Lo que durante meses circuló como un malestar interno dentro del chavismo, comenzó a expresarse públicamente con mensajes en redes sociales, artículos de opinión y manifestaciones públicas. Desde el 3 de enero, la palabra “traición” aparece con insistencia entre antiguos aliados de la revolución bolivariana, en medio de señalamientos contra el rumbo político del país y contra la presencia de factores extranjeros en decisiones estratégicas de Venezuela.
Las críticas han surgido con distintos tonos. Algunas, como las del conductor de La Hojilla, Mario Silva, acompañado de la ex ministra y diputada María Iris Varela Rangel han sido frontales. Otras, como la llamada “Declaración de Maracay” o los pronunciamientos de Elías Jaua Milano y el militar retirado Francisco Arias Cárdenas, han optado por un lenguaje menos directo. El punto común es evidente: el movimiento chavista, antes compacto bajo la figura de Hugo Chávez, atraviesa una etapa de fractura política.
Uno de los documentos que refleja esa tensión es la “Declaración de Maracay”, suscrita por 29 dirigentes y referentes del chavismo en el contexto del 28 de julio, fecha de nacimiento de Hugo Chávez. En el texto, los firmantes rechazan “de manera firme y categórica cualquier forma de tutelaje o dominación” sobre Venezuela y piden que el diálogo convocado para el 1 de agosto sea “coherente, honesto y transparente”.
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Aunque la mayoría de los suscriptores no ocupa cargos de alcance nacional, entre ellos figuran nombres conocidos del chavismo: Elías Jaua, la ex diputada Aurora Morales, el sociólogo y ex ministro Reinaldo Iturriza, el economista y diputado Tony Boza, la ex constituyente y ex directora del SAREN María Alejandra Castillo, el dirigente regional de Mérida y ex diputado Diógenes Andrade, el ex gobernador del estado Sucre Enrique Maestre y el abogado Fernando Rivero.
También aparecen profesionales, ex funcionarios y dirigentes de base como Jesús Álvarez, Karla Bolívar, Celso Márquez, Carmen Yasmira Saravia, Ildemaro Cobos, Cristian Medina, Francisco Hernández, Estela Orraiz, Miguel Mora, Walter Galindo, Eliezer Mora, Julio Millán, Luis Felipe del Moral, José Cabrera, Hedy Ramírez, Alfredo Berrueta, Juan Ramón Guzmán, Marvi Calvo, Orlando Sáenz, Jhonny Brito y Adriana Tariba.
El documento plantea la necesidad de articular una defensa de la Constitución, la soberanía y la independencia nacional. Además, reclama el control soberano de los recursos económicos provenientes de la venta de petróleo y otros activos venezolanos, hoy depositados en un fondo administrado por el gobierno de Estados Unidos.
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Frente al diálogo entre la Asamblea Nacional presidida por Jorge de Jesús Rodríguez Gómez y la Asamblea de 2015 encabezada por Dinorah Jaxilda Figuera Tovar, los firmantes piden un proceso de amplitud nacional, acordado “entre venezolanos, para venezolanos y por venezolanos”, sin injerencia extranjera. Para ellos, ese espacio debe abrir la puerta a una alternativa política y democrática frente a lo que describen como “situación de tutelaje”.
Finalmente, la Declaración hace un llamado a todos los “actores patrióticos” para fomentar una corriente de opinión “a favor de la independencia y los derechos” de los trabajadores con “mecanismos o plataformas de articulación y comunicación”, la organización de asambleas, encuentros y reuniones en todo el país.
Jaua apunta contra la presencia militar
Entre las voces más relevantes está la de Elías Jaua Milano, uno de los dirigentes históricos del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, organización que deriva en el MVR (Movimiento V República) y luego PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela).
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Jaua ocupó múltiples cargos desde 2001 hasta 2018: fue ministro de varias carteras, incluyendo la Secretaría de la Presidencia, Economía Comunal, Agricultura y Tierras, las Comunas y los Movimientos Sociales y finalmente de Educación, además de Canciller, presidente del FIDES (Fondo Intergubernamental para la Descentralización) e incluso vicepresidente Ejecutivo y diputado a la Asamblea Nacional. Está sancionado por Canadá, Unión Europea, Suiza, Panamá y prohibición de entrada a Colombia.
En un escrito reciente, Jaua advirtió que la situación venezolana se agrava por la presencia de fuerzas militares de Estados Unidos y por lo que calificó como el silencio de las “dirigencias políticas con vocería permisada, con representación y responsabilidades” institucionales. A su juicio, esos sectores parecen más interesados en “colaborar con el plan de colonización del gobierno de Trump” que en preservar la integridad y la dignidad de la República.
Sin mencionar directamente al gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, Jaua dirigió sus críticas contra la presencia de fuerzas militares y civiles estadounidenses en Venezuela. Denunció que aprovechando la “situación de catástrofe” ocurre el desembarco de tropas en La Guaira, la presencia de buques de guerra en las costas y la vulneración del espacio aéreo por drones, aviones y helicópteros.
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El ex ministro también cuestionó los anuncios de reconstrucción junto al gobierno de Israel y afirmó que el pueblo venezolano “no merece esta afrenta”. En su lectura, Estados Unidos ejerce una “administración colonial” sobre Venezuela al comercializar recursos nacionales y apropiarse de ingresos económicos que, sostuvo, deberían destinarse a la reconstrucción tras los terremotos del 24 de junio de 2026 y a la recuperación social del país.
Jaua calificó de “plan leonino y corrupto” el esquema de pago de la deuda externa y acusó a la administración Trump de vulnerar el derecho a la autodeterminación venezolana. También describió como “invasión militar” la operación Lanza del Sur y como “vil ataque misilístico” la Operación Resolución Absoluta del 3 de enero de 2026.
Ante el nuevo “diálogo”
Aunque directamente no aludió a la participación de Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello en conversaciones con Estados Unidos, el dirigente rechazó lo que considera la imposición de un modelo neoliberal y extractivista, con efectos económicos, sociales y ambientales para las mayorías venezolanas.
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Alerta sobre involucrar a Venezuela en el esquema de guerra geopolítica de Estados Unidos en el medio oriente, “con peligrosas consecuencias para nuestra seguridad como nación”.
Su planteamiento central es la conciencia “sobre la gravedad de la ocupación y sus consecuencias”, para así recuperar la autodeterminación política, institucional, legislativa y económica del país. Para ello, propuso exigir la salida de tropas militares y agentes de seguridad de Estados Unidos e Israel, así como el cese de operaciones militares extranjeras en el territorio venezolano.
Jaua además planteó la construcción de un modelo de desarrollo político, económico y social basado en la inclusión y la igualdad, acordado entre distintas corrientes de pensamiento. En su texto, rechazó la idea de que Venezuela solo pueda alcanzar bienestar bajo tutela o anexión de Estados Unidos, argumento que calificó como “falso de toda falsedad”.
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Alerta que lo que llama “administración colonial solo establecerá enclaves de extracción petrolera y minera”, que no tendrá saldos económicos para la nación, “sin límites en la violación a los derechos del pueblo venezolano, y con una atroz destrucción ambiental”.
También alertó sobre un eventual proceso de gentrificación y desplazamiento de habitantes en La Guaira, una de las zonas más golpeadas por los terremotos, para dar paso, según su denuncia, a proyectos inmobiliarios, portuarios, aeroportuarios y turísticos vinculados a intereses del gobierno estadounidense.
La postura de Jaua llama la atención por su trayectoria dentro del chavismo y por el contraste con su silencio anterior ante denuncias de sectores opositores, incluida la acusación de fraude electoral contra Nicolás Maduro en 2024. Ahora sostiene que los venezolanos deben construir un acuerdo nacional que permita recuperar la República y demostrar que es posible levantar una sociedad democrática con igualdad, justicia y dignidad.
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