Camara Argentina de Comercio y Servicio 1920 (3)La Cámara Argentina de Comercio y Servicios, con sus 93 años de vida, es una entidad sin filiación política, pero que siente la responsabilidad de expresar su opinión cuando lo que está en juego es el bien común de nuestro país.

Consideramos que la Argentina atraviesa momentos difíciles y decisivos. Pareciera que no hay conciencia en buena parte de nuestra sociedad de que la crisis de las últimas décadas hizo estragos casi irreversibles. No son insolubles el déficit fiscal, la inflación reprimida, la liquidación de las reservas del BCRA, la pobreza, la indigencia, el narcotráfico, la drogadicción y la inseguridad. Tampoco son irreversibles el deterioro educativo, el aislamiento internacional, la intolerancia, el revanchismo y el debilitamiento de la división de poderes que se instalaron en años anteriores. Estas son cuestiones que podrían tener solución en el corto o mediano plazo.

Hay un hecho de mayor gravedad: es la mutación de la naturaleza cultural, moral y ética en alguna parte del pueblo argentino, de una desintegración de valores vinculados a la falta de respeto por la ley, a una visualización del adversario como enemigo, a la destrucción de la cultura del trabajo, a la expansión de un comportamiento corrupto, que se extiende desde lo más encumbrado de la sociedad hasta las capas más humildes. La honestidad, la verdad, la responsabilidad ya no son patrimonio cultural de la Argentina. Este es un daño premeditado: modificar los valores y el sentido común de la gente, es el objetivo que está en la mente de quienes hacen culto de la intolerancia. Tal perjuicio requerirá, para su reversión, al menos el paso de más de una generación.

La apología de un pasado violento y la falta de respeto hacia las instituciones republicanas por parte de algunos, la especulación electoral, el desorden público generalizado, las huelgas desnaturalizadas por apetencias políticas, son solo una síntesis de un clima que nos perjudica y afecta a todos los argentinos, provocando desazón e incertidumbre, tanto hacia adentro como desde fuera de nuestro país.

Parece estar en peligro la unidad misma de la Nación. La división y la exclusión de quien piensa diferente está predominando. Lo que está en juego no es poco y requerirá una actitud y conducta de grandeza por parte de la dirigencia empresaria, sindical, política y social, así como de los poderes de la República en sus tres expresiones.

Necesitamos terminar con los profundos desencuentros que sufrimos por décadas y detener la escalada desestabilizadora en curso.

No se trata de hacer todo lo que el Gobierno propone. Se trata de ayudarlo a hacer lo que debe.