Un vehículo tipo SUV o Minivan puede demorar casi diez minutos en hundirse (iStock)
Un vehículo tipo SUV o Minivan puede demorar casi diez minutos en hundirse (iStock)

Las probabilidades son ínfimas, pero ciertas. Aunque parezca más ciencia ficción que realidad, escapar de un auto sumergido no resultaría tan sencillo como simula la fantasía de las películas. Sin embargo las noticias a veces descubren casos reales: hechos de impacto y desazón. Tormentas, desbordes de ríos, temporales marítimos en zonas costeras o meros despistes pueden provocar una situación límite no deseada ni entrenada. ¿Qué hacer entonces cuando un auto se sumerge río abajo con personas adentro?

Cada segundo cuenta. Es menester tener una reacción rápida y eficiente. Robert May, un veterano con 21 años de trabajo en equipos de rescate subacuáticos de la policía de Indiana, Estados Unidos, es lo primero que destaca: mantener la calma, tensar la serenidad y actuar con prestancia y celeridad, tan lógico como preponderante. Para salir airoso de una situación extrema y desconocida como quedar preso del agua dentro de un automóvil es prioritario seguir consejos básicos de rescate.

La primera recomendación es actuar rápido y primero socorrer a los niños (iStock)
La primera recomendación es actuar rápido y primero socorrer a los niños (iStock)

Para ello May escribió decenas de libros y guías sobre modos de actuación en acontecimientos extremos. Su carrera se construyó en la recuperación de vehículos sumergidos en lagos, ríos embalses y ciudades inundadas, en algunos casos con ocupantes fallecidos. El experto incluso experimentó el trauma en primera persona con motivos de comprobar mejores protocolos de rescate.

May alegó, antes, datos de experto: confirmó que una suv, una minivan, demora diez minutos en hundirse. Y aseguró que los primeros 60 segundos son fundamentales. En apenas 53 tres pasajeros fueron capaces de salir junto a un bebé ficticio por la ventana del lado de conductor en un estudio de inmersión coordinado por la Universidad de Manitoba, en Winnipeg, Canadá.

La primera reacción al caer al agua es desabrocharse el cinturón de seguridad. Bajar la ventanilla y salir por la ventana o por el techo, si el modelo de auto así lo permitiera. En caso de que haya niños, ellos deben ser los primeros en ser socorridos. Las recomendaciones son las mismas: desatarlos del asiento trasero, sujetarlos y empujarlos fuera del auto por la ventana. Según el especialista, las ventanillas eléctricas deberían seguir operando aún después del impacto con el agua. Caso contrario, bastará un objeto contundente para romper el cristal y emerger del automóvil. El espejo retrovisor central es una herramienta acorde para tales efectos.

Una imagen de una inundación en Luisiana, Estados Unidos (AFP)
Una imagen de una inundación en Luisiana, Estados Unidos (AFP)

El cristal delantero comúnmente está laminado por lo que será más difícil la tarea de romperlo. Es recomendable en casos idealizados violar la resistencia de las ventanillas delanteras de ambos costados para evitar que la presión y la fuerza del agua haga volcar el automóvil. El experto indicó con fervor lo que sí no hay que hacer: abrir las puertas, una reacción a priori sensata. No: de ese modo el interior del vehículo se hundirá más rápido. Recién es recomendable abrir las puertas cuando haya igual presión de agua afuera que adentro, cuando el agua ya haya completado el espacio del habitáculo. En esa oportunidad será más liviano y fácil manipular las puertas, aunque más urgente y dramático el escape.

Otro estudio revelado por Robert May expuso que un micro para 65 pasajeros es capaz de hundirse en apenas nueve segundos. Por tal razón las inmersiones de este tipo de vehículos tiene la tasa de mortalidad más alta que cualquier tipo de siniestro en el que intervenga una única unidad. En los Estados Unidos, los accidentes por autos que caen al agua acaban con la vida de 400 personas al año. Para bajar estas estadísticas, es útil recordar las recomendaciones de escape. Aunque las probabilidades sean ínfimas y los casos más frecuentes en la ciencia ficción que en el mundo real.

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