Después de casi diez años, Pity Álvarez volvió a Rosario y convirtió el Autódromo en un ritual de resistencia barrial. Entre generaciones cruzadas, canciones convertidas en himnos y una puesta cargada de símbolos, el ex líder de Viejas Locas e Intoxicados reconstruyó su vínculo con un público que lo sigue viendo como espejo de sus propias derrotas y supervivencias.