
Pensar en ecología, pensar la sustentabilidad, es identificar al plástico como enemigo. El "séptimo continente", "la isla de basura", "la isla tóxica", "plastisfera" o "la gran mancha de basura del Pacífico", según diversos bautismos, comprenden el mismo fenómeno: advertir una malformación geográfica de un tamaño incalculable, efecto de la desidia humana. Las botellas de plástico son una amenaza ambiental. Skipping Rocks Lab es una propuesta que revolucionaría las formas de consumir bebidas.
La idea nació de la necesidad. Ocho millones de toneladas de plástico desembocan en los océanos cada año, a un ritmo de 200 kilos por segundo. Según estimaciones de la Fundación Ellen MacArthur, para 2050 habrá más cantidad de plástico que de peces. La necesidad se transformó en urgencia. Por eso tres ingenieros crearon una startup que promete atacar esta problemática: "agua que se come" como alternativa ecológica a los envases plásticos.

Ooho! es su primer y único producto. Consiste en un envase comestible, biodegradable, flexible, esférico, burbujas que contienen agua. Y que para beberlas hay que morderlas. "Es una alternativa de envasado sostenible a las botellas y vasos de plástico, hecha a base de un extracto de algas. Es totalmente biodegradable y tan natural que realmente se puede comer", explicaron los responsables de esta creación: Rodrigo García González, Guillaume Couche y Pierre Paslier, integrantes de un proyecto de la Instituto Europeo de Innovación y Tecnología que opera desde el Colegio Imperial de Londres.
Una membrana de algas y cloruro -garantizan un bajo impacto ambiental- se explota en la boca de los sedientos, sin intervenir con texturas o sabores diferentes. Sus dos capas gelatinosas son también higiénicas y resistentes al contacto normal. Pero se descomponen automáticamente si después de seis semanas no se consumen. "Nuestro envase es más barato que el plástico y puede encapsular cualquier bebida como agua, refrescos, bebidas espirituosas e incluso cosméticos", agregaron los ingenieros, que ya están trabajando sobre versiones con sabor a jengibre, naranja y menta.
The ooho effect ⚪️ 😃#wateryoucaneat
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El proyecto demandó tres arduos años de trabajo. Skipping Rocks Lab fabrica dos mil cápsulas Ooho! por día, pero aspira a multiplicar esa cifra y otorgarle mayor vida útil al producto. Lanzaron recientemente una campaña de crowdfunding que rápidamente sobrefinanciaron: esperaban reunir 400 mil libras y ya alcanzaron duplicar la recaudación. Aspiran comercializarse entre corredores de maratones y contemplar encapsular alcohol para potenciar la utilidad de las bolsas biodegradables. El objetivo, claro: acabar con la contaminación y la producción de plástico.
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