
Mientras los "misioneros" iraníes ganan almas para el chiismo, incluso en países como Perú, Cuba y Costa Rica, donde antes prácticamente no había musulmanes, Hezbollah está metido de lleno en el tráfico de drogas, el contrabando de cigarrillos y otras actividades delictivas en América Latina.
Ese es el panorama que el italiano Emanuele Ottolenghi, especialista en financiación de grupos terroristas y delictivos, describe en un informe recientemente presentado ante un subcomité del Senado de Estados Unidos dedicado, entre otros temas, al hemisferio occidental y al crimen transnacional.
Ottolenghi, miembro de la Fundación para la Defensa de las Democracias, con sede en Washington, habló con EFE de las "Influencias externas emergentes en el hemisferio occidental", como se titula su análisis, centrado en el régimen iraní, el grupo chiita libanés Hezbollah y las actividades de ambos en América Latina.
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Para Ottolenghi, no cabe duda de que "hay muchos puntos de contacto" entre el régimen iraní y Hezbollah también en América Latina, según dijo en una entrevista telefónica con EFE.
En el informe se afirma que, "de hecho, la operación de Hezbollah en América Latina es parte integral de la estrategia de Teherán y depende del apoyo iraní", un apoyo que el grupo chiita paga "proveyendo ayuda a las operaciones iraníes cuando se necesita".
Aunque Irán ha tratado de exportar su revolución a América Latina desde los años 80, como medio para azuzar los sentimientos antiestadounidenses y desafiar la influencia del "imperio", "el punto de inflexión" fue la amistad que el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tuvo con su colega iraní Mahmoud Ahmadinejad, extendida luego a otros presidentes latinoamericanos.
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Chávez le permitió usar a Venezuela para burlar las sanciones estadounidenses contra Irán, señala.
Sin embargo, los intentos de exportar la Revolución iraní de 1979 a América Latina son muy anteriores y estuvieron a cargo de "misioneros" como Moshen Rabbani, quien llegó en 1983 a Buenos Aires, de donde salió unos años después del segundo gran atentado contra intereses judíos en la Argentina, perpetrado en 1994 y del que hoy es considerado uno de los responsables.
Desde la ciudad iraní de Qom, Rabani sigue dedicado a dirigir la red misionera en América Latina, que ya no sólo tiene mezquitas y centros en la Argentina, Brasil y Venezuela, sino en países sin comunidades musulmanes previas, como Perú, Cuba y Costa Rica.
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Ottolenghi destaca que el centro chiita de Abancay (Perú) acoge ya a 100 conversos y que algunos de los nuevos musulmanes latinoamericanos son enviados a Irán a formarse como clérigos para que sigan diseminando la semilla del chiismo en la región.
El acento del apostolado está puesto en la justicia social, para lo cual convierten a Hussein, el imán descendiente de Mahoma al que los chiitas consideran su líder histórico, en una especie de Che Guevara, dice Ottolenghi.
"Irán sigue viendo a América Latina como un lugar de expansión ideológico-religiosa", afirma, para señalar después que la red de centros misioneros iraníes en la región no sólo dispensa servicios religiosos, sino "adoctrinamiento" y "radicalización".
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En cuanto al Hezbollah, que desde 1997 está en la lista de organizaciones terroristas extranjeras de Estados Unidos, indica que está convirtiéndose en un actor principal de la delincuencia organizada en América Latina.
La Unión Europea considera al brazo armado de Hezbollah una organización terrorista, pero no tiene en la lista a la rama política.
A juicio de Ottolenghi, a Hezbollah ya no le basta con el dinero iraní. "Se ha hecho más grande y necesita generar mucha plata para cubrir sus necesidades", subraya.
El grupo libanés ve a América Latina como una fuente de financiación alternativa desde hace décadas, pero en los últimos tiempos ha habido un cambio en sus actividades.
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Según Ottolenghi, comenzaron ayudando a los narcos y otros delincuentes a lavar el dinero negro, pero ahora la droga –mayormente cocaína y en menor volumen metanfetamina– que reciben como pago por ello la distribuyen y venden globalmente, especialmente en Europa, Oriente Medio y África.
Además también aportan precursores y otros materiales para la elaboración y "hasta hay indicios de laboratorios de droga bajo control de Hezbollah", señala.
La Triple Frontera, un enclave en el que confluyen Argentina, Brasil y Paraguay, es donde Hezbollah tiene sus principales redes de apoyo logístico y financiero en América Latina.
Paraguay es el centro financiero por excelencia para Hezbollah, señala Ottolenghi, en cuyo informe se destaca que la corrupción existente en organismos de aduanas y otros en países de América Latina ha ayudado a la expansión del grupo en la región.
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(Con información de EFE)
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