El primer año de Macri deja gusto a poco

Entre videos motivacionales y coaching aspiracional, el Presidente reconfirmó a su equipo

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Ni ella hizo magia, ni él es David Copperfield. Hay que tenerlo claro. Las cosas son como son y no se modifican a fuerza de decreto ni buenas intenciones. El Presidente se puso un ocho. Es evidente que Mauricio Macri no tiene problemas de autoestima. Goza de los beneficios en la personalidad de quien creció con red. "Se generó una expectativa de cambio mágica y de eso hay que alejarnos", arriesgó en el breve retiro junto al mar. Su aseveración parece contradecir el espíritu de sus asesores más mimados y a los que pareció revalidar durante el breve recogimiento.

De la teoría del entusiasmo al chapuzón en la realidad. Macri atribuyó a la ansiedad la brecha entre lo prometido y lo concretado. Su autocrítica quedó en eso. El primer año concluye con gusto a poco. El potro de la inflación no cede, la demanda social anclada en la pobreza y el desempleo impiden bajar el déficit. Sin plata no hay consumo. Sin demanda no hay producción. Sin producción no hay trabajo. Sin trabajo sólo hay más de lo mismo: desigualdad y exclusión. ¿Cómo salir de este círculo vicioso en el que estamos atrapados? Las inversiones tardan en llegar, los "brotes verdes" se secaron en la primavera. Ni Donald Trump, ni Brexit ni Brasil estaban en los planes. El blanqueo trae buenas noticias, pero no alcanza. Entre el endeudamiento externo o darle a la maquinista corre el aumento a los impuestos. La presión tributaria ya asfixia al que trabaja y produce. Si se carga a las mineras, varias provincias patalean. Si van por la renta financiera, dicen que se ahuyenta la inversión y el crédito, que la plata volverá a la divisa verde y al colchón. Los que apostaron al dólar futuro ganaron fuerte. De eso no se habla, o se habla muy poco.

Queda el recurso de gravar el juego, en eso hay consenso, pero los trabajadores de casino temen perder el empleo y se suman al piquete. De la "construcción" a la "transformación". Menos figuración y más gestión. Macri le bajó el precio a las propuestas de Emilio Monzó. El recién revalidado titular de la Cámara Baja quiere más política y menos marketing. Más rosca y menos CEO y SEO. Todo bien: viva la diferencia, pero "no comparto sus críticas" fue la respuesta presidencial.

El jefe del Gobierno sigue confiando en su armado y apuesta fuerte a su estilo. Parece quedarse del lado de @marquitospena y Jaime Durán Barba. No le fue tan mal con los globos amarillos, el timbreo y los posteos en Snapchat. Entre videos motivacionales y coaching aspiracional, el Presidente reconfirmó a su equipo. Y lo hizo tras una semana que fue un tembladeral. La luna de miel fue larga, pero ya se termina.

En vísperas del año electoral todos están recalculando. Los movimientos sociales le arrancaron una ley de emergencia. La tregua navideña es posible pero se paga cash. Los gobernadores tensaron la cuerda y volcaron la reforma electoral, nada de boleta electrónica, que siga el papel. Todos agarrados al poder.

Tampoco hubo consenso alguno en relación con el impuesto a las ganancias. Cada maestrito con su librito. Se llega al debate sin acercar posiciones. Pero Macri se atrinchera en las suyas: "Ya les avisé a los argentinos que no era infalible". El Presidente tomó nota de que el proceso es lento, ladrillo sobre ladrillo y que no está dispuesto a tomar atajos.