Lula da Silva, entre la amenaza de la cárcel y las aspiraciones presidenciales (Rodrigo J. Acevedo Musto)
Lula da Silva, entre la amenaza de la cárcel y las aspiraciones presidenciales (Rodrigo J. Acevedo Musto)

"Estoy vivo y preparándome para volver a ser candidato a la Presidencia de la República", dijo Luiz Inácio Lula da Silva el martes ante una multitud de 10 mil personas que lo vitoreaban. El escenario para dar el anuncio no era el más cómodo. A pocos metros estaban los tribunales de Curitiba, donde había estado declarando como imputado durante cinco horas ante el juez Sérgio Moro.

El ex líder sindical que gobernó Brasil entre 2003 y 2010 enfrenta cinco procesos judiciales. La principal sospecha de Moro, que lo investiga en el marco de la operación Lava Jato, es que recibió sobornos por más de un millón de dólares de parte de la constructora OAS, a cambio de conseguirle contratos de obra pública con Petrobras. Una de las principales evidencias en su contra es un apartamento en el balneario de Guarujá que OAS le habría entregado para que utilice como si fuera suyo.

El discurso de Lula tras declarar ante el juez Moro (REUTERS/Rodolfo Buhrer)
El discurso de Lula tras declarar ante el juez Moro (REUTERS/Rodolfo Buhrer)

"No solicité, no recibí, no pagué ningún triplex", insistió Lula en su declaración. Todo indica que Moro no le creyó. "Por el historial de fallos del juez, y por lo que se sabe hasta ahora, si bien yo no tuve acceso al expediente, creo que será condenado en primer grado. El tema central es que después apelará al Tribunal Regional Federal de la Cuarta Región (TRF4), con sede en Porto Alegre", contó a Infobae el abogado y politólogo Cláudio Lopes Preza Júnior, profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Rio Grande do Sul.

Lo que se resolvería en esa segunda instancia es más incierto, y hace pensar que los tiempos no dan para que sea encarcelado este año. De todos modos, si Lula fuera un político olvidado, tarde o temprano su destino sería la prisión.

Pero el referente del Partido de los Trabajadores no es cualquier dirigente. No es José Dirceu, su ex mano derecha y jefe de gabinete, que está preso desde 2013 por el escándalo de corrupción del Mensalão. Tampoco es su heredera, Dilma Rousseff, que tras convertirse en la presidente más impopular en la historia de Brasil fue destituida por el Parlamento en agosto del año pasado. Lula es, a pesar de todo lo que le ocurrió a él y a su partido, el político más popular del país, y su imagen va en aumento en los últimos meses. Por eso su futuro no tiene grises. Está entre la cárcel y un regreso triunfal a la presidencia.

El juez federal Sérgio Moro (Nicolás Stulberg)
El juez federal Sérgio Moro (Nicolás Stulberg)

La estrella de la política brasileña

"Cuando dejó la Presidencia de La República, Lula tenía uno de los más altos índices de aprobación, no sólo en Latinoamérica, sino en todo el mundo democrático. El país estaba en un período de crecimiento económico muy importante, con bajo desempleo y suba de los ingresos medios de la población. A eso se sumaba la disminución de la desigualdad social. Así que muchos todavía lo ven como un gran presidente, en especial al norte del país y entre las clases más bajas", dijo a Infobae el abogado Gustavo Giora, doctor en ciencia política y profesor de la Universidad Federal da Fronteira Sul.

La memoria y las estadísticas están de su lado. Poco le importa al votante medio si la notable mejora en la calidad de vida que se registró durante su administración se debió a sus políticas o a un contexto económico nunca antes visto a nivel regional. Tampoco si esa bonanza era sostenible en el tiempo.

"Durante los gobierno de Lula la economía creció a un ritmo de 4% anual, 36 millones de personas salieron de la pobreza, una reducción de más del 50% en relación al gobierno anterior, y bajó un 75% en el número de personas en la extrema pobreza. Todo eso le dio a Lula un capital político enorme, que compensa el desgaste que viene sufriendo por las acusaciones de corrupción", explicó Fernando Guarnieri, investigador del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, consultado por Infobae.

