Cerrar la grieta: la gran misión

Vicente Scordamaglia

Guardar

 “El hombre se salva por su servicio a los otros hombres y así purifica su conciencia. No se salva ni adulando a Dios, ni pidiéndole perdón, ni esperando su absolución”.

Tomás Abraham

 

Mucho se ha hablado de la grieta que dejó el kirchnerismo a lo largo de tres mandatos consecutivos en el ejercicio del poder. La confrontación sistemática como práctica de construcción política y el argumento ideológico que señalaba a aquel que pensara distinto como el enemigo que había que combatir fueron sus argumentos favoritos. Mirándonos en el espejo de Colombia, que le costó cientos de miles de muertos en lo que va de los últimos 50 años y la zozobra permanente como modo de vida de su población, vemos cómo los pueblos, “hartos ya de estar hartos”, comienzan a tomar conciencia de que el ideologismo extremo esconde en su exacerbado discurso intereses que van más allá de una utopía libertaria. Todo sujeto, grupo o facción política que combate a una dictadura cruel y despiadada, al argumentar su discurso y exagerar sus prácticas en la acción política, corre el riesgo de convertirse, en el transcurso de esa acción, en lo mismo que combate de su enemigo: esto es, la bestialidad que representa.

Si bien es cierto que la política es la lucha por el poder, no es menos cierto que esa confrontación (en el caso de acceder al poder) le otorgue derecho alguno de producir la desunión ciudadana en el transcurso de hegemonizar su proyecto político. Así como la muerte no redime a los hombres de sus pecados, el triunfo no convierte los defectos en virtudes, de modo que todo dirigente que obtenga una posición de poder y con ello provoque o estimule una grieta en el seno mismo de la unión nacional de su pueblo está atentando contra los intereses no sólo de quienes considera sus enemigos, sino de todos los argentinos, piensen como piensen.

Quizás convenga recordar que los pueblos que han desarrollado un pensamiento crítico son aquellos que aplicaron con fervor la lucha por las ideas, aquellas que a su vez son las que estimularon una verdadera conciencia democrática en el núcleo mismo de la sociedad. Estos argumentos son definitivamente los que facilitaron la creación de un sistema institucional con la fortaleza suficiente para que en su interior contenga a todas las ideologías sin que estas atenten contra la democracia, considerada esta como el bien más preciado de los pueblos que aspiran a elegir libremente el modo de sociedad que desean construir.

La compleja realidad que viven los pueblos solamente se resolverá con mecanismos que se encaminen a consensuar intereses e ideas multiplicadoras de políticas que tiendan al bien común de sus ciudadanos, alentando la participación y el compromiso de todos aquellos que anhelan un país mejor para todos. Por tanto, no es cuestión de proponer fórmulas magistrales para resolver los complejos interrogantes que aquejan a nuestro pueblo en general, sino más bien se trata de un conjunto de ideas y reflexiones que ayuden a comprender al menos la problemática de nuestro tiempo.

Viktor Frankl señalaba: “Ser hombre es ser cuestionado. Vivir es dar una respuesta”. Si vivir es dar respuestas, convengamos al menos que esas respuestas tienen validez en un contexto histórico determinado. La labor de la política, al igual que la de los hombres, será la de cuestionar severamente el sistema preestablecido para mediar luego entre los intereses de los diferentes elementos sociales, políticos y económicos, proponiendo a unos y a otros compromisos equilibrados, haciéndoles saber que sus ideas solamente son relativas (y no absolutas) y que tienen validez en ese contexto histórico de la democracia argentina y no en otro.

@vscordamaglia

El autor es psicólogo social. Fundador y actual presidente de la Fundación para la Promoción Social de la Salud (Prossa). Es miembro del Club Político Argentino y autor del blog http://vicentescordamaglia.blogspot.com.ar/.