
Lo arrincono. Por eso me habla. Mucha gente me pregunta cómo lo logro y es que, a lo largo de estos años, cada vez que lo cruzo con precisión matemática (nada queda librado al azar cuando me entero que viene a la Argentina), Coetzee me habla. La primera vez que vino al FILBA, allá por el año 2011, comencé acosando a los organizadores del festival para que me concedieran unos minutos con él. Preparaba en ese entonces mi tesis doctoral sobre la obra del Nobel comparándolo con su coterráneo Breyten Breytenbach. Fue durante una lectura privada en la librería Eterna Cadencia, a la que había sido invitada con mucha bondad, que lo arrinconé –literalmente– en un pequeño espacio en el que quedó atrapado entre una escalera de madera, la pared y mi persona. Allí le conté, sin que me dijera una sola palabra, mi proyecto de tesis. Como única respuesta a mi pregunta sobre qué le parecía obtuve un "No" gestual de su cabeza. Ante la pregunta "¿Cambio de rumbo?", asintió. Ese día no logré que me hablara.
Literatura del sur
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Como era de esperarse, le hice caso y dejé la tesis. Más bien, la cambié y comencé a trabajar en sus novelas autobiográficas. Volvimos a vernos. Le conté todo. Esta vez se mostró más interesado y respondió "Ahá". Los caminos de la vida me llevaron por otros lados y dejé mi tesis doctoral luego de haber escrito más de 300 páginas sobre quién es para mí el autor más contundente del siglo XX. Y para mi gran suerte, John vuelve una y otra vez a la Argentina. Lo traen dos proyectos bellísimos de la Unsam: un taller de escritura en cárceles y la cátedra Coetzee de Literaturas del Sur, que dirige él mismo y que, sin interrupciones, ha presentado a escritores australianos y africanos en los meses de mayo y septiembre, desde 2015. La cátedra, coordinada por la magistral calidad humana y académica de Anna-Kazumi Stahl, no termina en el encuentro con los escritores, sino que, además, sus obras son traducidas al castellano, lo que da, así, un cierre (y una apertura a la vez) a un tipo de literatura que muy difícilmente llegaría a nuestro país. Obviamente los alumnos estamos convocados a escribir un trabajo final del seminario, con todas las características formales del caso.
Han pasado por este espacio autores como los australianos Delia Falconer e Ivor Indyk, Gail Jones y Nicolás José. De estos últimos recomiendo mucho Cinco campanas, de Jones, y Rostro original, de José; ambos publicados por Unsam Edita. Por el lado de África, hemos conocido autores maravillosos, como Zoe Wicomb e Ivan Vladislavić. Cada uno de estos escritores ha sabido dar cuenta de la realidad de la que se desprenden sus textos, la pertenencia al hemisferio sur, los lazos invisibles que acortan distancias entre nuestras culturas.
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Corazones no tan distintos

En estos días asistimos al seminario sobre África austral. Antjie Krog, reconocida poeta sudafricana, nos deleita con un lenguaje fuera de lo común y una mirada sobre ese complejo país que estremece y conmueve. Su novela más conocida es Country of my Skull, que pronto será publicada en español. Por otro lado, nos visita el mozambiqueño Mia Couto, biólogo y escritor —tal vez el más importante de su país— que describe Mozambique con la precisión de un científico y la profundidad del poeta. ¿Mundos alejados? Tal vez. Antjie lee en zulú y es un desconcierto atrapante, y Mia habla un portugués transparente y musical. Ambos conocen el horror de la guerra y la colonia, saben del espanto del terrorismo de Estado y de la fuerza viva de artistas que, a pesar de todo, se arreglaron para que su obra los trascienda. Mia contaba en una de sus clases acerca de varios autores que murieron en prisiones o campos de concentración sin ver sus obras publicadas. Y hoy aquí, en Buenos Aires, los leemos y renacen.
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#CátedraCoetzee: encontrá en la #BCUNSAM los libros de Antjie Krog y Mia Couto de la #ColecciónLetras de @UNSAMedita pic.twitter.com/t9pD1hMUsq
— Biblioteca Central (@BC_UNSAM) September 16, 2016
Mis charlas con Coetzee siguen viento en popa. Cuando le hablo me contesta, e incluso responde mis correos. El otro día me contó que acaba de entregar una novela que saldrá en agosto del 2017. Me reconoce indiscreta y se ríe un poco de mi nerviosismo cada vez que le hablo. Sabe muy bien que cuando conversamos me invade el corazón una mezcla de reverencia, que sé que le molesta, admiración desaforada por todo lo que hace, que creo lo asusta, y un respeto por su obra y su tarea de difusor de culturas entre nosotros, los del hemisferio sur, que lo tranquiliza. La cátedra Coetzee sobre Literaturas del Sur continúa y espero que por mucho tiempo. Sueño, por qué no, con replicar estos seminarios en Australia y África y que sean nuestros autores quienes cuenten por aquellos pagos que no estamos tan lejos, que nuestras sendas se cruzan y que nuestros corazones palpitan a la par.
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Descargate la app de Grandes Libros (disponible para iOS y Android) y opiná sobre los de libros de J.M. Coetzee.
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