
Era el 29 de enero del año 2000, durante una helada mañana en Davos, Suiza. Ante un auditorio repleto de inversores, el flamante presidente argentino, Fernando de la Rúa, prometía con entusiasmo hacer todos los esfuerzos para "llevar al país al investment grade". La historia ya es conocida. Lejos de llegar a la calificación más alta posible para conseguir fondeo barato, sucedió el desastre y la deuda entró en default por casi USD 100.000 millones.
Pasaron más de 17 años y aquella promesa pasó a la categoría de tabú: nadie nunca más se animó a hacer promesas de esas características para no quemarse en el camino, como le pasó a De la Rúa. Hasta ahora. En las últimas semanas se sucedieron una serie de expresiones que vuelven a la carga con esa gran esperanza de acceder a la categoría de "grado de inversión". Esto permitiría al Gobierno y especialmente a las empresas financiarse mucho más barato y viabilizar una gran cantidad de inversiones reales que todavía son esquivas. Así, la Argentina se volvería mucho más competitiva, más allá de los vaivenes cambiarios.
El titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, no dudó en aseverar entusiasmado hace un par de semanas: "El Gobierno le pone proa al investment grade". Pero no es el único. El ministro de Hacienda Nicolás Dujovne también lo comenta entre sus íntimos y su expectativa es que en un par de años la Argentina no pague más tasa que Brasil a la hora de financiarse en los mercados.
Pero esta esperanza dejó de ser exclusiva de funcionarios. También banqueros y empresarios comienzan a soñar. Uno se animó a hacerlo explícito. El presidente del HSBC Argentina, Gabriel Martino, señaló que "si el Gobierno hace las cosas bien y la economía retoma el crecimiento con baja del déficit, la Argentina llegará a ser investment grade".
La meta, sin embargo, luce lejana. En la "sopa de letras" de las calificaciones la Argentina está cinco puntos debajo del grado de inversión, aún luego de la mejora de la nota que recientemente decidió Standard and Poor's (desde B- a B). Algunos países latinoamericanos integran esa lista privilegiada: encabeza Chile, pero también aparecen Uruguay y México. Brasil, en cambio, lo había conseguido pero luego perdió ese estatus por la caída de la economía y los conflictos políticos. La Argentina, que salió el año pasado de un nuevo default en el 2014, comparte la calificación pese a la mejora con países como Angola, Bosnia y Camerún, Cabo Verde y Ecuador. Pero superó a Grecia.
Los analistas de Wall Street aseguran que deben pasar muchas cosas para conseguir ese ansiado objetivo. Pero la más importante será como mínimo reducir el déficit fiscal al ritmo comprometido por Dujovne (un punto por año, llegando al equilibrio en 2021) y sostener el crecimiento como variables imprescindibles. Pero también, y un tema no menor, mantener el rumbo de la política económica después de las elecciones presidenciales de 2019.
El Central anunció que intensificará su política de acumulación de reservas porque además es una de las exigencias de las calificadoras para mejorar la nota de un país. Así, explican, se reduciría el impacto de shocks externos sobre el tipo de cambio y la actividad económica. Pero en este caso todo indica que el objetivo está más relacionado con ponerle un piso al dólar, algo que se logró en abril luego de compras de la autoridad monetaria por USD 2.000 millones al Tesoro.
Por lo pronto la luna de miel de los mercados con el Gobierno de Mauricio Macri sigue a pleno. El Presidente sumó esta semana el respaldo de Donald Trump y promesas de petroleros por intensificar sus apuestas en Vaca Muerta. La promesa de apertura del mercado norteamericano para la exportación de limones es más bien simbólica. La cifra no superaría los USD 10 ó 15 millones en el primer año.
La caída de más de 7% del riesgo país en el mes es también un síntoma claro del apetito de los inversores que se vuelcan por activos argentinos. Este indicador quedó a punto de perforar los 400 puntos básicos, el menor nivel desde 2007.
Esto significa una baja del costo del crédito para el país. Córdoba, por ejemplo, acaba de emitir deuda a diez años y pagó una tasa de 6,8% anual. Y todos los títulos emitidos por provincias a tasas cercanas a 9,5% hace un par de meses, como Tierra del Fuego, La Rioja y Chaco, ya rinden alrededor de 8%.
Pero mientras a la Argentina la inundan de dólares, se vuelve urgente cambiar la composición de ese verdadero aluvión. En lo que va del año, el 80% de lo que entró corresponde a emisión de deuda del sector público (USD 12.000 millones). Luego aparecen los capitales de corto plazo para subirse a la bicicleta financiera aprovechando las tasas altas en moneda local (USD 1.600 millones en el primer trimestre) y recién después las inversiones extranjeras directas (sólo USD 700 millones).
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