Muchas son las cuestiones que se denominan como "la pesada herencia". El ya resuelto cepo cambiario, el desbarajuste en prácticamente todos los precios relativos, el brutal tamaño del Estado y una crisis de deuda que mantuvo al país durante años, con las relaciones resquebrajadas con los mercados internacionales limitándonos en nuestra capacidad de endeudamiento, entre otras tantas cuestiones de gravedad. Aunque, sin duda, uno de los más grandes escollos con los que ha tenido que convivir (y con lo que deberá seguir haciéndolo) la actual administración son los niveles récords de déficit fiscal.
La estructura de gasto del Estado tiene cerca de un 80% de partidas denominadas "de gasto inflexible". Se denomina inflexible a todo gasto que no puede modificarse en el corto plazo: sueldos estatales, gasto en jubilaciones y erogaciones en beneficios sociales en general. Por lo que, en caso de que este Gobierno decida recorrer un camino donde el final del andar sea la eliminación del déficit fiscal, deberá resignar partidas más flexibles como lo son, por ejemplo, los subsidios energéticos.
Indefectiblemente, cuando alguien gasta más de lo que le ingresa, son pocos los caminos que tiene por seguir: pide prestado o deja de pagar sus cuentas. El Estado, en su caso, tiene un tercer camino: inventar el dinero o, más técnicamente hablando, recurrir a la emisión monetaria.
Claramente, dejar de pagar no es una opción. Sería inimaginable que el Estado un mes deje de pagar los sueldos o las jubilaciones. Por lo que los caminos se reducen a dos: emisión monetaria o endeudamiento. La realidad muestra que hace exactamente 56 años que convivimos con déficit fiscal constante (a excepción del período 2003-2007, por razones que no vienen al caso comentar aquí) que siempre ha sido sobrellevado cíclicamente intercalado por períodos de fuertes emisiones monetarias y por períodos de altos niveles de endeudamiento (los primeros concluidos en hiperinflaciones y los segundos, en cesaciones de pagos).
Independientemente de la forma escogida a través de la historia moderna argentina para cubrir el déficit fiscal, ya sea con emisión monetaria o endeudamiento, siempre tenían una característica común en todos los casos: luego de cada quiebre, el aumento de los niveles de pobreza era devastador, y luego haber tocado un piso donde se destruyen empleos, riqueza y capital y se vuelve a la senda de crecimiento, con lo que comenzaban a retroceder los niveles de pobreza, nunca lo hacían hasta el mismo escalón previo a la crisis sino que cada vez la situación en cuanto a nivel de pobreza era más comprometida.
Así es que, después de años de la mayor bonanza mundial, hoy Argentina y su populismo no han logrado mejorar los indicadores de pobreza, por lo que, a finales del año 2015, se sitúa en niveles estratosféricos: 30% de pobres que no cumplen con sus necesidades más básicas.
En este momento de la Argentina nos encontramos en el período donde cubrimos nuestras abultadas necesidades fiscales con endeudamiento. Si bien es el arma más directa que encontró el Banco Central para dejar de emitir y batallar duramente a la inflación, esto produce no solamente efectos en la deuda sino también en el tipo de cambio: ingresan dólares a través del mercado de deuda, lo que hace que se produzca un sobrante de dólares en la economía que genera cierta presión bajista para el tipo de cambio, lo que a grandes rasgos genera complicaciones a los exportadores (ya que sus productos pierden valor) y facilita el intercambio a los importadores (a quienes les es más barato importar), lo que empeora nuestra balanza comercial.
Cuando se habla de endeudamiento, se tiene que entender algo: endeudarse no está ni bien ni mal. En tal caso, será bueno o malo en relación con la finalidad de ese endeudamiento. Si lo usamos para cubrir nuestros crónicos déficit fiscales, el final es conocido: en algún momento nuestro endeudamiento se encarecerá (debido al riesgo cada vez mayor que asumen quienes nos prestan) hasta que se convierta en inviable, lo que nos llevará indefectiblemente a una nueva crisis estructural. Si este endeudamiento es sólo el camino para solucionar nuestros problemas de déficit, crecimiento y competitividad, bienvenido sea. Sólo el paso del tiempo y el andar del actual Gobierno permitirán juzgar cuál será esta vez, el final de la historia.
El autor es analista económico y docente universitario.
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