
Keow Wee Loong, fotógrafo malayo, resumió su experiencia: "Es como una ciudad fantasma sin tocar". La frase acompaña cada paisaje, cada rincón de Fukushima, la ciudad japonesa víctima de una catástrofe triple.
A cinco años del terremoto que desencadenó un tsunami que posteriormente arrasó con la central nuclear Fukushima Daiichi su historia languidece. La desolación y el abandono tomaron posesión del entorno. La dinámica humana se detuvo. Todo permanece inalterable, como detenido en una cápsula de tiempo. Salvo por el ritmo paulatino y absorbente de la naturaleza.
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Fukushima es, hoy, un cementerio de cosas. Los autos quedaron a merced del paso del tiempo. La ciudad registra impávida como la naturaleza reclamando lo que es suyo. La vegetación va invadiendo sin escrúpulos todo recuerdo de humanidad. En esa transición, los vehículos abandonados retratan con fidelidad la magia de una historia oscura, desabrida, intransferible.

Otro fotógrafo, el polaco Arkadiusz Podniesinski, fue quien documentó el estado vegetativo de la zona que sucumbió ante el desastre nuclear. En su material, la flota de autos abandonados expuestos a la intemperie ilustran el velo de desamparo de una ciudad fantasma. Es lo que quedó: un paisaje postapocalíptico, la escena de desolación de una tierra arrasada que se limita a contemplar el avance de la naturaleza.
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Las autoridades japonesas establecieron un perímetro de 20 kilómetros tras el desastre nuclear. Crearon una zona de exclusión que obligó a la evacuación de más de 160 mil residentes. Los habitantes abandonaron la ciudad y sus bienes, sus objetos personales, sus pertenencias más preciadas quedaron paralizadas. El cementerio de autos es una imagen de impacto. También son reveladoras algunas escenas de la vida cotidiana transformadas en olvido: supermercados llenos de comida y telarañas, computadoras de colegio atacadas por la suciedad y el excremento de aves, un campo inmenso minado por bolsas de tierra contaminada, pizarrones que continúan escritos desde aquel fatídico 11 de marzo de 2011.

La mayoría de los residentes no han podido retornar a su hogares por causa del elevado grado de contaminación radioactiva que registran las poblaciones más cercanas a la central nuclear. Los vehículos abandonados no pueden ser intervenidos sin el permiso de sus dueños. El gobierno prohibió el acceso a la zona de exclusión y montó una guardia que custodia y fiscaliza cada ingreso al sitio. Este accionar obra en procura de mantener inerte y en pausa la ciudad atacada.
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Un fenómeno que se diferencia de Chernóbil, uno de los mayores accidentes medioambientales de la historia ocurrido el 26 de abril de 1986 en la actual Ucrania. En tal tragedia, se distribuyeron "cementerios" específicos para dejar autos, helicópteros y camiones utilizados en el proceso de evacuación. Los vehículos fueron finalmente saboteados y despiezados para comercializar sus repuestos -contaminados por radiación- en el mercado negro.

Además de la lente de la cámara de Podniesinski, Google Maps también recorrió las calles con su plataforma "street view", una vía alternativa que permite transitar de modo digital las zonas más afectadas por el desamparo. Con la venia estatal, registró el estado de ciudades deshabitadas: un paseo por escenarios que simulan la escenografía de películas de terror. En el extenso recorrido, la cultura automovilística se manifiesta a cada paso. Es un cementerio de autos prohibidos en una aparente conservación. Modelos de Nissan, Mitsubishi, Toyota, Mazda permanecen intactos aunque asaltados por la vegetación.
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Unos 3.000 autos de alta gama, abandonados en las calles de Dubai https://t.co/LquULBwRIi pic.twitter.com/ZLQqfWZuMk
— infobae (@infobae) 7 de febrero de 2016
Un terremoto de 8,9 grados en la escala Ritcher derivó en un tsunami con olas de hasta 20 metros de altura. El tsunami arrasó con la central nuclear Fukushima Daiichi. La central nuclear con todo lo que había a su paso. Los daños de corto plazo se contabilizaron en números: 18.500 víctimas fatales y 2.000 personas desaparecidas a costa del tren de olas, más de un millón de viviendas dañadas, 500 kilómetros de ciudades y pueblos a lo largo de la franja costera destruidos, cientos de miles de evacuados debieron huir del 7% del territorio de la provincia de Fukushima, los daños ascendieron a más de 200 mil millones de dólares, 750 mil toneladas de agua contaminada fueron almacenadas en tanques, un pronóstico de 40 años para garantizar nuevamente la seguridad del predio. Y un paisaje de autos amparados por el abandono y absorbidos por la naturaleza. El retrato de una ciudad fantasma sin tocar.
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