Operativo para resetear el peronismo

El Partido Justicialista (PJ) bonaerense se prepara para afrontar una dura pelea en las elecciones legislativas del 2017, que será clave para la estrategia de resetear el peronismo a nivel nacional y apuntar todos los cañones a volver al poder en el 2019

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El Partido Justicialista (PJ) bonaerense se prepara para afrontar una dura pelea en las elecciones legislativas del 2017, que será clave para la estrategia de resetear el peronismo a nivel nacional y apuntar todos los cañones a volver al poder en el 2019.

Históricamente, el PJ bonaerense siempre fue el núcleo del peronismo, el punto de partida a partir del cual luego se organizaban las estrategias de poder a nivel nacional con su candidato correspondiente. Por primera vez en 30 años, el PJ no tiene ni un presidente ni un gobernador bonaerense propios. En 1987, Antonio Cafiero rompía con la hegemonía del tándem radical (Raúl Alfonsín presidente, Alejandro Armendáriz gobernador) y asumía un peronista en La Plata. Luego vino Carlos Menem en la Casa Rosada y cuando el radical Fernando de la Rúa asumió la primera magistratura, debió convivir con un gobernador peronista como Carlos Ruckauf.

Hoy no hay gobernador ni presidente peronistas y los intendentes bonaerenses son sus propios jefes. Los intendentes más nuevos, así como los que se suman a la idea de una renovación interna, tienen dos certezas: en primer lugar, que tienen que darle pelea al oficialismo en las elecciones del año próximo; nada de hacerse los distraídos ni de buscar ganar en el municipio y acordar con el macrismo por debajo de la mesa, a cambio de obras u otros favores.

En segundo lugar, saben que el oficialismo no quiere que el PJ tenga un mayor protagonismo en los comicios legislativos, sino que prefiere que permanezca dividido en las distintas corrientes por adentro y por afuera del partido.

Para el equipo de María Eugenia Vidal, el mejor escenario es que el peronismo vaya dividido en tres facciones: el massismo, el kirchnerismo con Cristina Fernández o Daniel Scioli a la cabeza, y un tercer sector que responda a los dirigentes que quieren volver al PJ y archivar la sigla FPV.

Pero los intendentes peronistas son conscientes de cuál es el negocio de Cambiemos y por eso promueven por estas horas una interna dentro del partido, a nivel provincial. Imaginan una disputa que acapare gran parte de la atención de la opinión pública y del votante de la provincia entre Daniel Scioli, por el kirchnerismo y Florencio Randazzo, por la renovación.

La reedición de la frustrada interna presidencial del 2015 en el Frente para la Victoria (FPV) tiene dos perspectivas claras. Si Randazzo gana esa interna, el peronismo ortodoxo se habrá sacado de encima la mochila del kirchnerismo e irá en busca de ganar o al menos hacer un digno papel ante el oficialismo en la provincia. Con ese escenario, se habrá depurado el PJ y la renovación del peronismo estará en marcha.

Si, en cambio, el que vence es Scioli, se ganará nuevamente un lugar en el PJ provincial e irá por la hazaña con la que sueñan los sciolistas que aún son fieles al ex gobernador. Ganar en la provincia o perder por muy poco con los candidatos de Cambiemos y quedar posicionado para el 2019. "Nosotros lo único que queremos es sacarnos de encima al kirchnerismo y crear una alternativa lejos de Sergio Massa. Ni Cristina, ni Scioli, ni Massa", sostiene un avezado dirigente justicialista.

El macrismo prefiere que no haya interna y, si la hay, que la gane Scioli. En algún momento había fantaseado con alimentar una tercera corriente peronista con Randazzo para que fuese por afuera, rompiese con los K y compitiese con Scioli y con Massa, dividiendo así, aún más, al peronismo. Pero entendieron que de esa manera podrían estar "alimentando un monstruo" como Randazzo, que después se convirtiera en el rival peronista en las generales del 2019.

"El error que cometimos con Massa, de terminar financiándole su campaña política desde la provincia de Buenos Aires (por los cargos y el manejo de fondos que hoy tiene el Frente Renovador en la Legislatura bonaerense) no podemos volver a cometerlo con otro peronista, llámese Randazzo o quien sea", bramó un operador del PRO.

Si la idea de la gran interna avanza, el problema lo tendría Sergio Massa, que deberá salir a competir, tal vez en una alianza junto a Margarita Stolbizer, u optar por automarginarse de la disputa, con el riesgo de perder bancas de legisladores provinciales y nacionales, y de quedarse sin el trampolín que, como en el 2013, lo lanzó hacia la carrera presidencial.