En el video ella está tan linda que encandila. La belleza joven es siempre un impacto, y la belleza joven de una mujer que, aún grande, sigue siendo considerada hermosa, impacta más. Lo que se ve es una entrevista, que circula por las redes desde hace un tiempo. Mediados de los 70, un piso de TV clásico y un conductor británico que cree sabérselas todas y apura a Helen Mirren, que con 30 años integra la Shakespeare Royal Company y protagoniza a Lady Macbeth. El conductor se llama Michael Parkinson y es por entonces una celebridad; para Mirren, en cambio, se trata de su primera vez en TV.

Después de presentarla como "una reina del sexo sucio", Parkinson busca acorralarla cuando le pregunta si cree que se puede ser una "actriz seria" con ese "equipamiento" que tiene porque ese "equipamiento" puede distraer al público, le dice el tipejo sin que se le caiga un gramo de pudor. Mientras convierte en frases esas ideas abominables, sus ojos son dos flechas que viajan al pecho de la mujer.

Y entonces es ella, visiblemente incómoda pero más visiblemente furiosa, quien busca apurarlo a él: "¿A qué te referís con eso de "equipamiento"? ¿A mis dedos? ¡Vamos, decilo!" "A tus atributos físicos", redobla la apuesta el gavilán explícito. "¿¿¿Querés decir que una actriz seria no puede tener tetas grandes??? (…) Tu actuación tiene que ser muy pobre si la gente se fija más en el tamaño de tus pechos que en otra cosa. Me gustaría creer que que la interpretación, la obra y la relación entre los actores que están en escena y el público que está viéndolos importan más que estas preguntas aburridas…", bufó ella. Más de 40 años después, la lascivia de Parkinson se lee como mueca y el valor de Mirren sorprende y gratifica.

Si Mirren fue pionera, hoy son muchas las actrices que se plantan para pedir equidad en el trato entre hombres y mujeres en el mundo del espectáculo. Saben que valen más que sus cuerpos, aprendieron eso y entonces no se dejan amedrentar y exigen salarios equivalentes a los de sus compañeros varones y reclaman respeto por parte de los periodistas que la mayoría de las veces les preguntan pavadas como el color favorito o si la maternidad les quita el sueño mientras a los hombres les hacen las preguntas más interesantes y reflexivas.

No ignoran que habrá un tiempo en el que sin dudas esa piel, esa firmeza y ese brillo que exhiben encandilará a las audiencias pero también saben que en algún momento eso también pasará y deberán seguir actuando para ganarse la vida o capitalizando otras competencias, otros saberes y otra clase de encanto. Por eso exigen respeto por su talento y por su inteligencia, que muchas veces están a la altura de sus "equipamientos", esa manera vulgar con la que el tal Parkinson cristalizó para siempre los pechos de Mirren.

Durante este fin de semana circuló un texto de la gran escritora Ursula K Le Guin en el que habla sobre la vejez y sobre las diferentes ideas de belleza. Es un texto extraodinario y lúcido, en el que explica que aunque la belleza está siempre asociada a la juventud a lo largo de los años sigue teniendo lugar a través de otras representaciones: se trata de una belleza que ya no llega con las hormonas sino con los huesos y la clase de persona que somos, es decir, con ese algo que "brilla más allá de los cuerpos y rostros nudosos".

Helen Mirren
Helen Mirren

Así como al adolescente le cuesta reconocerse en su nuevo cuerpo, al adulto de 60 o 70 años también le cuesta ver que uno es el que está ahí, escribe Le Guin.  "Sé qué es lo que más me preocupa cuando me miro al espejo y veo a esa mujer vieja y sin cintura. No es haber perdido mi belleza: nunca tuve demasiada. Es que esa mujer no se parece a mí, ella no es lo que yo creí que era", escribe, sabia, Le Guin. Y sigue: "Hay un ideal de belleza de la juventud y la salud, que nunca cambia. Hay un ideal de la belleza de las actrices de cine y de las modelos publicitarias, el ideal del juego de la belleza, que cambia sus reglas todo el tiempo y nunca es enteramente verdadero. Y hay un ideal de belleza que es más arduo para definir o comprender porque no tiene lugar en el cuerpo sino allí donde el cuerpo y el espíritu se encuentran y se definen uno al otro". Ese encuentro provoca la magia: allí radica la belleza que podemos seguir viendo en las personas más allá de los años. Una composición a lo largo del tiempo, un mapa de lo vivido y de lo hecho. Chispas de vida que ningún espejo puede reflejar.

Ursula K Le Guin, la gran autora estadounidense
Ursula K Le Guin, la gran autora estadounidense

Helen Mirren hoy tiene 71 años y el Parkinson que la acecha ya no es un conductor baboso de TV sino la enfermedad progresiva con ese mismo nombre a la que ella tutea desde el comienzo, cuando eligió contar que estaba enferma para generar conocimiento popular sobre ese mal. Sigue hermosa, sigue brava. En una reciente publicidad, les recomienda a las mujeres mayores mostrar más su cuello y atreverse a usar escotes a pesar de la edad. En su juventud, su inteligencia hizo alianza con sus tetas y hoy ese encuentro de cuerpo y espíritu es el que le permite seguir brillando. "A medida que me hago mayor, no tengo tan buen aspecto como antes, pero me importa una mierda… Envejecer no es para cobardes, hay que ser valiente. Pero en realidad hay que ser valiente para casi todo en la vida", dijo tiempo atrás.

"A los 30 hay que elegir entre la cara y el culo", decía Coco Chanel. Creo que olvidaste una opción, Coco: el alma.

 

LEA MÁS:

________

Vea más notas en Cultura