Mariano Otero, CEO de Uber Argentina, es economista de la UBA y estudió en la Universidad de Stanford.
Mariano Otero, CEO de Uber Argentina, es economista de la UBA y estudió en la Universidad de Stanford.

Uber desembarcó en la ciudad de Buenos Aires a fines de marzo, y en los casi ocho meses que está en territorio argentino, la empresa recorrió (y sigue recorriendo) las calles porteñas a través de sus conductores, más de 1.000 por semana que hacen viajes con la aplicación.

El gobierno de la Ciudad sostiene que no cumple con el código de transporte, los sindicatos de taxistas se pusieron en pie de guerra con protestas, demandas y el ya conocido slogan "¡Fuera Uber!" y la mayoría de emisoras de tarjetas de crédito bloquean el pago a través de la aplicación por una orden judicial.

Bajo este panorama, la compañía festeja el fallo favorable que determinó que conducir autos para Uber no es ilegal, aunque es autocrítica sobre sus primeros pasos. "No fuimos lo suficientemente proactivos para trabajar con el Gobierno en algún tipo de regulación o estructura que nos permita funcionar completamente", admite ahora Mariano Otero, gerente general de Uber en la Argentina.

En una entrevista con Infobae, asegura que la empresa está inscripta en el país con 20 empleados y dijo que están abiertos al diálogo tanto con funcionarios como con sindicalistas. Y destacó: "Uno no puede operar con éxito si tiene la contra del Gobierno. En ese sentido, pedimos que se empiece a debatir cuál es la regulación que tiene sentido".

–Qué balance realiza de los casi ocho meses de Uber en la Argentina?
–Vemos un gran interés por el servicio y potencial para seguir desarrollándolo. Trabajamos para que crezca la cantidad de socios que manejan y los usuarios que acceden al servicio. Hoy nuestro principal foco es plantear el debate de la movilidad compartida en Buenos Aires y que el servicio pueda adaptarse a las necesidades de la ciudad, que también incluye un aspecto regulatorio.

–¿Por qué la regulación de los taxistas no se ajusta a Uber?
–No es que no se ajusta, es que los avances tecnológicos rompen con las regulaciones existentes. Cuando se pensó la regulación de taxis hace 50 años, la tecnología era una; con la regulación de remises hace 22 años, la tecnología era otra. Hoy en día, tenemos smartphones. Hace 20 años todos se imaginaban autos voladores pero nadie pensaba que íbamos a tener una computadora superpoderosa en el bolsillo. Es cuestión de pensar cuál es la forma de regularnos y que la ciudad se beneficie de un servicio como Uber.

–¿En cuánto tiempo debería darse esta regulación?
–En México se dio rápido, en un año. En Colombia, operamos hace casi tres años, y todavía no existe regulación. Ahí pesa más la voluntad política de que exista una regulación que la actitud de la empresa. La empresa es proregulación siempre, pero no controlamos los tiempos políticos.

–¿Hacen alguna autocrítica de la llegada de Uber a la Ciudad?
–En nuestro afán de lanzar el servicio, cometimos algunos errores, y no fuimos lo suficientemente proactivos para trabajar con el Gobierno en algún tipo de regulación o estructura para funcionar completamente. Ahora es el momento para pensar eso.

Mariano Otero: “No fuimos lo suficientemente proactivos para trabajar con el Gobierno en algún tipo de regulación o estructura que nos permita funcionar completamente.”

–En la ciudad de México, cada viaje paga un 1,5% de impuestos. ¿Piensan una estructura similar para Buenos Aires?
–Tenemos cientos de tipos de regulación según la ciudad en los que operamos. Se están discutiendo regulaciones en Brasilia, Santiago de Chile, Montevideo. Buenos Aires tiene que ser parte de esa discusión, también para solucionar los problemas de cada ciudad. Acá puede ayudar a reducir la congestión, pensando en servicios en los que más de dos personas compartan un viaje; el tema del alcohol al volante, que es un problemón en la Argentina. Y principalmente, cómo genera oportunidades económicas, en un país con desempleo significativo.

Las protestas de los taxistas fueron una constante desde que llegó Uber al país. (Adrián Escandar)
Las protestas de los taxistas fueron una constante desde que llegó Uber al país. (Adrián Escandar)

–La ciudad de Buenos Aires aún sostiene que el servicio es ilegal. ¿Hoy están en diálogo con las autoridades?
–El diálogo es continuo, cada cosa que hacemos es un intento de acercarnos. Trabajar con el Gobierno será fundamental para que la operación de Uber en la Ciudad tenga éxito. Uno no puede operar con éxito si tiene la contra del Gobierno. En ese sentido, pedimos que se empiece a debatir cuál es la regulación que tiene sentido.

–Pero más allá de ese diálogo con acciones, ¿tuvieron reuniones con autoridades del Gobierno en los últimos dos meses?
–La comunicación es abierta y esperamos que así siga. No podemos ser específicos de qué pasó o no, son cuestiones que tenemos que ir viendo con ellos, pero el objetivo es que el diálogo sea fluido y frecuente.

–Las emisoras de tarjeta bloquearon la posibilidad de pago a través de la aplicación. ¿Cómo afectó esta decisión a la demanda?
–Tuvo un impacto (en la demanda), y hemos tratado de ofrecer opciones para que estas cuestiones dejen de ser un problema.

–¿Cómo es la demanda en la Ciudad de Buenos Aires?
–Los turistas son una parte importante de la demanda, y los picos se dan a la noche entre las 12 y la 1 de la mañana, ante todo los viernes y los sábados. Durante los partidos de la Argentina, la demanda se cae, porque hay pocos autos conectados. Antes de la llegada de Uber en la Argentina, había 40.000 argentinos que habían usado la app en el exterior. Ese número no se dio en ningún lado.

–¿Qué piensa cuando ve por la calle el auto de un taxista con el cartel "Fuera Uber"?
–Uber genera oportunidades económicas a conductores que antes no tenían trabajo, o tienen uno y no les alcanza. Muchos no pueden incorporarse a un mercado laboral de 9 a 18 horas, donde tenés que ir a una oficina, donde tener un hijo enfermo o cuidar de tus padres no funciona. Uber es una solución que se adapta a vos, trabajás cuando y como querés, dos o diez horas al día. Creamos oportunidades para gente que lo necesitaba.