La autora es la directora de Educar 2050

La evaluación estandarizada de los alumnos argentinos, tema sensible si los hay, está tomando un protagonismo inédito este último trimestre.
Esta semana se pone en marcha el Operativo Nacional de Evaluación Educativa con la implementación de las pruebas APRENDER. Por otro lado, el 6 de diciembre se estarán publicando los resultados de la prueba PISA. Los siguientes párrafos buscarán argumentar en favor de la importancia de fomentar y lograr en Argentina una cultura de la evaluación, cuyo objetivo indiscutido es la necesidad de mejorar nuestro sistema de educación.

La nueva prueba APRENDER, de carácter obligatorio, es elaborada por la Secretaría de Evaluación Educativa del Ministerio Nacional de Educación, y acordada con los 24 ministros que forman el Consejo Federal de Educación. La misma se aplica este año a 1.400.000 alumnos argentinos, abarcando todos los estudiantes de los grados 6º de primaria y 5º o 6º de secundaria, y a una muestra de estudiantes de 3º de primaria y 2º o 3º de secundaria. Todos ellos demostrarán sus conocimientos y habilidades en Lengua y Matemáticas, con excepción del 5º o 6º secundario que se medirán además en Ciencias Sociales y Naturales. La publicación de los datos, esperada para principio de 2017, respetará la confidencialidad que establece la Ley de Educación Nacional que indica que no pueden publicarse resultados por escuela ni los nombres de los alumnos, pero si, se publicarán por provincia y municipio, siendo esta una novedad muy auspiciosa respecto de años anteriores.

La prueba internacional PISA, elaborada y administrada por la OCDE cada 3 años desde el año 2000 a estudiantes de 15 años, evalúa habilidades de comprensión lectora, matemática, y ciencias. Se llevó a cabo por última vez en el año 2015, cuyos datos se publicarán este diciembre. En esta última edición participaron 75 países del mundo, siendo los siguientes de América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Mexico, Perú, República Dominicana y Uruguay.

El continuo debate en torno a las evaluaciones estandarizadas ocurre en la mayoría de los países. Se cuestiona el riesgo que se genera de que los sistemas terminen centrando la enseñanza en función de estas pruebas y no en aprendizaje en sentido amplio. Así mismo, se cuestiona la comparabilidad de los resultados debido a la diferencia de contextos socio-económicos de los alumnos. El primer cuestionamiento resulta muy pertinente en aquellos sistemas con tendencia a la sobre-evaluación, pero en el caso de Argentina aplicando solo la prueba APRENDER anualmente y PISA trianualmente, ese riesgo se atenúa profundamente. El segundo cuestionamiento está siendo tenido en cuenta por quienes diseñan ambas pruebas, ponderando ciertos factores de contexto social.

Hoy hay claras muestras en nuestro país de que una cierta proporción de docentes y padres, aún si no pareciera ser la mayoría, objetan con fuerza estas evaluaciones. Sumado a las preocupaciones previamente mencionadas, queda claro que este tipo de evaluaciones pueden generar incomodidad en aquellos municipios y provincias con resultados más débiles. Esto también hace que las objeciones cobren fuerza desde algunos sectores y lugares en particular.

Hay razones suficientes que nos deberían llevar a defender y promover estas instancias de evaluación. Ambas pruebas se diseñan con rigurosidad metodológica y criterios de comparabilidad de alta calidad. Aún así, me detengo para recalcar que es fundamental que la aplicación también se realice con seriedad y honestidad para asegurar la validez de los resultados.

Los diagnósticos son necesarios para diseñar mejores políticas educativas, y a la vez, para que lleguen a las mismas escuelas en tiempo y forma, sirviendo de instrumento en la planificación de la gestión y de los procesos de enseñanza. Además, las evaluaciones permiten obtener suficiente información para que además de los políticos, quienes tienen indudablemente la mayor cuota de responsabilidad respecto del sistema de educación, la sociedad civil pueda asumir el rol de exigir, colaborar, e involucrarse en su mejora. Por último, dando una importancia especial a estas evaluaciones, se genera una mentalidad en la sociedad que indica que la educación importa.

Por todas estas razones, sintamos orgullo si nuestro país toma con seriedad la participación en las pruebas APRENDER y PISA. Apoyemos a los alumnos el día que vayan a rendir, y fomentemos que lo hagan con tranquilidad y responsabilidad. Más aún, celebrémoslo. No olvidemos que la educación la construimos entre todos.