Lula, declarando ante el juez moro
Lula, declarando ante el juez moro

Lula tiene un 30% de intención de voto para las elecciones presidenciales de 2018, según una encuesta difundida a principios de mayo por Datafolha. Su competidor inmediato, el militar retirado Jair Bolsonaro, del Partido Social Cristiano, aparece con apenas 15 por ciento. Tercera está la ex candidata presidencial Marina Silva, con 14%, y recién en cuarto lugar está Aécio Neves, del PSDB, que suma sólo 8%, una espectacular caída respecto del segundo lugar que obtuvo con el 33% de los votos en las elecciones de 2014. Lula creció cinco puntos en relación a diciembre, y su popularidad sube al 38% entre los menos escolarizados, y al 39% entre los más pobres. En las regiones del Nordeste alcanza el 50 por ciento.

"La izquierda construye una imagen del ex presidente como un mártir del pueblo contra las élites capitalistas y del aparato de Estado —dijo Giora—. Ideológica y electoralmente no tiene alternativa, pues no dispone de otro candidato con una mínima posibilidad en su campo, y debe proteger a su gran y único prócer. Por su lado, los conservadores no tienen ningún candidato viable de dentro del establishment, razón por la cual Lula todavía no tiene, por ahora, oponente claro en las encuestas".

La única desventaja que tiene Da Silva es que el 45% de la población lo rechaza y dice que nunca lo votaría. Por eso podría perder en una hipotética segunda vuelta. Según Datafolha derrotaría a Bolsonaro y a Neves, pero perdería por 41 a 38% contra Silva, y por 42 a 40% ante el juez Moro, en el por ahora improbable caso de que el magistrado decidiera postularse.

"Si Lula fuera candidato, lo que dependerá de los próximos capítulos de la operación Lava Jato, dos factores marcarían el tono de la campaña —dijo Guarnieri—: su habilidad para mostrarse a sí mismo y al PT como víctimas de persecución por parte de una elite 'demofóbica', y el desempeño del gobierno de Michel Temer. Si su retórica fuera convincente, y la popularidad del presidente continuara en baja, ganará las elecciones. Ése es el escenario más probable hoy".

Dilma Rousseff también habló en el acto junto a Lula (Reuters)
Dilma Rousseff también habló en el acto junto a Lula (Reuters)

Entre la cárcel y el Palacio del Planalto

Incertidumbre. Si bien la disputa electoral se presenta muy favorable a Lula, su situación judicial es muy delicada. Asumiendo que Moro lo encuentre culpable, todo dependerá de lo que resuelva el TRF4. Si ratificara la condena antes de los comicios del año próximo, quedaría automáticamente excluido. La Ley de Ficha Limpia impide que se postulen a la presidencia personas que tienen una condena de segunda instancia, por más que pueda pedir una nueva apelación.

"La sentencia de Moro se espera para el segundo semestre. Si fuera condenatoria, no se sabe si la apelación llegará a tiempo para confirmarla. Si Lula es candidato y gana las elecciones antes del fallo del TRF4, tendría la posibilidad de ser juzgado por un fuero privilegiado, el Supremo Tribunal Federal (STF)", dijo Preza Júnior.

Si fuera electo a tiempo, Da Silva podría llevarse un premio aún mayor. La jurisprudencia brasileña establece que cuando alguien accede a la presidencia, todas las causas penales que tiene abiertas quedan suspendidas durante el mandato, y recién cuando termina se pueden volver a juzgar. El STF podría eventualmente hacer una interpretación distinta de la ley y proseguir el proceso con Lula ya presidente, pero los antecedentes indican que no seguirá ese camino.

"La candidatura le sirve como un salvoconducto inmediato —dijo Giora—, porque la legislación brasileña impone que el presidente sólo puede ser procesado por crímenes de responsabilidad (o sea, cometidos durante el ejercicio y relacionados con el cargo). Así, una vez electo, muchos de los procesos quedarían automáticamente suspendidos, y los que continúen pasarían a la competencia del STF, con mayoría de jueces nombrados por Lula y Dilma".

Preza Júnior rechaza esa interpretación dominante de la ley, según la cual un mandatario no puede ser juzgado por delitos cometidos antes de asumir. "Creo que el STF debería tener el coraje de cambiar su jurisprudencia, interpretar la Constitución según principios republicanos y juzgar al presidente. Aunque muchos dirían que es un golpe, creo que el verdadero golpe se lo están dando al pueblo brasileño, que a través de estas estratagemas procesales puede asistir a un escenario de impunidad rara vez visto en la historia reciente de la humanidad".

LEA MÁS: