Adela Mancuso, monja de la parroquia Mamá Antula en Merlo, describe una realidad desoladora: la inseguridad y la droga se volvieron cotidianas. En un contexto de precariedad extrema, donde la gente pide préstamos para cargar la SUBE o comprar comida, la falta de respuestas por parte de las autoridades deja a los barrios librados a su suerte.