"El verdadero propósito de correr para ganar una carrera, es probar los límites del corazón humano". La frase le pertenece al norteamericano Bill Bowerman (1911-1999), quien fuera entrenador de atletismo primero y más tarde uno de los fundadores de la marca deportiva Nike. Es, también, un lema para Juan Craveri (48), un hombre que en 2001 tomó la decisión de empezar a correr para cambiar su vida.

"Fue en el verano de 2001 cuando entendí que tenía que cambiar. Venía de varios años de hacer prácticamente nula actividad física, había engordado, fumaba… Ahí empecé con carreras de 20 kilómetros y terminaba roto pero con el desafío de no dejarme vencer. Fui de a poco, incorporando cada vez más distancias, luego pasé a carreras combinadas de varios deportes y más tarde me dediqué a las de aventura", contó Juan Craveri en su versión deportista a Infobae, unos días antes del inicio del Epic 5, un reto reservado para pocos.

 

Es que Juan tiene varias facetas destacadas. Es CEO de Laboratorios Craveri y distribuye su vida entre su demandante actividad privada, la exigente preparación física y su familia, compuesta junto a su esposa y sus seis hijos.

Dos años después de lanzarse a la pista de atletismo, corrió su primer Ironman, la prueba de atletismo más exigente del mundo y que combina las disciplinas de nadar (3.8 kms), andar en bicicleta (180 kms) y correr (42 kms). Desde entonces completó más de 50 Ironman, cerca de una decena de maratones, otros tantos Ultraman (triatlón de larga distancia) y en 2011 afrontó su primer desafío Epic 5 en beneficio de la Fundación Flexer, una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar la calidad de vida de niños enfermos de cáncer y a la contención de sus familias.

"El Epic Five son cinco Ironmans, en cinco días, en cinco islas diferentes de Hawaii. Uno por día", aclaró quien tras completar su primer reto épico, en 2011, reunió $260 mil para la Fundación a la que ayuda. "Vi el modelo en Estados Unidos. Se trata de vender los kilómetros de la competencia a empresas y particulares que ponen cierta cantidad de dinero por cada 10 kms y son socios conmigo hasta donde llego. Si me quedo a mitad de camino es hasta ahí como hasta el final si cruzo la meta", destacó Craveri.

El próximo 5 de mayo Juan le pondrá el cuerpo a su segundo Epic 5. "Este desafío implica que ni bien terminamos de correr tenemos que desarmar la bicicleta, viajar a la isla siguiente en un avión de línea, volver a armar la bicicleta, dormir todo lo que se pueda, que eso implica no más de 3 o 4 horas de descanso y el mismo esquema se repite cada uno de los restantes cuatro días", dijo Juan Craveri a Infobae.

El empresario es el único argentino que ha participado en un desafío cuya meta no es ganar, sino llegar. Y para eso no alcanza con la excelencia en la preparación física. "Es muy importante tener una motivación extra y para mí ese estímulo es ayudar a la Fundación", destacó Juan, cuya fórmula para correr es perfecta: correr (entrenarse, competir, estar en forma, relajarse, dejar en el camino el estrés) + ayudar (el objetivo) = plenitud en el alma.

"Vos porque tenés plata". Las redes sociales, ese mundo tan ambiguo

El textual corresponde a varios personas que en redes sociales le han recriminado a Juan Craveri, un activo usuario, su condición económica que, consideran, es la característica que le permite dedicarse a desafíos como el Epic 5. "El costo de inscripción, el pasaje, alojamiento y otros viáticos corren por mi cuenta, mientras que las donaciones van directamente y en su totalidad, a la Fundación, sin pasar en el medio por otras manos", describió el empresario, quien ha llegado a ofrecerle a sus críticos afrontar los gastos de preparación y de competencia de un Ironman: "Les he dicho 'yo te pago' y vos corrés', y ahí empiezan las excusas", manifestó entre sonrisas.

Y en este sentido destacó: "No importa desde donde uno ayude, sino que lo haga. Para quien necesita, lo ayudes con mucho o con poco, es un montón. Cada uno hace lo que puede con lo que tiene", determinó.

Juan corre por placer. Porque se bien, porque se siente bien. Pero Juan corre también para ayudar. Ahí está su propósito y ahí también su corazón, que no entiende de límites.

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