Así es la vida (y el periodismo) cuando los jugadores no hablan

Los futbolistas de la Selección dijeron que ya no darán notas. ¿Y cómo seguimos?

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(AP)
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Eran las 23:14 del martes 15 de noviembre de 2016 cuando Lionel Messi anunció la decisión de no hablar más con la prensa luego de su fantástica actuación ante Colombia. Poco menos de seis horas después, a las 4:30 am del miércoles 16, sonó el despertador. Nada había cambiado. Mi día empezó igual que cualquiera de los anteriores. Apagué la alarma tres veces cada cinco minutos repitiendo el ritual (cual Día de la Marmota) para atrasar todo lo máximo el momento de levantarme. Lo hice, me bañé y vine a trabajar de lo que soy: periodista.

Imagen de la película El
Imagen de la película El Día de la Marmota, donde cada día es igual al anterior

En los 20 minutos que demoro en llegar a la redacción de Infobae todo estaba igual. El 59 que a las 5 (y pico) de la mañana anda lento por el medio de la calle y no te deja sobrepasarlo, la Panamericana transitable como no lo será una hora después, la posibilidad de estacionar en pleno Palermo como tampoco lo será un puñado de minutos más tarde. A las 6, mi horario de ingreso y el de tantos otros compañeros, nada cambió. Llegaron los mismos de siempre, redactores, editores, fotógrafos, retocadores, cada uno a su tarea, cada uno con su mismo tono de voz, sus mismos chistes.

Redacción de Infobae
Redacción de Infobae

Mi mamá saludando como cada mañana. Mis hijos yendo al jardín. Hoy trabajaré hasta el horario de salida escribiendo noticias y contando historias, que las hay más allá de Messi, Higuaín, Lavezzi y Bauza.

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El elegido silencio no es otra cosa que lo que los futbolistas del equipo argentino tenían ganas de hacer más allá de si hubo o no un porro en la concentración. De lo fácil que es por estos días para cualquiera, sea un periodista, un abogado o un transeúnte, acusar a cualquiera de cualquier cosa. Ocurre en los medios y en la vida. Lo hace el periodista más prestigioso y el menos. Lo hacés vos, que ahora estás en el bondi yendo a estudiar, en tu escritorio del laburo, en tu casa esperando la hora de salir a hacer tu tarea o de que por fin suene el teléfono y te citen para una entrevista de trabajo. Lo hago yo. Criticamos con dureza al Pocho y a Mascherano, pero también al vecino por su perro insoportablemente ladrador, a la vecina que creemos que engaña al marido, a Angelina Jolie porque está raquítica y al compañero de colegio o trabajo con el que no congeniamos. A todos, allá y acá.

Mi única reflexión desde lo que podría afectarme, como periodista que soy, es la siguiente: los jugadores del seleccionado reciben lo que dan. Sólo hablan con los periodistas que saben que no los pondrán en apuros, con los que pactan lo que dirán y cómo lo dirán. Si prestamos atención, los que tienen la exclusiva, los que hablan con las figuras, son siempre los mismos. A diferencia de lo que buscan en la cancha, con los periodistas no abren el juego. Les pedís una entrevista, te preguntan quién sos y cuando detectan que no sos amigo te dicen que no. No les importa de qué querés hablar. Creen que si te dicen que sí te hacen un favor; consideran que tienen poder.

Sergio Agüero con el periodista
Sergio Agüero con el periodista Martín Arévalo

Me ha pasado de querer hablar con deportistas de alto nivel en momentos de esplendor y que con altura, en el mejor de los casos, o hasta malos modos, en otros, te dicen que no, sin más. Y que luego, en el retiro, te llaman (por medio de sus agentes de prensa, los que aún lo conservan) para pedirte que cuentes lo qué están haciendo.

¿Qué ocurre entonces? Nada. Absolutamente nada. Yo sigo trabajando con otras historias, otros protagonistas. Tengo por delante una entrevista con un futbolista argentino que llegó a dormir en la calle con mendigos y hace una semana le tocó marcar a Cristiano Ronaldo; a José Meolans, que decidió contar su vida en un libro; a Guillermo Vilas a días de la chance histórica de que Argentina juegue la final de la Copa Davis; y hay historias del Ascenso, del básquet, del automovilismo, del boxeo. Hay tanto y tantos a los que preguntar. Hay cantidad de momentos que contar. Tanto queda por descubrir…

En el periodismo, como en todos los órdenes de la vida, hay los que deciden actuar bien y a los que esto poco les importa con tal de que el share (medición de radios), el rating (TV) o los clicks (páginas web) crezcan. El problema, el debate, es que cuando los protagonistas hablan deciden hacerlo siempre con los mismos, quitándole a los otros, a los que no conocen, a los que no saben cómo piensan, hablan, o escriben, la posibilidad de ver si los cuentan mejor, si tienen buenas intenciones.

¿Hubo falta de respeto de parte del periodismo? Sí. Pero como enseña esta carrera, las generalizaciones son erróneas, pero fundamentalmente injustas. Así como Messi es distinto al resto, en el periodismo hay algunos distintos a los de siempre, a los que les dijeron ratas, ladrones, drogones…

Ayer Messi, a modo de correctivo, decidió que los jugadores de la Selección no hablarán más con la prensa que, lejos del ejercicio de la autoregulación (en periodismo el ejercicio de autoevaluar desde lo técnico y lo moral nuestro trabajo), continuará con su tarea. Como continuará la vida. La mía, trabajando hasta el final de mi jornada, luego yendo al reencuentro con mis hijos, luego cocinando, escuchando música. Pensando qué escribir, qué contar mañana.

(AFP)
(AFP)

Y como continuará la de todos. La tuya, esperando el colectivo, pensando a dónde te vas a ir en el verano, cómo llegar a fin de mes, rogando por que se solucione un problema serio o que te dé bola la persona que te gusta. La mía, como ocurrió ayer cuando los jugadores hablaban, y como ocurre hoy, cuando decidieron que ya no y el despertador volvió a sonar a las 4:30 de la madrugada.