Sobre inversores y realidades locales

Christian Joanidis

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La Argentina está volviendo a encontrar su rumbo. Hace unos días, los potenciales inversores se reunieron en nuestro país; de esa forma nos dieron un voto de confianza. El error sería confundir ese gesto con inversiones concretas. Y aun si hubiera inversiones, un país necesita algo más que eso.

El capital o las inversiones no tienen bandera ni sentido de humanidad, eso lo sabemos y, aunque parezca difícil de entender, está bien que así sea. Nos gustaría que el dinero fuera humano y bondadoso, pero no lo es ni lo será, porque se trata de un mecanismo para que aquellos que saben hacer las cosas tengan un premio: los negocios que funcionan subsisten, los otros, no. Es la famosa mano invisible. Quien invierte dinero espera un retorno y eso no es avaricia. Invito a quienes piensen lo contrario a donar su sueldo a caridad. Nadie lo hará, porque todos queremos una retribución por lo que damos: si trabajamos, queremos un sueldo, si invertimos, queremos un retorno.

Atraer inversiones significa que quien confíe su dinero al país espera recibir una retribución que, según sus estándares, sea justa. Dicha retribución, contrario a lo que se cree, no se mide sólo en dinero, sino también en certeza. Para cualquier persona dispuesta a poner a trabajar su capital, Argentina genera muchas dudas y, por lo tanto, sólo se atrae inversión de baja calidad: negocios que pueden deshacerse en meses, poco capital hundido y, sobre todo, alto rendimiento en corto tiempo. Este tipo de emprendimientos no se arraigan en el país y, por lo tanto, no generan empleo de manera sostenible. Generalmente, consisten en importar cosas, ofrecer servicios que pueden cambiar su locación en cuestión de días o en aprovechar capital que ya está hundido. Lo sé, peor es nada, pero ese tipo de inversiones no nos pone en el camino del desarrollo.

Las inversiones que sirven al país son las que generan trabajo para las personas, las que hacen que cada argentino pueda vivir con dignidad, el resto es una cuestión de negocios. Las de calidad, esas que todos los países buscan conquistar, llegan después de muchos años de demostrar que somos un país maduro. Si hemos permitido que el kirchnerismo gobierne doce años, no hay forma de que nadie pueda tomarnos en serio: en la próxima elección podríamos elegir a otro gobierno soviético. Si bien la administración actual está trabajando adecuadamente para restablecer el orden institucional, lleva mucho tiempo esta reconstrucción y todavía más demostrar que es duradera. Ningún inversor en su sano juicio hará inversiones de calidad en nuestro país por los próximos cinco años.

Escuchamos números rimbombantes de empresas que van a invertir millones. Técnicamente son inversiones, o capex, como se llama en la jerga. En la realidad, sólo se está reponiendo lo que se rompe, es decir, se hace el mantenimiento necesario para seguir operando: todo suma, pero lo cierto es que si las empresas sólo sostienen sus negocios actuales, no contribuyen demasiado a la creación de empleo.

Sostengo que el Gobierno se equivoca al poner las expectativas en el dinero que puede venir a la Argentina. Es un camino necesario, pero nadie explica que es algo lento y trabajoso. Se está cometiendo el mismo error de comunicación que con el "segundo semestre": se habla de aquello que puede demorar un lustro como si estuviera a la vuelta de la esquina.

Mientras los ojos del Gobierno están puestos en atraer las inversiones y en corregir la economía, se olvida que el rumbo del país no se traza con decisiones ministeriales, sino con el devenir de los días de todos los argentinos. Sin el apoyo y la convicción de todos hasta el plan más brillante fracasa. El kirchnerismo, sabio en algunos aspectos, creó el relato para alinear a todos detrás de su locura. Hoy, todos parecemos alineados con el Gobierno actual, pero sólo porque queremos estar seguros de que el kirchnerismo desapareció. No hace falta ser encuestador para saber que en la calle no se respira adhesión al Gobierno. Y sin un pueblo alineado, las inversiones nunca llegarán, porque hay un clima de inestabilidad y la incertidumbre no le gusta a casi nadie en el mundo de los negocios.

Mientras el Gobierno parece encauzar exitosamente el frente externo y hasta parece estar controlando un poco más la economía, se olvida de armar el frente interno: en definitiva, lo que sostiene todo lo externo. En pocas palabras, el Gobierno se olvida de la política. Por ahora, todo es reversible, pero en algún momento ya no lo será. Tengo confianza en que Mauricio Macri y sus ministros no permitirán que la soberbia les nuble la vista y sabrán cohesionar a todos los argentinos detrás de una visión, para que caminemos juntos hacia un futuro de dignidad, paz y justicia.

 

@Chrisjoanidis

 

El autor es ingeniero industrial (ITBA) y realizó un MBA en la Cranfield University (Inglaterra). Actualmente es docente en la UCES y el ISSP. También asesora a empresas y gobiernos sobre cómo mejorar la forma en que se gestionan.