La irrupción de Trump cambia los planes para Argentina

Las variables económicas parecían seguir un curso previsible hasta las elecciones legislativas. La victoria electoral del candidato republicano obliga al Gobierno a un replanteo de su hoja de ruta

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Trump ocupará la Casa Blanca
Trump ocupará la Casa Blanca desde el 20 de enero de 2017.

El inminente giro en la política norteamericana con el triunfo electoral de Donald Trump tuvo réplicas en los mercados internacionales. En la región se concretó con bajas en las cotizaciones de acciones, devaluación de las monedas frente al dólar y caídas de los bonos soberanos.

Hasta el miércoles pasado las directrices de la economía Argentina parecían inalteradas: un déficit fiscal estabilizado entre el 7 y el 8 por ciento del PBI, financiado con emisión de deuda; un tipo de cambio con ascenso gradual y probablemente a un ritmo menor que el de la inflación.

La dinámica de precios, en paulatina desaceleración, sugería una transición inflacionaria del 40% anual en 2016 a un 20% para 2017. Para la actividad general había consenso sobre un crecimiento posible de alcanzar en torno a 3% el año próximo. Éstas, entre muchas variables, parecían seguir un curso previsible hasta las elecciones legislativas de 2017. Hoy esa hoja de ruta quedó en una zona de incertidumbre y replanteo.

La pronunciada devaluación del real brasileño fue una señal de alerta en el mercado de cambios local. La demanda de divisas en la plaza mayorista hizo subir al dólar 2,5% en tres días, a $15,35 en las operaciones de comercio exterior. En el mismo lapso el dólar trepó más de 6% en Brasil, a 3,40 reales, y 12% en México, a 20,75 pesos mexicanos. La divisa azteca descendió a su menor valor histórico.

En sus respectivas disertaciones en la 50° asamblea anual de FELABAN, que se celebró en Buenos Aires, Alfonso Prat Gay y Federico Sturzenegger expusieron algunas pautas que, si bien sirven para entender por qué desde la devaluación de diciembre se estabilizó el dólar y se logró el acceso a los mercados internacionales, hoy son insuficientes para prever la dirección de la economía doméstica con un nuevo escenario global.

El ministro de Hacienda y Finanzas ponderó el ingreso de dólares por el blanqueo fiscal. "No se sorprendan que como consecuencia de esta etapa, el sistema financiero termine siendo un 10% más grande", confió. El reingreso al sistema de estos fondos atenuará una devaluación del peso, pero no desactivará la dolarización de carteras en un contexto alcista de la divisa.

Otro concepto de Prat Gay aportó un argumento de peso a la expectativa de estabilidad cambiaria: el Gobierno seguirá apelando al endeudamiento en dólares para hacer frente a compromisos de deuda y continuar con la estrategia de "gradualismo fiscal" para evitar un ajuste abrupto. "Sin acceso al crédito, no se hubiera podido financiar la baja gradual de abultados déficit ni proyectar la extensión de los plazos y la baja de las tasas interés", argumentó.

Esta alternativa, hoy clave en la gestión económica, se reducirá si en el futuro se constatan tasas de interés más altas para las emisiones soberanas y salida de capitales de las economías emergentes. El crédito internacional será más caro y complicará la elusión de un recorte en el gasto público.

El presidente del Banco Central, por su lado, insistió en la necesidad de un sistema financiero que ofrezca tasas de interés reales positivas al ahorrista. Los altos rendimientos en pesos son el principal desincentivo a la tenencia de dólares y así lo promovió la autoridad monetaria este año, con las elevadas tasas de letras LEBAC, que se situaban en 26,25% anual para colocaciones a 35 días, aunque llegaron a ubicarse en 38 por ciento.

Una demanda de dólares activada y mayores expectativas devaluatorias exigirán tasas en pesos altas por más tiempo para evitar una fuga hacia activos dolarizados. Pero con el nuevo escenario internacional la continuidad del "endurecimiento monetario" podría atentar contra la reactivación de 2017.

Sturzenegger enfatizó que las tasas bajarán una vez que lo haga la inflación, por lo tanto, los rendimientos en pesos le van a ganar al dólar mientras la suba de precios continúe como una amenaza para el desempeño de la economía. "Si baja la inflación la tasa de interés baja, si sube la inflación, la tasa de interés sube", sintetizó.

El "ancla cambiaria" para contener la inflación no es un objetivo que avale la actual conducción del BCRA, pero si el dólar consolida la tendencia alcista en el corto plazo agregará un imprevisto condimento inflacionario que obstaculizará la baja de tasas.

Con la presión política de las elecciones de medio término, que postergarán el ajuste fiscal, el BCRA chocará con las limitación de contar con un mismo instrumento para dos fines contrapuestos y simultáneos: estimular la economía y reducir la inflación el año que viene.