Un triunfo que se siente en todo el planeta

Las cartas están echadas. El mundo se deberá ajustar a la nueva realidad. Un outsider de la política es el Presidente n°45 de los Estados Unidos.

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Un outsider de la política es el Presidente n°45 de los Estados Unidos. Es casi la victoria electoral de un hombre solo. No tiene deudas con el Partido Republicano. Un fenómeno que ha sorprendido al mundo por representar una retórica simplista y provocadora que no se ha destacado por su previsibilidad. Las consecuencias se sentirán en todo el planeta. El desconcierto lo expresaron las bolsas de Asia Pacífico que fueron las primeras en reaccionar con estupor. Los bonos del Tesoro a 10 años cayeron 13 puntos básicos. El peso mexicano ha sufrido un gran impacto. El refugio al oro ha sido la respuesta de muchos mercados ante la incertidumbre que plantea el nuevo ocupante de la Casa Blanca a partir del 20 de enero.

Donald Trump, no siempre un político correcto, parece haber cambiado las reglas de juego de la política de Estados Unidos. Ya no funciona ni el paraguas republicano ni el demócrata. El sistema político se enfrenta a una revisión. También deja en evidencia una fractura del mapa étnico social.  A partir de hoy republicanos y demócratas tendrán que hacer un esfuerzo mayor para recuperar la normalidad institucional y restablecer la armonía social.

Es probable que de aquí al momento de llegar al Salón Oval, Donald Trump modere el discurso de muchos temas y slogans controvertidos de la campaña electoral. También el dominio del partido republicano en ambas Cámaras del Congreso hará su parte en la búsqueda de equilibrio y la necesidad de fortalecer la confianza. Sin embargo, difícilmente haga variar el pensamiento central de Trump que parece girar a medias entre el nacionalismo, el proteccionismo y un reposicionamiento en el sistema mundial. Un asesor de Trump, Walid Phares, lo describe como la intención de "reorganizar alianzas".

En materia de política exterior hay más preguntas que respuestas. Hasta ahora se ha mostrado reacio a seguir los consejos de la elite académica tradicional. Ha expresado resistencia a la globalización y escepticismo respecto a uniones internacionales "que nos atan y destruyen empleos e ingresos estadounidenses". Ha prometido el rechazo a los acuerdos de libre comercio en particular el Transpacífico, con la Unión Europea y eventualmente el mismo alcance del NAFTA, con Canadá y México.

En cuestiones de seguridad postula un fortalecimiento del músculo militar para asegurar la primacía como superpotencia. Ha señalado la intención de convocar a europeos y asiáticos para revisar la OTAN y reequilibrar los acuerdos de seguridad nuclear con Japón y Corea del Sur. También se ha comprometido con la "destrucción de ISIS" y el establecimiento de un mejor diálogo con el Presidente Vladimir Putin. Las expresiones de Trump sobre Rusia, de alguna forma, recuerdan al intento de Obama de restablecer las relaciones con Rusia después de la invasión a Georgia en 2008. Las mayores incógnitas de Trump son con relación a China. Ese capítulo puede ser complejo e incluso espinoso.

El discurso con respecto a América Latina ha sido muy genérico, casi inexistente. Las mayores precisiones, algunas muy desafortunadas, han sido respecto a México. El deshielo con Cuba será, lamentablemente, más lento. América Central y el Caribe podrían sufrir los efectos de cambios en materia migratoria. Sin embargo, América del Sur puede representar el epicentro de una atención más madura, en particular con la Argentina. Es muy probable que las relaciones entre Buenos Aires y Washington mantengan la calidad diplomática que ha caracterizado el 2016.

Las cartas están echadas. El mundo se deberá ajustar a la nueva realidad.