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En la segunda semana del Dakar el cansancio comenzó a dar sus primeros síntomas que el cuerpo no logra asimilar. Los dolores lumbares, la falta de sueño y los bruscos cambios de temperatura son factores que alimentan al fastidio generalizado.

Los intensos controles antinarcóticos, en donde los perros olfatean a todo el equipaje de los periodistas intentan evitar que se vuelva a repetir el episodio que ocurrió hace unos años cuando colegas de Europa quisieron llevarse marihuana para el consumo personal.

Así, antes de emprender el viaje en un Hércules de la Fuerza Armada de Bolivia, Uyuni vibró con la llegada de los pilotos, en la última escala del altiplano.

La Avenida Potosí se convirtió en un desfile de vehículos ovacionado por la afición. El resto de las calles de asfalto pasaron a ser peatonales curiosas con diversos atractivos para grandes y chicos.

La oferta gastronómica basada en frituras invitaba a probar unos bocados tradicionales, aunque los platos más deliciosos se encontraban en los comercios locales, con sus habituales carnes de llama.

Para los niños, la posibilidad de tomarse fotografías con animales ficticios y reales completaba el circo callejero. Ponys, llamas, osos, tigres y hasta el propio Mowgli, de El Libro de la Selva, recibían a los infantes para que éstos se queden con el recuerdo de la velada.

Como la llegada del Dakar canceló el libre tránsito para evitar accidentes, el único método para conocer el atractivo más importante de la ciudad consistió en una visita nocturna.

Tras la llegada del último camión al Regimiento Loa, donde se instaló el campamento, la propuesta consistió en atravesar los 14 kilómetros que separan al centro del Salar.

Los tres grados que marcaba el termómetro, el viento y el agua no significaron ningún inconveniente para sentirse cerca del cielo. Miles de hectáreas blancas, en donde el horizonte desaparece entre las nubes y la sal hacen a uno suponer que la llegada de San Pedro podría concretarse en cualquier instante. Si al paisaje se le hubieran sumado unos ángeles interpretando melodías con sus arpas, posiblemente se creería que el lugar pertenece al paraíso relacionado con la vida después de la muerte.

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El contraste se dio en el camino a Salta. Las malas condiciones obligaron a la delegación a permanecer varada durante 5 horas en un aeropuerto con goteras y falta de conectividad. El alud en Jujuy, que dejó al menos dos muertos y centenares de familias evacuadas, provocó un caos generalizado que rápidamente instaló el recuerdo de lo sucedido en Oruro.

El atasco de los vehículos de asistencia y la cancelación de la novena etapa de la competencia atentaron contra la conformidad que había dejado Bolivia. En el regreso a la Argentina, las adversidades del clima volvieron a tener un protagonismo fundamental para que la amenaza del  abandono intimide a los protagonistas. Sólo los valientes llegarán a Chilecito.

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