La inconsistencia temporal entre la política monetaria y fiscal

Eliana Scialabba

Guardar

Esta semana, el Banco Central (BCRA) presentó formalmente su programa de metas de inflación, en el que se confirmaron las metas para 2017 (entre 12% y 17% anual), 2018 (entre 8% y 12% anual) y 2019 (5% anual).

Este tipo de programa ha permitido combatir el problema inflacionario en numerosas economías emergentes, y la autoridad monetaria se encuentra encaminada a cumplir con los pilares del programa que tiene como objetivo romper la inercia inflacionaria, comenzando a formar expectativas hacia delante, de acuerdo con el rango de metas estimadas. En este escenario, cuando la inflación se aleje de la meta, el BCRA tiene a su disposición todas las herramientas de política monetaria para controlar la suba del nivel general de precios.

Dado que existe libre flujo de capitales, las metas de inflación predeterminan que el sistema cambiario continuará siendo libre: el tipo de cambio que mantiene en equilibrio la balanza de pagos se fija de acuerdo con la oferta y la demanda de divisas.

Si bien la noticia es muy alentadora, ya que confirma la lucha contra la inflación por parte del ente emisor, el principal problema que se advierte es el "timing", ya que las experiencias exitosas que se mencionaron en la columna anterior llevaron más tiempo que el planteado por la entidad presidida por Federico Sturzenegger.

Por otra parte, debe resaltarse que el presupuesto presentado por Hacienda dista bastante de estar en consonancia con la política monetaria: el Gobierno planea continuar con un elevado déficit fiscal durante los próximos años, que será financiado con deuda y emisión monetaria. Aunque la tasa de crecimiento de los agregados monetarios se encuentra por debajo de los niveles previos, para que las metas de inflación sean consistentes, no debe existir dominancia fiscal, ya que si no, se mina parte importante de la credibilidad necesaria para "torcer" las expectativas inflacionarias.

En este escenario, el Gobierno no tiene mucho margen de acción respecto al financiamiento del sector público. La opción es continuar endeudándose, ya que es imposible recortar el gasto público en un contexto en el que un tercio de la población del país se encuentra bajo la línea de pobreza, según la información publicada esta semana por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Asimismo, para reducir la dominancia fiscal, la opción es que los mercados financien al Tesoro a tasas decrecientes o que la economía crezca para que se incremente la recaudación tributaria. Pero el nivel de actividad no repunta y se achica el margen de maniobra para financiar un creciente gasto.

El segundo semestre parece no haber empezado. La inconsistencia temporal entre la política monetaria y fiscal se ve más agravada por la frágil condición del nivel de actividad y los altos niveles de pobreza, lo que complica cualquier intento de realizar un mayor ajuste. Si bien el barco ya no se encuentra a la deriva, tardará más tiempo del esperado en reencauzar su rumbo.

 

@eli_scialabba

 

La autora es economista (UBA) con posgrado en Economías Latinoamericanas (CEPAL-NU). Magíster en Economía Aplicada (UCA). Consultora económica, investigadora y docente universitaria. Especialista en macroeconomía, economía internacional e industrial y política económica.