La llegada del huracán Irma produjo faltantes de productos. (AFP)
La llegada del huracán Irma produjo faltantes de productos. (AFP)

En esta época del año es cuando zonas tropicales reciben visitas no queridas de huracanes. Hace pocas semanas, el huracán Harvey tuvo efectos devastadores en Houston, la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos y, en estos días, la huella del huracán Irma y su posible traza, ha sido motivo de amplia cobertura mediática a nivel local e internacional.

Con motivo del inminente paso del Irma por el estado de Florida, tanto la Procuradora General de ese estado, Pam Bondi; como del propio Gobernador, Rick Scott; durante los procesos de evacuación, anunciaron la creación de una línea telefónica de emergencia para denunciar aumentos de precios en bienes y servicios indispensables para afrontar la emergencia. Se refirieron a "actos criminales" para calificar el obrar de proveedores de agua, nafta, y otros commodities cuyas ofertas excedan el promedio de precios para esos bienes en situaciones normales. Advirtieron que correrán la misma suerte quienes ofrezcan alquileres de viviendas en similares términos, incluso hasta treinta días antes de declarada la emergencia y las multas ascienden hasta 25.000 dólares.

Con estas medidas, la administración de Scott está condenando a los evacuados a lidiar con complicaciones adicionales a los problemas que ya trae consigo el evento climático. Los precios fijados artificialmente por debajo del precio de mercado, produce inexorablemente faltantes. Dieron sobrada cuenta de ello las redes sociales a través de las fotos tomadas en estaciones de servicio y supermercados ubicados en el perímetro de la zona de emergencia. Las imágenes mostraban góndolas y surtidores sin existencia de los bienes afectados por la medida. En estas situaciones, el mercado negro termina abasteciendo con los productos faltantes (incrementando, claro, un adicional en el precio debido al riesgo de operar ilegalmente).

Los controles para garantizar el abastecimiento en Florida terminan generando un mercado negro

El mercado debe ser libre para establecer un sistema de precios que asigne correctamente los siempre escasos recursos. Por eso, más que nunca, en situaciones de emergencia resulta crítico que el mercado tenga plena vigencia. El aumento del precio de estos commodities constituye el llamado necesario para que, en el caso del huracán Irma, proveedores de otros estados, acudan al rescate de Florida. Esta provisión adicional hará también que el precio del bien en cuestión, tienda a bajar.

Durante esta situación desgraciada, ocurre algo similar con el alojamiento temporario. Los hoteles son obligados a no aumentar sus tarifas por alojamiento sin percatarse que, en condiciones de precios libres, se hubiera atraído a dueños de inmuebles particulares para alistar sus activos como oferta habitacional mejorando los precios ofrecidos por los hoteles.

A quienes venden paraguas en un día de lluvia o repelente de mosquitos en verano, se los acusa de abusadores y oportunistas. Existe una gran hipocresía en esto. ¿Acaso no todos ofrecemos bienes y servicios que otros necesitan? Trataremos siempre de hacer mejores negocios y encontrar oportunidades. Si al muchacho que vende paraguas se le impone un precio tope por debajo del precio de mercado, pues entonces el joven no estará dispuesto a hacer la transacción y no habrá paraguas el día de lluvia. Mientras más vendedores de paraguas haya durante los días de lluvia, más gente podrá tener reparo del agua a un precio más accesible.

Imponer precios topes por debajo del precio de mercado terminan desalentando las transacciones

En estas emergencias, habrá gente que no pueda pagar por un galón de agua pero, manteniendo los precios libres, se acota dramáticamente la cantidad de personas que necesitará de ayuda. La política de intervenir coactivamente los precios es un camino tentador para los políticos porque aparenta un logro épico-populista pero, en realidad, pone a la inmensa mayoría de los afectados, a padecer el faltante de un bien necesario. Los afortunados serán los pocos que logren abastecerse primero alzándose con toda la existencia.

El ajuste de los precios también permite racionalizar la existencia del bien y destinarla para usos prioritarios, evitando así que sus titulares lo usen con finalidades que, dadas las circunstancias son suntuarias.

De más está decir que el papel de la solidaridad privada es sobrecogedora y siempre da el presente desde todos los sitios imaginables del globo. Las organizaciones ya constituidas, como la increíble obra del Ejército de Salvación y tantas otras de la categoría; las corporaciones y hasta las obras caritativas conformadas al efecto, demuestran la inmensa compasión, determinación y efectividad del ser humano en acción y asociación voluntaria. Tal es el caso reciente de J.J. Watt, jugador de la NFL por Houston Texans, quien impulsó una ayuda de 200.000 dólares para los damnificados de las inundaciones del Harvey y recaudó finalmente en pocos días, más de 29 millones de esa moneda. Todas estas obras contrastan escandalosamente con la ineptitud, desidia (y muchas veces corrompida) gestión estatal para manejar estos temas, como evidenció el vergonzoso caso de la gestión de Nueva Orléans por Katrina.

 

(*) Bertie Benegas Lynch es Magister en Economía y Administración de Empresas