Parecería que está de moda matar mujeres. No se trata de un fenómeno novedoso, claro está, pero sí es cierto que a cada momento histórico corresponde una expresión social de las relaciones que ese régimen promueve o permite. Por ejemplo, durante los siglos XV y XVI, en Europa central, pero también en algunos lugares de Norteamérica, se llevó a cabo un genocidio de mujeres que, acusadas de brujas o de sostener el demonismo, fueron asesinadas en un número superior a los nueve millones, en su mayoría a través del fuego de la hoguera. Las causas materiales de ese genocidio pueden buscarse en la necesidad de disciplinamiento necesario para imponer un régimen de trabajo y un sistema de conformación de la propiedad campesina que se oponía al trabajo ocioso o a un régimen de libertad individual (que podría asimilarse al de la persecución a los gauchos), debido a la dispersión de las mujeres luego de la peste negra que había asolado a Europa. Silvia Federici, en su libro Calibán y la bruja, defiende la teoría según la cual "la caza de brujas está relacionada con el desarrollo de una nueva división sexual del trabajo que confinó a las mujeres al trabajo reproductivo" y, en concreto, con los inicios del capitalismo, que requería acabar con el feudalismo y aumentar el mercado de trabajo, eliminar la agricultura de subsistencia y cualquier otra práctica de supervivencia autónoma ligada en ocasiones a tareas agrícolas en terrenos comunales. Federici sostiene que la irrupción del incipiente capitalismo fue "uno de los períodos más sangrientos de la historia de Europa". Por otro lado, las supuestas brujas eran, en un gran número, mujeres ancianas o de sectores de prominente debilidad física, inadecuadas para la nueva etapa de las relaciones sociales capitalistas. Este recordatorio intenta mostrar cómo la violencia contra la mujer tiene causas históricas antiguas.

Pero también trata de señalar que a cada régimen corresponde una expresión de sus contradicciones. Como ocurre hoy mismo, frente a nuestra narices, cuando el desarrollo capitalista podría suponer la armonía en las relaciones entre hombres y mujeres como trabajadores, incluso como explotados, si se tuviera una visión idílica del régimen burgués. Pero ya Walter Benjamin había señalado, en sus Tesis de filosofía de la historia: "No hay documento de cultura que no lo sea al mismo tiempo de barbarie". Y así, la "evolución" a la que asistimos históricamente oculta, con diversos métodos, el rapiñaje del propio régimen, en tanto su base es la explotación. Hoy, la descomposición social capitalista lleva a que el carácter de dominación y sojuzgamiento se introduzca de manera fatal en las relaciones personales mismas que produce el patriarcado. Esto es, con tristeza y con furia, comprobable.

Cada año, según cifras oficiales de la ONU, entre 1,5 y 3 millones de mujeres y niñas pierden la vida como consecuencia de la violencia o el abandono por razón de su sexo. Es decir, cada dos o tres años el mundo alcanza las cifras de muerte que produjo el nazismo con el pueblo judío. No se trata en absoluto de minimizar a Auschwitz, sino de mostrar la gravedad de cómo el mundo actual destina a mujeres en cantidades hacia la muerte. Las razones se podrían estimar en algunos de estos puntos:

-Sociedades como la china, o varias otras, donde el nacimiento de un varón es preciado como una virtud y el de una niña, como una falencia, lo que lleva al infanticidio en abundantes casos.

-El abandono de niñas enfermas en función de brindar salubridad a sus padres o sus hermanos en sociedades atravesadas por el hambre y las penurias sociales, como varias de las africanas.

-La concepción de la propiedad sobre la mujer en sociedades atrasadas, que impulsan que el libre ejercicio de la sexualidad por las mujeres pueda ser castigado por no obedecer el mandato familiar de su destino.

-De manera brutal, el tráfico de mujeres internacional para la explotación sexual, que la ONU estima en cuatro de millones de mujeres por año "exportadas" en su condición de objetos a naciones, principalmente, europeas, provenientes de regiones atrasadas. Este tráfico de mujeres para la trata también es denunciado como masivo en América Latina y podría tener un resguardo importante en casos emblemáticos como el de Ciudad Juárez, donde el femicidio está asociado no sólo con el tráfico sexual, sino con el uso objetual de las mujeres como trabajadoras de las maquiladoras.

-El femicidio, como el que ocurre de manera masiva en la Argentina semanalmente, como ese femicidio que se posa sobre la vida de una piba llamada Lucía, de 16 años, para acabarla mediante una violencia bestial que no podría ser considerada solamente como patológica para sus criminales, sino que indica un grado de descomposición del régimen imperante que produce que el hombre, en términos patriarcales, reproduzca la violencia de la explotación capitalista sobre el cuerpo de las mujeres, sobre las que actúa no sólo como un monstruo, sino también como aquel "burgués, pequeño, pequeño" que mostraba aquella clásica película italiana. Como el dueño de su vida y de su muerte.

Desde hace un par de años la Argentina vive un proceso fenomenal de movilización de las mujeres para defender sus propias vidas y sus derechos. De eso se trataron las dos convocatorias del #NiUnaMenos y también fue su expresión en el último Encuentro Nacional de la Mujer, realizado en Rosario, al que asistieron setenta mil mujeres, como no habían concurrido nunca antes, en 31 años de convocatorias. Ahora convocan a que se realice un esfuerzo más en defensa de la vida de las mujeres en este país.

Inspiradas en otro país, Polonia, donde el aborto es legal pero cuya presidente, mujer, quisiera ilegalizarlo (esto también es una señal de que no se trata tan sólo de protagonistas femeninas, sino de representantes políticos de un régimen, ¿o por qué, si no, habría que pensar que la Argentina tuvo avances para la mujer con ocho años de presidencia de una mujer como Cristina Fernández, enemiga del aborto y de los derechos femeninos?). Por eso, las mujeres polacas realizaron una huelga general femenina con manifestaciones que paralizaron al país, y lograron que, entonces, el proyecto de anulación del aborto retrocediera.

Las organizaciones de mujeres convocan a un paro general de mujeres para el miércoles 19. Para que se realice entre las 13 y las 14 horas. Y para movilizarse luego al Obelisco. Son conscientes de que las direcciones sindicales burocratizadas, patoteriles y machistas no accederían a poner entre sus reivindicaciones este punto. Por eso se tratará de una convocatoria desde la base.

Para que no las maten. Para que las mujeres vivan. Por ni una menos. Una vez más, es el turno de que la sociedad se pronuncie por su mitad, mayoritaria, oprimida, para que no sea oprimida ni asesinada nunca más.