La rutina de lavado suele concentrarse en la ropa de uso diario, pero siete textiles del hogar también requieren una limpieza periódica.
La frecuencia debe ajustarse a su uso, a la suciedad visible y, ante todo, a las indicaciones de cuidado de cada pieza.
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1. Los protectores de colchón acumulan humedad bajo las sábanas
El protector o acolchado del colchón queda cubierto por las sábanas y por eso puede pasar inadvertido. Sin embargo, está expuesto al sudor, aceites corporales y derrames que atraviesan la ropa de cama.
Una pauta práctica es lavarlo al menos una vez al mes y adelantar el lavado tras un accidente, una mancha o si los animales domésticos suben a la cama.
Antes de elegir el ciclo, conviene revisar la etiqueta: la Organización Internacional de Normalización (ISO) establece símbolos internacionales para comunicar los cuidados textiles.
2. Las fundas removibles de los muebles también se pueden lavar
Las cubiertas de sofás y sillones reciben contacto frecuente de manos, ropa y mascotas. Retirarlas para lavarlas permite atender esa superficie sin intervenir el relleno o la estructura del mueble.
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La posibilidad de hacerlo en lavarropas, la temperatura y el secado dependen de la composición del tejido y de las instrucciones del fabricante.
Si hubo una persona enferma en casa, no se debe sacudir el textil antes de tratarlo: la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda evitar esa práctica con ropa de cama y prendas potencialmente contaminadas.
3. Los almohadones decorativos requieren atención más allá de su funda
Los almohadones de salas y dormitorios se desplazan de un lugar a otro y se manipulan con regularidad. Sus fundas suelen poder separarse del relleno, aunque no todos los rellenos admiten el mismo método de lavado.
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Una referencia útil es limpiarlos cada 3 a 6 meses y hacerlo antes cuando hay niños, mascotas, manchas u olor persistente. El programa elegido debe ser compatible con el material; conservar la etiqueta ayuda a evitar encogimientos, decoloración o deformaciones.
4. Las faldas de cama juntan pelusa y restos cerca del suelo
La tela que rodea la base de la cama rara vez se ve al cambiar las sábanas, aunque permanece próxima al piso y puede retener pelusa y residuos. Lavarlas cada 3 a 6 meses permite incorporarlas a una rutina de textiles del dormitorio.
Es conveniente retirar primero el polvo suelto y confirmar si la pieza admite lavado mecánico. Cuando el tejido requiere lavado a mano o limpieza especializada, la etiqueta debe prevalecer sobre cualquier calendario general.
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5. Las cortinas retienen polvo y pelo en los ambientes
Las cortinas están expuestas a partículas presentes en el aire, así como a polvo y pelo. Para las de zonas de uso intenso, puede considerarse una limpieza trimestral; en otras habitaciones, una frecuencia anual puede ser suficiente.
Antes de desmontarlas, hay que verificar la etiqueta y el sistema de sujeción. Las piezas que no admiten lavadora pueden requerir aspirado o limpieza indicada para su tipo de fibra, sin aplicar una técnica que el material no autorice.
6. Los edredones necesitan lavado aunque tengan cubierta
Una funda exterior reduce el contacto directo, pero no elimina por completo la exposición del edredón al sudor, aceites corporales y polvo. Si se usa con cubierta, puede lavarse aproximadamente cada 3 meses; si se emplea sin ella, la frecuencia puede aumentar hasta cada dos semanas.
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Por su volumen, es importante comprobar la capacidad del tambor y seguir las instrucciones de secado. La OMS señala que, en contextos de atención de personas enfermas, las prendas y textiles deben secarse por completo tras el lavado.
7. Las agarraderas de cocina entran en contacto con residuos de alimentos
Las agarraderas y guantes de tela protegen las manos del calor, pero pueden ensuciarse por el contacto con superficies y recipientes de cocina. Lavarlos una vez por semana o cuando presenten suciedad visible permite incorporarlos a la higiene habitual del área.
Deben limpiarse tanto la cara externa como la interna, si la tienen. Antes de reutilizarlos, hay que asegurarse de que estén totalmente secos y conservar su capacidad de aislamiento térmico.
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Para todos estos objetos, el criterio central es combinar la frecuencia sugerida con el estado real del textil y su etiqueta de cuidado. En situaciones de enfermedad en el hogar, la OMS recomienda lavar los artículos por separado, no sacudirlos y usar agua tibia o caliente con detergente, según las posibilidades y el material.
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