El 14 de septiembre se celebra en la Argentina el Día del Boxeador. Esto ocurre desde 1923, hace exactamente 94 años, a partir de una legendaria pelea grabada en la historia más grande del pugilismo, aquella en la que el argentino Luis Ángel Firpo retó a Jack Dempsey en el mítico Polo Grounds de Nueva York.

En la Argentina, entonces presidida por el abogado y político Marcelo Torcuato de Alvear, aquella no fue una jornada más. Mucho menos en Buenos Aires y fundamentalmente en Junín, ciudad de la que Firpo era oriundo. La población estaba alborotada. Sobre el atardecer varios grupos de personas colmaron distintas calles céntricas en busca del único dispositivo mediante el cual podrían enterarse de la suerte de quien ya por entonces había sido apodado en Norteamérica como El Toro Salvaje de las Pampas.

Luis Ángel Firpo había nacido en Junín, provincia de Buenos Aires, el 11 de octubre de 1894. Fue el segundo de los cuatro hijos de la pareja conformada por su padre, Agustín, y su madre, Ángela, fallecida en 1902 luego de parir a su cuarto heredero.

Su padre se hizo cargo de la familia y debió afrontar los problemas de salud de su hijo Luis, quien sufría de fuertes dolores en sus oídos, cuadro por el cual viajaban con frecuencia a Buenos Aires para que el niño fuera tratado. Ya en su adolescencia, Luis Ángel comenzó a vivir y a trabajar en la Capital. Se desempeñaba como cobrador de una empresa de ladrillos cuando un día fue abordado por tres delincuentes que le exigieron que les entregara el dinero que tenía en su poder producto de la recaudación. Cuentan que la paliza que Firpo les propinó dejó a dos de ellos KO en el piso y el restante se fue corriendo como pudo en medio de los golpes del juninense.

Al enterarse de cómo su empleado defendió sus intereses, Félix Bunge, dueño de la empresa para la que Luis Ángel trabajaba, le recomendó que comenzara a entrenarse como boxeador y respaldó financieramente gran parte de aquellos comienzos. Claro que en la Argentina de entonces el boxeo era considerado una disciplina ilegal.

Firpo continuó con lo que definitivamente había descubierto como su pasión y los buenos resultados despertaron el interés de los Estados Unidos por contar con su presencia. En 1922 viajó por primera vez a ese país y enfrentó a tres rivales, dos en Newark y uno en Nueva York, logrando acaparar la atención. Y entonces llegó su gran oportunidad…

El 14 de septiembre de 1923, a las 22 horas, desafió en el estadio Polo Grounds de Nueva York a Jack Dempsey, uno de los campeones mundiales de los pesos pesados más reconocidos de la historia, apodado El matador de Manassa. Gran parte de la Argentina quería saber de la suerte de Firpo y grupos de personas se agolpaban en los sitios donde hubiesen radios capaces de tomar señales provenientes de La Gran Manzana. Casas, locales comerciales y clubes de barrios estaban repletos de fanáticos.

(Getty Images)
(Getty Images)

El combate se convirtió en el primer evento deportivo transmitido por radio en Buenos Aires y fue aquella la primera pelea conocida como El combate del siglo. Firpo besó la lona un total de siete veces en apenas dos rounds ante las casi 86 mil personas presentes en el estadio pero antes de que su derrota por KO fuera decretada, ocurrió la escena que pasó a la historia: el derechazo de Luis Ángel que literalmente sacó del ring a Dempsey…

El público quedó absorto por tremendo golpe. El campeón mundial de los pesos pesados había sido demolido. Claro que por entonces las reglas no eran estrictas como ahora y Dempsey regresó al cuadrilátero 23 segundos después de haber sido expulsado por la derecha de Firpo, ayudado por algunos de los espectadores. Si el árbitro Johnny Gallagher hubiese aplicado la norma que indicaba que "un boxeador recibirá un conteo de veinte (20) segundos si sufre un knock-out fuera el ring y cae al suelo (…) y perderá puntos o será descalificado por decisión del juez" el argentino, primer boxeador nacional en combatir por un título del mundo, se hubiese consagrado en Nueva York… La autoridad permitió el reingreso del Matador de Manassa, quien poco después noqueó al juninense.

Finalmente fue derrota del argentino que, sin embargo, se convirtió en leyenda. Luis Ángel Firpo obtuvo la licencia profesional N°1 de la Asociación Argentina de Box que entonces legalizó al boxeo como deporte. Aquella, su gesta del 14 de septiembre de 1923 en Nueva York, pasó a la historia como el primer gran hito del deporte nacional.

El legendario boxeador argentino murió en Buenos Aires el domingo 7 de agosto de 1960, producto de un ataque cardíaco. Tenía 65 años. Hacía mucho, ya se había convertido en mito.

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