Según las proyecciones, diciembre se encamina a superar con holgura la barrera de 423 piquetes que significarían cerrar 2016 con más bloqueos que en 2015, período en el que se registraron 6.323 en total.

Al cabo de su primer año de mandato, el Gobierno de Mauricio Macri reafirmó la política del dejar hacer en el espacio público, fundada y fomentada por el kirchnerismo y sus socios. Con el agravante de que la postura política del macrismo en los hechos dista enormemente de las promesas de campaña y las definiciones anunciadas durante los primeros meses de gestión.

En ese sentido, cabe recordar las expresiones bravuconas de la ministra Patricia Bullrich, el pasado mes de febrero, prometiendo "sacar en cinco minutos" a quienes corten calles. Fue tras el anuncio del fallido protocolo antipiquetes, del cual lamento haber preanunciado por aquellos días sus falencias y su impracticabilidad. De todas formas, evidentemente el protocolo carecía del elemento más relevante en cualquier política pública: voluntad política para llevarla a cabo.

En estos días de caos piquetero en la calles de la Ciudad de Buenos Aires y otros puntos del país, resulta preocupante que los funcionarios nacionales y locales tan sólo atinen a transmitir un cándido optimismo de cara al futuro, o bien pedir "un poco más de paciencia", como insólitamente requirió a los porteños su vicejefe de Gobierno, Diego Santilli. ¿Votamos y pagamos el sueldo a autoridades para que nos apacigüen o para que nos resuelvan los problemas?

Tras la aprobación de la emergencia social, los bonos de fin de año y otros suculentos regalos de Navidad que ha repartido el Gobierno nacional, es poco probable que haya desbordes generalizados este fin de año. Curiosamente, otra vez asemejándose al kirchnerismo, en este caso, en materia de cortoplacismo fiscal.

No obstante, es esperable que haya una escalada de nuevos piquetes e incidentes por parte de grupos duros, como la Tendencia Piquetera y el Partido Obrero, que vienen gozando de total impunidad para actuar y son espoleados por sectores políticos opositores.

Con este panorama anárquico que exhibe al epicentro del país tomado casi a diario por encapuchados, no habrá reactivación económica ni paz social duradera en la Argentina. Con gran desilusión, tras las expectativas generadas por el nuevo Gobierno, nuestro país está reconfirmado su rótulo de "inviable" y "poco serio" ante las miradas externas.

¿Quién podría ser tan temerario de embarcarse a desarrollar grandes inversiones, con los riesgos que conllevan, en este contexto? Salvo en sectores altamente rentables, la tan mentada lluvia de inversiones jamás sucederá. Y la explicación no hay que buscarla tanto en la política económica (bastante endeble, por cierto). La respuesta está, en gran medida, en las calles de la Argentina. Donde sigue primando la ley del más fuerte, bajo el amparo de una pasmosa desidia gubernamental.

 

El autor es polítólogo (UCA) y magíster en Políticas Públicas (FLACSO). Director de Diagnóstico Político.