– Hablame sobre el museo.

Es un gran museo de la época de la Ilusión argentina. Hay muchas obras donadas y otras compradas por el estado. Es un museo en el que no está expuesto todo, un 11% y su colección reúne tres grandes núcleos: el núcleo precolombino donde tenemos todas las costumbres argentinas, tenemos una obra casi única en el mundo que se llaman "Las tablas de la conquista" que son unas tablas propiamente dichas, donde pintores barrocos de la época mexicana que pintaron escenas de la conquista de Hernán Cortez. El otro núcleo central es la pintura internacional, que es la cultura que admiraban los primero que llegaron de los nuestros acá. Ahí hay una recorrida muy importante que arranca del Renacimiento posterior, pasa por el Barroco, el arte Flamenco, el Romanticismo. Después tenemos una colección de Goya formidable, una colección impresionista, una sala de Degas y pintura española. Por último, el siglo XX donde mezclamos en un guión relativamente nuevo el arte argentino con el arte internacional contemporáneo. Es un museo único en latinoamérica.

– ¿Por qué pensás que aún hoy, colecciones como el MALBA no han visto que la escuela de La Boca, por ejemplo, es parte importante del arte argentino y le dan mayor importancia a quienes tardíamente intentaron traer influencias europeas sin haberlas pasado primero por adentro del cuerpo de la Argentina?

Yo creo que hay un arte mucho más cercano a Argentina que se desarrolla desde la Boca, el Berni de la segunda etapa, porque el de la primera está con André Lothe y con el surrealismo, pero en una segunda etapa a partir de su viaje a Santiago del Estero, advierte que existe una Argentina profunda y empieza a pintar allí. Creo que también el movimiento de la Nueva Figuración, la época federal de Noé, todo esto tiene una vinculación fuerte con la historia argentina, es un hilo que sigue. Creo que Argentina, como es una sociedad de la inmigración, no hemos cortado el cordón umbilical por lo menos en lo estético y existe una admiración y una referencia permanente a nuestros abuelos europeos.

– ¿Hasta dónde los críticos, el mercado y los propios artistas, no han sido responsables de que muchas de las mejores cosas nuestras, que sí podían haber tenido importancia fuera del país inclusive, no la hayan tenido?

Yo creo que sí hay una responsabilidad en todos los sectores que vos mencionaste y también en los coleccionistas. La realidad es que nosotros pudimos haber construido un arte de la inmigración que de alguna manera lo que van señalando Cúnsolo y Lacámera. Un arte de la inmigración, con las angustias, los interrogantes, las preguntas y las respuestas de gente que llega en un estado de desesperación. Y esa impronta cultural, de pobreza, de persecución, de guerra, lo que fuere, es muy fuerte y pudo haber sido muy fuerte. Lamentablemente es cierto, no se ha cultivado eso. A veces hemos sido precursores, por ejemplo en el arte Concreto invención en los años 40 donde se redescubre el geometrismo en la Argentina, unos pocos años antes de que se vuelva común en Europa y lo mismo en el arte cinético pero no dejan de ser movimiento europeizantes.

– La historia de occidente establece una muy fuerte relación entre el arte y el poder. Las clases dominantes invierten en arte. Eso en Argentina no pasa… y de alguna manera esto revelaría la poca comprensión de la importancia de la cultura como órgano fundamental del diseño de un país. ¿Cómo explicás vos ese poco interés real del empresariado argentino y de la burguesía nacional para con el arte?

Yo interpreto que es parte de cuando la clase dirigente está entusiasmada y cree en el futuro de un país hace todas estas cosas. En la Argentina dese 1890 hasta 1945 las donaciones son impresionantes. La sala Guerrico, que tiene dos Tiépolos, que son dos ensayos formidables de dos frescos posteriores, tiene un Bouguerau bárbaro. La donación Hirsch, con dos Rembrandt, la donación Di Tella, la Gutiérrez. Han habido donaciones muy importantes en nuestro país para el museo y la última grande es la donación Di Tella que llega en los sesenta. Los sesenta yo los veo desde el lado del arte, como el último estallido de ilusión en Argentina. Argentina luego entra en una época de terrorismo de estado, y el arte nuestro se empieza a encerrar y a achicar. El hecho de que no existan grandes donaciones ni sustento del empresariado hacia el arte en la Argentina yo creo que es fruto de una posición de resignación. No estamos apostando a Argentina.

– ¿Qué va a encontrar la gente en el museo?

Los museos son un reflejo de nuestra identidad y meterse en el MNBA es hacer un recorrido sobre quiénes somos los argentinos. Vamos a encontrar todo lo que admiramos y que de alguna manera llevamos en la sangre y en la cultura.