Una mujer filipina, con sus hijos
Una mujer filipina, con sus hijos

En noviembre de 2013 el tifón Yolanda azotó Filipinas. En medio del desastre, el gobierno distribuyó donaciones, sobre todo entre las poblaciones más vulnerables. Entre los alimentos que entregaba incluyó toneladas de leche de fórmula donadas a su vez por las distintas empresas que la fabrican. En medio de la hambruna, las mujeres, aun las que hasta el momento alimentaban a sus bebés con leche materna, comenzaron a darles la leche maternizada. Poco tiempo después, el producto se había terminado, pero el hambre seguía y las madres (alrededor de un 60% de las que recibieron donaciones) ya no tenían su propia leche para alimentar a sus hijos. Esto sólo agravó el desastre humanitario con más malnutrición, más enfermedades y mayor mortalidad infantil.

Este caso es sólo uno de los muchos que retrata Noemí Weis en su documental Milk. Weis, nacida en la Argentina y residente en Canadá, se había propuesto hablar de los derechos de los recién nacidos. Y en ese camino, entendió que la lactancia materna debía ser uno de los ejes de la película. La directora pasó por Buenos Aires durante la semana de la lactancia materna, invitada por la Embajada de Canadá y estuvo presente en la proyección de Milk realizada en la Facultad de Medicina y organizada por la carrera de Obstetricia y el Centro de Estudiantes de Obstetricia. "Empecé con la lactancia pero después me di cuenta de que no se podía hablar de lactancia sin hablar del nacimiento", cuenta Weis en su paso por Buenos Aires.

Milk recorre once países y las muy diversas formas de parir, amamantar y vivir los primeros días de la maternidad. "Quise unir las voces de las mujeres alrededor del mundo y mostrar que la maternidad no tiene fronteras", subraya la documentalista. "Todas y cada una de las mujeres de la película representan a otras mujeres."

Milk no es un filme aleccionador sobre la importancia de la lactancia materna. Tampoco es una proclama contra las empresas que fabrican leche de fórmula. Ni una inyección de culpa para quienes no pueden o no quieren dar la teta a sus bebés. De hecho, incluye el testimonio de una mamá que decidió no amamantar a su hijo sin poner el foco en si eso está bien o está mal sino en la facultad de las mujeres de decidir sobre su cuerpo. Weis es clara: "El objetivo es ayudar a las mujeres y no decirles lo que tienen que hacer".

Milk es un documental sobre la leche, pero no es sólo testimonial. Es profundamente político. El caso de Filipinas es sólo la punta del ovillo: "Dejo muy claro en el documental que los gobiernos son grandes responsables. Por ejemplo, en 1981 la OMS (Organización Mundial de la Salud) estableció una convención que limita la promoción de alimentos para bebés solo para casos realmente necesarios, pero no establece sanciones, por lo que son los gobiernos los que no aplican esta norma". En contraposición a la experiencia de Filipinas, Milk narra la experiencia de Kenia: allí, en 2012, se instrumentaron sanciones de acuerdo con esta norma de la OMS y los resultados están a la vista: la lactancia materna aumentó en un ¡61 por ciento!, con la consecuente reducción de la mortalidad infantil. "Si lo puede hacer Kenia, ¿por qué no el resto del mundo?", se pregunta Weis.

Mujeres keniatas de la tribu Massai.
Mujeres keniatas de la tribu Massai.

El recorrido llega también acá cerca, a Brasil, donde existe un banco de leche materna inédito en el mundo. Las imágenes de los bomberos recogiendo la leche materna por las casas de las "nodrizas" y la avanzada técnica de pasteurización que impidió su cierre durante la epidemia de HIV (cuando cerraron la mayoría de los bancos de leche) muestran que con voluntad política es posible reducir el consumo de leche maternizada en poblaciones vulnerables.

Por supuesto, si se trata de un relato sobre los primeros días en la relación madre/hijo, el parto es uno de los ejes centrales. Y la violencia obstétrica, una de las dimensiones de la violencia machista más invisibilizadas, aparece con fuerza en las voces de mujeres que cuentan cesáreas impuestas y situaciones de riesgo para madres y bebés.

Weis también mete la cámara para mostrar partos humanizados en una tribu brasileña gracias a las prácticas que las parteras transmiten de generación en generación, recoge el testimonio de quienes deciden amamantar por largo tiempo (5, 6 años), el dilema de quienes lo hacen en público bajo la mirada condenatoria de los que las rodean y el actualísimo debate sobre las licencias por maternidad, reducidas en algunos casos como el de los Estados Unidos, a cero.

Los ojos de la directora ya recorrieron otros temas vinculados con los derechos humanos y los grupos vulnerables: Gloriuosly free, que trata de darle una voz a las comunidades gays del mundo; Let´s talk about it, centrado en la violencia contra las mujeres; The Forgotten Woman, sobre las viudas de la India; Abuelas, sobre las Abuelas de la Plaza de Mayo; Desert Riders, que trata del tráfico de niños en los países árabes para convertirlos en jinetes en las carreras de camellos, o Teaching the Life of Music, sobre el Sistema de Orquestas Sinfónicas de Venezuela y su impacto fuera de Venezuela. Aunque todavía está en proceso, Weis adelanta que su próximo trabajo será sobre la salud mental de los adolescentes.

Noemí Weis (der.) da instrucciones durante el rodaje de “Milk”.
Noemí Weis (der.) da instrucciones durante el rodaje de “Milk”.

Es que todavía no puede empezar su próximo rodaje porque está abocada a un proyecto derivado de Milk: la realización de talleres alrededor del mundo para discutir y difundir los temas que dispara el documental. "Desarrollé un programa educativo y empecé el año pasado en Ontario. Ya hicimos más de 80 presentaciones en Canadá. Ahora lo replicamos en las zonas rurales de Kenia y se están instrumentando cambios", relata, con la satisfacción de haber cumplido con una parte del deber. Las organizaciones de la sociedad civil o especialistas interesados en generar debate alrededor de la temática, pueden contactarse mediante la página www.milkhood.com y pedir la película grauitamente.

La combinación de una mirada aguda y conmovedora transmitida desde la pantalla más la decisión de incidir en las políticas públicas sobre la maternidad le valieron a Milk premios en festivales internacionales, el acompañamiento de organismos internacionales como UNICEF y el apoyo decidido de la primera dama canadiense Sophie Trudeau.

De todas las historias de mujeres que comparte Milk, la de las mujeres filipinas es la más impactante: mamás y bebés malnutridos, sobrevivientes de una catástrofe natural y sin recursos para alimentarse. Sobre esas madres, dice Weis: "El hecho de que estuvieran dispuestas a compartir sus historias con esperanzas de cambio, aumentaron mi responsabilidad de abogar por una diferencia". A partir de la difusión de la película, hace poco más de un mes, en Filipinas dictaron una ley que prohíbe cualquier donación de sucedáneos en caso de emergencia. Hay, entonces, esperanza de cambio.

Una mujer espera a ser atendida por parteras de una tribu en Brasil.
Una mujer espera a ser atendida por parteras de una tribu en Brasil.
 

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