El emergente mercado digital, la generación de contenidos y la calidad literaria están entre los temas que aborda Mellado en esta entrevista. "Internet permite que cualquiera pueda ser autor", sostiene.

"Tengo la ventaja o la desventaja, espero que sea una ventaja, de haber trabajado en prácticamente todos los sectores de la industria del libro. Fui cocinero antes que fraile", dice Arantxa Mellado, como presentándose en sociedad con la buena predisposición del caso para charlar sobre lo que sucede en el campo literario. La llegada de internet trajo nuevas lentes para ver mejor la vieja cuestión de la literatura y propuso cambios que de a poco todos -de buena gana o no- están empezando aceptar. "La literatura sigue siendo la misma. Lo que ha cambiado es la forma en que se lee, cambió el soporte", explica quien estuvo de visita en el país para dar un seminario sobre edición digital, organizado por la Cámara Argentina de Publicaciones.

Arantxa Mellado es una analista y consultora editorial española especializada en mercados digitales y e-commerce de libros, lleva más de 15 años trabajando en la industria editorial y en ese tiempo fue editora de Emecé y Salamandra en los años de la saga Harry Potter. Dirige DataLibri y The Spanish Digital Link, escribe en Actualidad Editorial sobre las nuevas tendencias internacionales y es docente en la Universidad Autónoma de Madrid. Toda esa experiencia cabe en una persona; desde allí habla.

Contenido y abundancia

"Lo que si alentó internet fue la lectura. Se lee más que nunca, lo que no se leen son libros. Leemos noticias, leemos blogs, leemos redes sociales pero si nos fijamos con detenimiento veremos que estamos leyendo y dedicando más tiempo a la lectura que hace unos años; lo que pasa es que leemos otro tipo de literatura. ¿Por qué no considerarlo literatura también? Es una de las preguntas que tendremos que hacernos en el futuro", dice en referencia al contenido que abunda en la web -posteos, comments, tuits, stories- que ya no realizan escritores profesionales, sino más bien usuarios corrientes, entonces se pregunta: "Si juntáramos todo ese contenido en un libro, ¿sería literatura?"

A fines de 2015, la consultora IDC estimaba que para este año el número de usuarios con acceso a internet será de 3.200 millones, cerca de la mitad de la población mundial, y dentro de esta cantidad más de 2.000 millones accederán desde sus smartphones. Por su parte, la compañía de telecomunicaciones Cisco Systems estimó que la cantidad de tráfico de este año superará el zettabyte (un billón de gigabytes) gracias a, justamente, los dispositivos móviles. ¿Qué significa esto? La respuesta es concisa: una desbocada y torrencial afluencia de contenido.

Este nuevo panorama implica modificar la dirección de la mira y debatir sobre las nuevas posibilidades que se abren. "Deberíamos dejar de hablar de libros para empezar a hablar de contenidos. Lo importante es el contenido, lo de menos es el formato", sugiere la editora.

En su opinión, el libro va a desaparecer como formato de lectura pero "se va a mantener como objeto decorativo". "Poco a poco el formato libro va a quedar relegado para aquellas obras que realmente nos hayan gustado, aquellas obras que necesitemos tocar, que necesitemos palpar, que necesitemos tener allí y verlas porque realmente han formado parte de nuestra vida o nos han impacto de una forma muy especial. El resto de las obras las consumiremos en digital", agrega.

El problema de la calidad literaria

Pero hay preguntas previas que cualquier lector, editor o escritor debería empezar a hacerse; por ejemplo: ¿cambiaron las reglas de juego en el campo literario tras la llegada de internet? Para Mellado esa respuesta es afirmativa dado que el oponente de las editoriales ya no es otra editorial, sino "cualquiera capaz de crear contenido". "El libro se había caracterizado por ser una cadena de valores que unía al autor con el lector, los únicos elementos imprescindibles. Esa cadena se rompe. Internet permite que el autor pueda llegar directamente al lector y que cualquiera pueda ser autor. De forma que el editor es prescindible, el librero es prescindible, el distribuidor es prescindible. Por una parte son prescindibles pero pueden crear contenido".

Pero si todos podemos crear contenido, ¿qué sucede con la calidad? ¿La democratización exacerbada atenta contra ella? "La calidad depende también de lo que demande el lector. Una de las tendencias que venimos observando es que desde que existen redes sociales, desde que es tan inmediata la comunicación escrita entre emisor y receptor, la calidad de la escritura ha bajado muchísimo (…) Ha bajado la expectativa respecto a la novela, respecto a la ficción. Por otra parte, estamos acostumbrados en internet a consumir contenido gratuito, eso nos vuelve menos exigentes", comenta. Pero la cuestión no termina ahí, porque en el arte del pensamiento crítico la experiencia se basa en ir más a fondo: "También habrá que ver qué entendemos por calidad. A lo mejor los estándares de calidad que tenían en los años 80 y 90 no son los mismos que ahora. La lengua es un ser vivo, en constante evolución (…) Lo que ahora consideramos falta de calidad puede que ser que sea un estándar en poco tiempo".

Apuntes para un mercado digital

El e-book nació en Argentina hace ya algunos años, sin embargo lo que hay ahora es un mercado digital que intenta asentarse y transformar los hábitos de consumo de los lectores. No es fácil, no todos tienen los dispositivos necesarios para leer desde allí y muchas editoriales aún no se animan a lanzarse. En el seminario que dictó -titulado Abriendo camino: nuevas fronteras, nuevos lectores– usa el concepto de metadato, que no es otra cosa que los datos sobre la obra, lo que rodea al producto y habla de él: desde el famoso adelanto de la contratapa hasta las etiquetas, el género y las posibles reseñas. ¿Para qué sirve? "Cuanto menos informado esté un libro, menos visible será una tienda. Puedes tener la mejor novela de todos los tiempos, si no está bien etiquetada, si no tiene los metadatos correctos pasará totalmente desapercibida y no será vendida. Por eso hoy en día para los editores el metadato es oro", dice Mellado.

Pero los avances tecnológicos no siempre son un camino hacia la democracia utópica. Hay sobradas muestras en la historia de la humanidad. En palabras de la especialista, el mercado del e-book a nivel global "está evolucionando de forma desigual". Actores como Amazon tienden a monopolizar el abanico de ofertantes dejando pocas posibilidades a las alternativas, mientras tanto la cuestión se presenta incipiente. "El lector argentino está comprando más libros que lo que el editor cree. El lector argentino está preparadísimo, además Argentina es el país con mayor índice de lectura de todo el mercado en español", dice Mellado y enumera tres elementos clave para que un mercado digital nazca en cualquier lugar del mundo: 1) acceso a internet masivo y sencillo, 2) uso generalizado de la tarjeta de crédito, y 3) surgimiento de una plataforma de venta grande que viene de la mano de editoriales que produzcan contenido digital.

"Las pequeñas editoriales tienen mayor dinamismo y agilidad que las editoriales más grandes", explica después y da en la tecla: el verdadero motor de las editoriales emergentes es su creatividad. Pero hay otro elemento en este mapeo general que no puede obviarse: el rol del Estado que, en sus palabras, tiene que tener una presencia "muy medida, en la primera fase el papel gubernamental es fundamental" ya que, "si se comporta de forma demasiado proteccionista, lo que hace es eliminar la iniciativa, entonces el editor se acostumbra a que todos los libros vengan financiados y subvencionados por el gobierno y deja de ser creativo, se acomoda".