(NASA)

El descubrimiento de Trappist-1 cambiará el futuro de la astronomía y la comprensión humana del universo. Además de la belleza del conjunto —desde un planeta, contra un cielo rojo, se pueden ver los otros— está la posibilidad de vida.

En 2018, con el lanzamiento del Telescopio James Webb de la NASA, que podrá investigar huellas de los químicos que hacen posible una atmósfera, se sabrá más sobre su habitabilidad.

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El afiche realizado por la NASA imagina cómo podría ser un viaje al planeta Trappist-1e.

A unos 40 años luz de la Tierra, un planeta llamado Trappist-1e presenta una vista conmovedora: objetos que brillan en un cielo rojo, en movimiento como versiones más grandes y más pequeñas de la Luna. Pero no son satélites: son otros planetas con mucho en común con la Tierra, en un sistema planetario distinto. Estos siete mundos rocosos giran alrededor de esa estrella roja. Cualquiera podría tener agua en estado líquido, pero el planeta que aquí se muestra, el cuarto desde la estrella Trappist-1, se halla en la zona habitable, donde es más probable que se la detecte (NASA)
A unos 40 años luz de la Tierra, un planeta llamado Trappist-1e presenta una vista conmovedora: objetos que brillan en un cielo rojo, en movimiento como versiones más grandes y más pequeñas de la Luna. Pero no son satélites: son otros planetas con mucho en común con la Tierra, en un sistema planetario distinto. Estos siete mundos rocosos giran alrededor de esa estrella roja. Cualquiera podría tener agua en estado líquido, pero el planeta que aquí se muestra, el cuarto desde la estrella Trappist-1, se halla en la zona habitable, donde es más probable que se la detecte (NASA)