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A casi dos meses del doble terremoto, La Guaira intenta reconstruirse entre ruinas, carpas y el azote de las lluvias

Miles de personas que perdieron sus viviendas siguen instaladas en campamentos improvisados, donde enfrentan temperaturas superiores a los 30 grados y condiciones cada vez más precarias

Miles de damnificados viven en campamentos improvisados en Catia La Mar, donde las carpas funcionan como vivienda, escuela y lugar de trabajo (Europa Press)

Casi dos meses después de los terremotos del 24 de junio, miles de damnificados viven en campamentos improvisados en La Guaira, entre carpas, escuelas montadas bajo lonas, pérdidas materiales y el temor a nuevas lluvias. Una parte de los sobrevivientes todavía intenta rehacer su vida tras una tragedia que dejó hasta el momento casi 6.500 muertos y cerca de 20.000 personas sin vivienda en el estado venezolano más golpeado por los sismos.

La rutina volvió a abrirse paso entre los escombros, la maquinaria pesada y los refugios levantados en sectores de Catia La Mar, donde los afectados organizaron comedores comunitarios, duchas improvisadas, tanques para almacenar agua de cisternas y pequeños espacios para sostener actividades cotidianas. En esos campamentos, las carpas donadas tras la emergencia funcionan a la vez como vivienda, escuela, lugar de trabajo y punto de encuentro para familias que perdieron casi todo.

La emergencia no terminó con el paso de los días. A la destrucción causada por los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 se sumó en las últimas semanas la amenaza de nuevas lluvias, en momentos en que crecieron las alertas por el impacto que puede tener el fenómeno de El Niño sobre una población que ya vive en condiciones precarias. Un aguacero que cayó el sábado sobre Caracas y La Guaira volvió a exponer la fragilidad de los campamentos.

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En el campamento César Nieves, instalado en los alrededores de un estadio de béisbol de Catia La Mar, varios afectados informaron pérdidas de colchones y efectos personales por el ingreso de agua. Germán Machado, de 58 años, relató a EFE que la lluvia provocó momentos de angustia entre quienes todavía cargan con el trauma del terremoto.

La amenaza de nuevas lluvias y el impacto de El Niño agravan la emergencia tras los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 en La Guaira (Europa Press)

Después del temporal, el calor superior a 30°C secó parte de las calles y de los enseres mojados, aunque el episodio dejó en evidencia la vulnerabilidad de las carpas frente a otro evento climático.

La situación también afectó a la Escuela Urimare, un espacio de clases montado bajo toldos dentro del campamento. La lluvia rompió dos de las estructuras principales, derribó una lona e inundó el lugar. El agua dañó materiales escolares, cajas con cuadernos, libros, marcadores, lápices y bases de madera de pupitres, todos obtenidos por donaciones para mantener la enseñanza de más de 70 niños.

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Jazmín Urimare Ramírez, maestra y fundadora del colegio, contó que perdió insumos para sostener la actividad escolar en medio de la emergencia. Todavía el lunes parte del piso seguía mojado y decenas de personas trabajaban para rescatar materiales y acondicionar el lugar ante la posibilidad de otro aguacero. La expectativa en el campamento está puesta en la llegada de tablas para construir una tarima que proteja útiles y pertenencias, en una zona donde el agua corre con facilidad y todavía quedan rastros de barro arrastrado desde un cerro cercano.

Pese a ese escenario, buena parte de los damnificados rechaza trasladarse a los refugios temporales habilitados por el Gobierno. El temor a enfrentar condiciones peores pesa más que la opción de abandonar los campamentos. Entre los sobrevivientes se impone la idea de permanecer cerca de sus redes comunitarias y esperar allí una solución habitacional definitiva. Machado pidió que, cuando se concrete la entrega de viviendas prometidas por las autoridades, estas incluyan títulos de propiedad.

Muchos damnificados rechazan los refugios temporales del Gobierno y esperan una solución habitacional definitiva con títulos de propiedad (Captura de video)

La tragedia también dejó historias personales marcadas por la pérdida, las heridas y la supervivencia. Uno de esos casos es el de Adrián Troncoso, de 47 años, quien quedó atrapado bajo los escombros en la casa de su cuñada el mismo 24 de junio. Cuando recuperó la conciencia apenas pudo comprobar que una pared había caído sobre él y que parte de la estructura de la vivienda permanecía encima de su cuerpo.

Troncoso intentó ubicar a las otras cinco personas que estaban en la casa, entre ellas su hijo menor. Llamó a varios familiares, pero no obtuvo respuesta. Durante esos minutos evitó pronunciar el nombre de su hijo de 16 años por miedo a que tampoco contestara. Finalmente gritó y escuchó la respuesta de Andrés, que también estaba bajo los escombros. El joven le pidió que saliera de allí.

Con una pierna atrapada, Troncoso trató de liberarse hasta que consiguió soltarse, aunque en ese esfuerzo sufrió una lesión en el pie derecho. Entonces utilizó uno de los tirantes de la faja lumbar que llevaba puesta para improvisar un torniquete. Después tomó una tabla para incorporarse y avanzó como pudo entre los restos de la vivienda. Más tarde se tendió sobre una escalera, pidió ayuda y esperó asistencia en medio del caos.

Poco después apareció Yoidrian, otro de sus hijos, que preguntó por su abuela y su tía. Troncoso le respondió que habían muerto. De las personas que estaban en la vivienda, solo sobrevivieron él y Andrés. La esposa de Troncoso, Yoimara Vargas, llegó luego al lugar junto con un sobrino, que reunió vecinos para remover escombros y rescatar al adolescente.

El sobreviviente fue llevado primero a un hospital naval en La Guaira, donde constató que no había electricidad. Allí ingresaban heridos y muertos procedentes de las zonas afectadas por el terremoto. La familia decidió trasladarlo a otro centro en Caracas ante la situación del hospital inicial. El viaje ocurrió en una camioneta de un vecino y el trayecto agravó su dolor. Llegó a la capital alrededor de la una de la madrugada del 25 de junio, unas siete horas después del sismo. Un médico le informó que tenía la hemoglobina en seis, muy por debajo de los valores normales.

Adrián Troncoso sobrevivió atrapado bajo los escombros, rescató a su hijo Andrés y sufrió una grave lesión en el pie derecho tras el terremoto (REUTERS/Maxwell Briceno)

En los días siguientes, los médicos le amputaron la pierna por debajo de la rodilla. Desde entonces, Troncoso atraviesa un proceso de recuperación física y adaptación a una nueva rutina. Un taller ortopédico de Caracas asumió la donación de una prótesis y prevé acompañarlo en la rehabilitación una vez concluya la cicatrización y el fortalecimiento muscular con fisioterapia.

La pérdida familiar sigue abierta para él. Los cuerpos de su suegra, su cuñada, el novio de ella y una tía de su esposa fueron recuperados entre el 25 y 26 de junio. Troncoso no asistió al entierro porque estaba hospitalizado. Su intención, cuando pueda hacerlo, es visitar la tumba de su cuñada y despedirse con girasoles, las flores que más le gustaban.

(Con información de EFE)

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