Análisis Digital dirigido por el periodista Daniel Enz, el Concejo Deliberante de Gualeguaychú aprobó por mayoría algo insólito: no cobrarle a Solari una tasa del 5% de cara al show que iba a brindar en la ciudad entrerriana. Los trascendidos indicaron que el Indio mismo había pedido que le perdonen la plata; caso contrario, llevaría su música a otra parte. El sitio hasta dijo que ediles locales fueron amenazados para votar a favor. El ahorro para Solari no iba a ser mucho, en la gran escala: unos dos millones de pesos. En Olavarría, un concejal kirchnerista presentó un proyecto para que se lo declare a Solari visitante ilustre, algo que fue aprobado.

Al momento del cierre de esta columna, Solari estaba finalmente dando explicaciones, no ante sus fans que terminaron volviéndose a casa como ganado en camiones municipales, no ante las familias de los jóvenes muertos, sino ante la doctora Susana Alonso, la fiscal que investiga la cadena de responsabilidades de la tragedia de anoche, en el marco de una declaración en el hotel Santa Clara, aparentemente testimonial. Sin embargo, que el Indio declare como testigo no quita que, si se encuentran pruebas en su contra, pueda ser imputado por la tragedia.